Por Paloma ÁLVAREZ @palomalvarezrod
Si algo definiría la obra del francés Edgar Degas (1834-1917) y la consagraría para la posteridad serían las múltiples obras que dedicó a las bailarinas.

Degas, junto con Manet, fue uno de los precursores del impresionismo, si bien su obra no puede adcribirse únicamente a este estilo. A Degas, lejos de interesarle los temas al aire libre, que fueron sin embargo leit motiv de otros como Monet o Pizarro, le cautivan los seres humanos, el retrato, captar la fugacidad del movimiento y la anatomía humanos. Sus primeras obras, como La familia Bellelli (1958-1960) o Jóvenes espartanas provocan a los muchachos (1860), avanzan poco la pasión que la orquesta y la danza despertarían en él años después.

La clase de danza, 1871

El foyer de la ópera, 1872
Será en 1868, cuando vive en el barrio parisino de Montmartre y frecuenta la ópera, cuando su interés por la orquesta y las bailarinas se convertirá en uno de los motivos preferidos de sus obras. Retratará incansablemente a las danzadoras, desde el escenario, a vista del espectador o en los ensayos.

Examen de danza, 1874

La repetición, 1874

El profesor de ballet, 1876

La estrella, 1877
Degas pudo deambular con libertad por el interior de la ópera y conocer de primera mano el backstage de las bailarinas. Observó cada gesto de las jóvenes, cómo descansaban, cómo ensayaban cada movimiento antes de la función, cómo se vestían y ataban el calzado hasta conseguir plasmar en sus obras la más lograda realidad, los movimientos técnicos y los gestos, la fugacidad y grandiosidad de cada actuación de danza, en el escenario y detrás de él, grangeándose su apodo en la Historia del Arte Comtemporáneo: El pintor de bailarinas.

Bailarinas en la barra, 1877

Bailarinas en Old Opera House, 1877

Escena de ballet, 1878

En el escenario, 1880

La lección de ballet, 1881

Bailarinas, 1883

Bailarina extenuada, 1882-85

Bailarinas entre bastidores, 1897

Cuatro bailarinas, 1903
Sin embargo, la obra del francés no se refirió exclusivamente al tema de las bailarinas. Edgar Degas pintó otros muchos cuadros con diferentes temáticas, donde destaca en primer lugar su afición por las carreras de caballos, temática que es una novedad entre los pintores de la época. Degas no suele mostrar los animales al galope, sino que prefiere presentar la escena: el caballo en contraste con el bullicio del público, los jinetes o la propia carrera al fondo eclipasada por una escena más íntima.

El desfile, 1866-68

Carreras en provincias, 1872

Antes de empezar, 1875-78

Jockeys y aficionados en un carruaje, 1877-80
En la última etapa de su pintura, Edgar Degas se interesa por nuevos asuntos, que nada tienen que ver con las carreras de caballos ni con sus adoradas bailarinas. Comienza a retratar a las mujeres en sus quehaceres, trabajando: escenas cotidianas y alejadas de la delicadeza de la que rebosaban sus anteriores personajes:

Las planchadoras, 1884
Las mujeres aparecen reiteradamente en esta última etapa de Degas. En la última exposición impresionista de 1886, el pintor expuso una serie de desnudos femeninos durante su aseo personal, son las conocidas toilettes. Estas obras generaron mucha polémica por su temática, que era considerada vulgar, y por la forma en que Degas presentó a las mujeres desnudas, alejándose de la concepción tradicional.

Mujer limpiando la tina, 1886

Mujer peinándose, 1885

Mujer sentada peinándose, 1887-90
Para saber más:
GROWE, Bernd (2001). Edgar Degas. Colonia, Taschen Benedikt.

