Por Christian CASELLES @ChristianCV_109
En los presentes días y hasta el 27 de Mayo, el Museo Thyssen-Bornemisza en colaboración con el Museo Sorolla, acoge entre sus muros la exposición “Sorolla y la moda”, inaugurada el pasado 13 de febrero. Cerca de setenta obras del genio valenciano procedentes de museos y colecciones privadas tanto nacionales como internacionales, obras inéditas nunca antes mostradas al público, son expuestas acompañadas de otro arte un tanto especial, el de la moda.
La muestra, coordinada por la relevante figura de Eloy Martínez de la Pera, comisario profesional de proyectos en los ámbitos de la gestión cultural, rinde especial homenaje a los retratos de figuras femeninas realizados por Sorolla entre 1890 y 1920, retratos cuya originalidad brota de la inspiración del artista por el mundo del tejido. Vestidos y complementos lucen junto a los cuadros del artista, creando un conjunto visual delicado y elegante, compendio de las inquietudes y la pasión del artista por la moda, su musa particular.
El Autor: Joaquín Sorolla y Bastida

Joaquín Sorolla y Bastida (Valencia 1863 – Cercedilla 1923), al que llamaran el pintor de la luz, dotado de un don tan particular como el de convertir la moda en arte, transformar el arte en moda, y ambos en un reflejo fiel de las tendencias estilísticas cambiantes en la transición del siglo XIX al siglo XX, marca un estilo particular influenciado por el impresionismo francés. A golpe de pincelada suelta y una negación al color negro en las sombras y el contorno, convierte la luz en su gran aliado en la composición, un elemento cuyo tratamiento se centra en las figuras humanas y tejidos. Un luminismo que se fusiona con el mundo de la moda trasladando al espectador a una escena que desvela las tendencias y estilos del siglo.
La curiosa fascinación que sentía Sorolla por la moda, aflora cuando contrae matrimonio con Clotilde García, mujer de clase acomodada, que permitió a Sorolla acceder a la élite burguesa española que convertirá en la protagonista de sus obras, incluso ejerciendo como retratista de la monarquía. La importancia de Clotilde en la obra del artista es esencial, pues se convertirá en la musa del pintor y la mayor parte de sus retratos representarán a su mujer en un ámbito familiar simbolizando la elegancia de la indumentaria burguesa. Este ámbito familiar de sus cuadros, no era sino un reflejo de la propia de vida de Sorolla, un hombre muy familiar y sencillo, enamorado del arte y de su esposa, incluso en una de sus célebre cartas dejó constancia de ello: “Pintarte y amarte, eso es todo. ¿Te parece poco?”. Así pues, Clotilde aparece como prototipo de la mujer delicada y de alta clase que finales del siglo XIX y principios del XX.
Además de este ámbito tan íntimo y familiar que recrea el artista en su obra, junto a ese ámbito más social y descriptivo de la sociedad de la época a través de su vestimenta, es menester destacar la etapa de culminación del artista con aquellas obras que le caracterizan por antonomasia como el gran pintor de la temática marina mediterránea, aquellos cuadros con pincelada suelta que captan la luz en el momento exacto buscando su síntesis con el movimiento de los vestidos y el agua.
Arte y elegancia: La exposición

Desde el momento en que traspasa la puerta que separa la recepción del mundo artístico, el espectador se siente impregnado de la elegancia y la personalidad de lo que se antepone a su mirada: historia, arte y moda. Una vez cruza esa línea, el espectador se traslada a otro momento, otra época, el mundo del óleo, pero también el de la seda, el algodón y el tafetán, el mundo de los colores, de las formas, esto es, el mundo de la belleza. La originalidad de la exposición radica, además de por su propio contenido inédito, en la propia experiencia del espectador al cruzar la moqueta que simula una pasarela, un pasillo que traza un círculo a través de varias salas que sitúa al espectador en el centro de todo, un camino cuyos bordes están repletos de miradas burguesas y telas que captan tu atención. La exposición a través de este singular recorrido, presenta lasdiferentes visiones del artista valenciano, y por ende, las diferentes temáticas y tendencias que presenta en su obra, pues irá desde lo más íntimo y familiar, a aquello más ajeno y público. Diferentes etapas que podemos apreciar mediante la variedad y el estilo de las telas que se exhiben, así como por su evolución en los lienzos.

