Por Álvaro Pino / X (Twitter): @alvaropinlles

La fundación María Cristina Masaveu Peterson muestra 100 obras jamás vistas antes, explorando temas como la identidad, la nostalgia y la resistencia, presentando una mirada profunda sobre quiénes somos y hacia dónde vamos.

Madrid se convierte en el epicentro del arte nacional dando una visión general de los grandes pioneros artísticos de nuestra nación con la exposición Arte español del siglo xx. De Picasso a Barceló, donde aparecen artistas como Picasso, Juan Gris, Salvador Dalí y Miquel Barceló. La muestra convoca a un pasaje por el tiempo de una manera atemporal pero que, a su vez, sigue cierta cronología entre sus obras. De este modo, se crea una apertura a lo contemporáneo mientras se mantiene cierta autonomía de pensamiento.

El comisariado de la exposición está a cargo de María Dolores Jiménez-Blanco, profesora de Historia del Arte de la Universidad Complutense de Madrid. La exposición contiene unas 100 obras nunca mostradas anteriormente que se estructuran en distintas secciones, las cuales definen un recorrido completo del arte español del siglo pasado. 

La gran mayoría de las obras forman parte de la colección de Pedro Masaveu Peterson, pudiendo ser expuestas gracias a la Fundación María Cristina Masaveu Peterson. La exposición se completa gracias a los fondos de la colección de la propia fundación y de la colección personal de Fernando Masaveu, presidente de la misma. 

El pasaje comienza con la muestra de obras con un importante significado en la narrativa histórica del coleccionismo de arte moderno en España. Concretamente obras de Juan Gris, Pablo Picasso, María Blanchard y Julio González. Estas obras, ausentes de las colecciones españolas tanto públicas como privadas durante un período del siglo XX, pudieron ser recuperadas por parte de las instituciones culturales democráticas, otorgándole cierto carácter reivindicativo. 
En la primera etapa del transcurso se aprecia de forma destacada la presencia de Picasso, con su obra Tête (Personnage) o Cabeza (Personajel) (1926). En este óleo, Picasso pinta una cabeza dividida en dos rostros, destacando así la dualidad masculino-femenino. La compra de esta obra, que había sido propiedad de Marina Picasso, representó una de las adquisiciones más significativas realizadas en el mercado internacional del arte en el año 1989.

Pablo Picasso, Tête (Personnage) [Cabeza (personaje)], 1926

A pesar de la gran presencia de Pablo Picasso, cabe destacar la siguiente obra: Le violin (1913) de Juan Gris. Esta obra, realizada durante la Primera Guerra Mundial, muestra claramente cómo Gris aporta al cubismo una geometría más ordenada y controlada, sin dejar de lado su interés por las texturas y las sombras. El proceso artístico de Gris se hace evidente, de lo figurativo y a lo abstracto, manteniendo el objeto de forma reconocible, pero desde una perspectiva que permite verlo de distintos ángulos. Juan Gris es imprescindible para entender la creación del cubismo en todas sus formas.

La siguiente sección se centra en la nostalgia y los temores considerados como otros caminos a la modernidad. Durante esta etapa, el arte español demostraba cierta preocupación por una posible desaparición de la conexión entre la humanidad y la naturaleza debido al auge de las zonas urbanas. Comenzaron a exaltar la armonía entre mujer y entorno, mostrando un paisaje fértil y equilibrado. Sin embargo, lo urbano aparece en el arte como un entorno oscuro donde la figura femenina refleja sufrimiento y aislamiento.

Ejemplo de esta sección sería Mi mujer y mis hijas en el jardín (1910) de Joaquín Sorolla.  La obra retrata un momento íntimo con su esposa e hijas en un espacio natural, simbolizando la unión familiar y el aprecio que sentía por ellas. Mediante la luz clara y colores suaves, Sorolla captura la armonía y la paz de su vida familiar, reflejando su estima por las situaciones cotidianas y la belleza de la naturaleza.