La primera parte de la exposición se centra en aquellos cuadros más íntimos y personales del pintor en los que refleja a su familia, en concreto a su musa, su mujer Clotilde luciendo vigorosos vestidos influidos por la moda de París con grandes faldones, mangas largas y complementos como joyas, abanicos, guantes de seda o grandes sombreros de estilo burgués. El dominio del negro es absoluto, como color representativo de la elegancia. Esto se puede ver en cuadros como Clotilde con traje negro (1910), o Clotilde con traje de noche (1910), una obra bastante llamativa puesto que muestra a la mujer del pintor con un largo vestido negro de seda y tafetán, el cabello recogido y sujeto por una rosa azulada y una especie de corpiño de transparencias que se asemeja mucho a los vestidos flamencos regionales de Andalucía.
En 1881, Sorolla viaja a Madrid, donde visitará el Museo de El Prado quedando fascinado por la pintura de Velázquez y otros genios de su época. Desde este instante, comenzará a estudiar la obra de estos autores,cuya influencia plasmará en muchos de sus cuadros. Mi familia (1901) es un cuadro que seduce al espectador no sólo por la elegancia de la composición y la vivacidad de sus colores, sino por su simbolismo. Se trata de una escena familiar en la que los personajes, su mujer Clotilde y sus hijos María, Joaquín y Elena, posan evocando una composición que recuerda a Las Meninas (1656) de Velázquez. La reminiscencia a la obra de Velázquez se refleja en dos pequeños detalles, pero llamativos a la vista del espectador; por un lado, la posición en el centro de la composición de la pequeña Elena, su hija menor, luciendo un vestido blanco donde Sorolla aplica ese juego con la luz que tanto le caracteriza, haciendo que el vestido irradie de tal manera que sea inevitable mirarlo, al igual que hizo Velázquez con la Infanta Margarita; por otro lado, la propia presencia de Sorolla en la obra dónde se retrata a través del espejo, como hiciera Velázquez en Las Meninas.

Continuando el recorrido por la galería, el espectador se sitúa ante una nueva visión del pintor, el retrato de la sociedad burguesa dominante entre finales del XIX y principios del XX, dónde apela sobre todo a la figura femenina. A través de estas pinturas y sus respectivas prendas, el espectador asiste un “armario” de altas costuras, comenzando por el retrato de un joven Alfonso XIII (Retrato de rey Alfonso XIII, 1907), donde el miembro de la realeza aparece con el uniforme de gala de teniente coronel de húsares de Pavía con faja de capitán general, pintado en los jardines de La Granja. En esta parte de la exposición de vigorosos retratos, la dimensión del trabajo de Sorolla asciende a un nivel superior de reconocimiento, pues se convierte en un pintor de la realeza, en el cronista de la pujante vida burguesa española inmersa en sus nuevos hábitos de ocio. Vestidos pomposos y recargados que lucen las damas de la alta alcurnia, en obras marcadas por elementos muy españoles, como es el caso de la mantilla a modo de elegante tocado que nos muestra la señora Urcola en el Retrato de la señora Urcola con mantilla negra (1909). Asimismo, el espectador podrá apreciar el juego constante de las formas de los vestidos y la luz, de tal manera que Sorolla, refleja a la perfección y de manera realista la complejidad de los pliegues de los vestidos en el óleo, vestidos con texturas únicas.
Retrato de María Luisa Martínez de Tejada (1907), Retrato de doña María de Allende (1905) o Retrato de la condesa de Santiago (1894) son ejemplos claros de esta forma de trabajar las telas con la luz, una simbiosis que rescata cierta influencia del estilo rococó parisino, con la elegancia de elementos españoles, evocando un arte que fantasea con el ideal de belleza.
Las siguientes salas que aguardan al espectador atesoran la elegancia veraniega, las obras icónicas de la luz mediterránea. En 1894, Sorolla vuelve a París entrando en contacto con las vanguardias que estaban naciendo en busca de lo novedoso, y embebido por las mismas, desarrolla el luminismo, un estilo pictórico cuya sello característico es el enfoque de la luz y su combinación con escenas de la vida mediterránea. Este tramo de la exposición es la esencia de Sorolla, el reclamo principal del espectador donde conviven el tipo de composiciones más famosas del autor, junto con los trajes, creando una armonía para el visitante, que se deja llevar por el blanco luminoso que le rodea, sintiendo la calidez de la costa Mediterránea.

El primer personaje que dará la bienvenida al espectador será Antonio García en la playa (1909), una composición muy sorollesca con un hombre acomodado en una silla en la orilla de una playa que viste con un traje completamente blanco y un sombrero de paja.En esta etapa la importancia de las representaciones se centra en el uso de la luz y por ende la sombra, que nunca será negra como en otros autores, sino que tendrá tonos violáceos y amarillentos. Una de las obras más importantes del artista es Clotilde en la playa (1904), prototipo de composición de Sorolla: una figura femenina en la playa, vestida de blanco de arriba abajo y sosteniendo una sombrilla, captando el instante exacto en que incide la luz en la escena.
![IMG_20180310_202309[5374]](https://arteneaucm.com/wp-content/uploads/2018/04/img_20180310_2023095374.jpg?w=390&h=293)
La evolución de Sorolla en esta sección de la galería es radical, ya no abundan los retratos lujosos, sino las escenas con un nuevo encuadre y sobre todo, una pincelada más suelta y dispersa. Ya no hay un rostro del personaje nítido y definido, pues como plasma en Instantánea, Biarritz (1906), las caras se difuminan cediendo toda la importancia al efecto mágico que provoca la luz, haciendo gala de una perspectiva original, a modo de vista de pájaro. Los vestidos pesados, negros, llenos de lentejuelas y ornamentos se transforman radicalmente en ligeros vestidos blancos de seda que el pintor deja volar al viento en sus cuadros. De esta manera, los cuadros son más etéreos y se centran en la importancia del el mar, la arena y la luz mediterránea.
El París de la Belle Èpoque y la vida moderna en España
La exposición culmina con una crónica visual de la importancia que tuvo París en la vida moderna, y por consiguiente, en Sorolla. Alberga una muestra interesante, en la que el pintor no estará solo, sino que estará acompañado por varias piezas del también pintor español Mariano Fortuny, y otras de artistas como Martha Susan Baker, Madeleine Vionnet y Paul Poiret. Esta parte final del museo, deja entrever al espectador las claras influencias de la vida parisina en el arte, que aglutinaba un nuevo ambiente bohemio desarrollaba en los cafés y teatros de la capital francesa y pronto sería advertida por los grandes artistas. El Vestido Delphos (1920) de Mariano Fortuny, hecho de tafetán de seda y cristal de Murano, se consolida como una de las piezas más llamativas de la exposición. De corte largo y estilo griego, irradia un color azul indescriptible construyendo un diseño atrevido.
Este avance hacia la sociedad moderna impregnará los cuadros de Sorolla de un aire bohemio, en que el retrato vuelve a ser el protagonista. La reina Victoria Eugenia en el palco del Teatro Real (1918), es un buen ejemplo de ello: Victoria Eugenia ataviada con un vestido, de nuevo negro, y que por primera vez a lo largo de la exposición, haciendo gala de cierta osadía, muestra la ausencia de mangas u hombreras, dejando paso a los tirantes. Asimismo, la reina, se encuentra en el teatro, una de las nuevas actividades inherentes a la sociedad moderna que se estaba gestando. Otra de las obras magistrales a destacar es Elena con túnica amarilla (1909), donde la primacía de los valores de elegancia, modernidad y belleza propios de los retratos femeninos sorollescos siguen la línea estética de la bohemia parisina combinada con esa esencia del autor con el uso de la pincelada suelta y cálida en el vestido, que con el efecto lumínico consigue mostrar el movimiento corporal. Así pues, tela y cuerpo se fusionan creando una figura femenina cargada de realismo y feminidad por encima de todo.