Joaquín Sorolla, Mi mujer y mis hijas en el jardín, 1910

El siguiente punto del recorrido se centra en la abstracción geométrica. Esta surge a mediados de la década de 1950 y especialmente en la de 1960, se desarrolla en España una nueva tendencia artística caracterizada por la abstracción geométrica. Esta tendencia surge como una respuesta a la anterior forma de arte conocida como abstracción informalista, que se centraba en expresar emociones y sentimientos de manera libre y espontánea. 

En esta sección se ubican obras del Equipo 57 como Campos Mello (1960). Aquí se aprecia que la abstracción geométrica es fruto de un trabajo basado en el análisis sistemático de la interacción de las formas y producción colectiva.

Siguiendo el recorrido, nos vamos aproximando al final del itinerario. En este punto nos encontramos con Miquel Barceló. Durante sus primeros trabajos con objetos naturales, dejó una gran influencia en su estilo y en su visión artística. Más adelante, comenzó a incluir objetos reales en sus naturalezas muertas, dándoles una textura y presencia muy marcadas. Finalmente, se vio influenciado por diversas culturas africanas, especialmente por la luz de Mali y las duras realidades de la vida cotidiana que se vivían en el continente. 

Una gran parte de su arte se muestra en la obra  Issa Beri  (1991). La pieza refleja su relación con la cultura africana y su experiencia durante su estancia en Mali. Llama la atención el uso de las texturas y colores vibrantes que provocan la luz del paisaje africano. Además, reflexiona sobre la relación entre el ser humano y la naturaleza, mostrando cómo estas influencias han enriquecido su arte.

Miquel Barceló, Issa Beri, 1991

En el último espacio, llegamos a finales del siglo XX, etapa en la que el arte comenzó a cuestionar profundamente su propio significado y el simbolismo interior de sus formas. Muchas obras exploraron cómo la luz y el tiempo se solapan, creando una relación entre lo que desaparece en el tiempo y lo que permanece. Se mezclaron imágenes, arquitectura y escultura para ofrecer experiencias mucho más sensoriales llenas de significados internos. Fueron de gran influencia temas como la crisis del sida, convirtiéndose en poderosos símbolos de sufrimiento y resistencia. Además, la figura humana fue representada de manera simbólica y frágil, reflejando las adversidades de la vida y nuestra esencia como seres humanos.

Una de las composiciones del espacio final es de Pepe Espaliú, creada en 1992 mediante el uso de cuerda y bronce. Esta obra sin nombre es un claro ejemplo del papel que tuvo el activismo en el arte durante las últimas décadas del siglo. La enfermedad del sida que devastó parte de la cultura de los años ochenta y noventa se encuentra muy presente en la pieza de Espaliú. Por lo tanto, a causa de los efectos de la enfermedad se plantean problemas de ámbito social y político más amplios, como la marginación.

Pepe Espaliú, sin título, 1992

La exposición recorre el arte como forma de identidad y transformación, desde la ruptura con la naturaleza hasta la lucha social y existencial. Las obras, de Picasso a Barceló, expresan la relación entre historia y modernidad, mostrando la búsqueda conjunta de significado y resiliencia en España. Un trayecto no muy concurrido que te muestra una vista general de nuestro arte del siglo XX.

Datos de interés:

  • Lugar: Fundación Maria Crisitina Masveu Peterson 
  • Dirección: Calle de Alcalá Galiano, 6
  • Web: http://fundacioncristinamasaveu.com 
  • Fechas: 9 de octubre al 20 de julio de 2025
  • Transporte: autobús: 21, 27, 45, 5 y 9 / metro: Línea 4, 5 y 10 / cercanías: C1, C2 y C10 Recoletos 
  • Precio: Gratuito
  • Horario: Martes a sábados: 11:00 – 20:00 / Domingos: 10:00 – 15:00 / Lunes cerrado