![IMG_20180310_202932[5391]](https://arteneaucm.com/wp-content/uploads/2018/04/img_20180310_2029325391.jpg?w=631&h=842)
Finalmente, el recorrido de óleos y sedas culmina en un pequeño espacio rectangular, donde una gran pantalla muestra una filmación en blanco y negro de las grandes ciudades del mundo donde se desplegó esta nueva vida moderna en todos los ámbitos de la sociedad, un material audiovisual muy interactivo para el espectador, ya que complementa a esa visión de la sociedad que construye a través de los cuadros y los trajes a lo largo de toda la exposición. París, Madrid, Londres o Nueva York son algunas de estas ciudades, en que discurren escenas de la vida cotidiana de los ciudadanos, donde el enfoque se centra en las modas que siguen las mujeres y hombres de la época, mostrando una visión de las tendencias que se dan en cada país como resultado de esta nueva Belle Époque.
A las paredes de esta coqueta sala de cine, hay adosadas varias vidrieras que esconden un tesoro digno de ver: las cartas inéditas que Joaquín Sorolla enviara a su mujer durante sus viajes, plagadas de añoranza y confidencias, así como los propios bocetos a lápiz que el autor realizaba de los individuos en momentos de ocio revelando un esfuerzo intelectual por retratar la sociedad moderna. Ejemplo de ello son Apuntes de figuras en un café (1911), Estudio de mujeres (1911) o Estudio de hombres en una biblioteca (1911), bocetos detallados cuyo fin era reflejar el ambiente social moderno, otorgando una importancia vital a la moda, esto es, la indumentaria de las distintas clases sociales, las tendencias de la época.

Joaquín Sorolla, el gran pintor del luminismo del siglo XIX, y uno de los grandes artistas que forman parte del Olimpo de la pintura española, nos da la oportunidad de disfrutar de su legado, de lo que fue su vida, la pintura. En una ocasión le reveló a su esposa Clotilde en una carta “Tengo un hambre por pintar como nunca he sentido, me lo trago, me desbordo, es ya una locura”, palabras de un genio, que reflejan la pasión que sentía por aquello que hacía, aquello que a través de “Sorolla y la moda” podemos apreciar.
Una exposición coqueta que desborda elegancia y huele a historia, donde la pintura no es la única protagonista, sino también la moda. No solo el amante del óleo podrá disfrutar de la muestra, también el amante de la moda podrá curiosear las variedad de telas que se exponen, con una amplia gama de estilos, colores y materiales, pero únicos. Muchas de las obras que se exhiben pertenecen a colecciones privadas y nunca antes han salido de los muros de sus propietarios por lo que la oportunidad es idónea para todos aquellos que quieran disfrutar de la pincelada de Sorolla, del retrato social de una época, a través de la moda, una manera original y novedosa a la vez, dos artes unidas en una misma, la simbiosis perfecta de la esencia del pintor.
Al igual que los grandes relatos literarios, la exposición nos permite ser testigos de un tiempo pasado, situarnos en otro escenario, recorriendo cada sala rodeados de piezas incomparables, haciendo un viaje por la sociedad del momento a través de los ojos del pintor valenciano. La decepción del espectador es improbable y el tedio imposible en “Sorolla y la moda”, pues hasta en los más renegados del arte surgiría el interés por el genio español. A golpe de luz, pinceladas sueltas y maestría en el uso del color, Sorolla nos abre la puerta a una visión que se desliza del preciosismo más íntimo, a la apacibilidad del paisaje marino mediterráneo más bello. “Sorolla y la moda”, el placer de un arte original.
DATOS ÚTILES
- Lugar: Museo Nacional Thyssen-Bornemisza
- Dirección: Paseo del Prado, 8, 28014 Madrid
- Web: https://www.museothyssen.org/
- Fechas: Del 13 de febrero al 27 de mayo de 2018
- Teléfono: 917 91 13 70
- Precio:
- Entrada individual
- Entrada general – 12 €
- Entrada reducida – 8 €
- Entrada gratuita (Amigos del Museo, menores de 18 años, titulares del Carnet Joven, desempleados con tarjeta acreditativa, ciudadanos con discapacidad superior al 33% con carnet acreditativo, pensionistas con carnet acreditativo, grupo familiar integrado por al menos un adulto y tres descendientes incluidos en el mismo título de familia numerosa, personal docente en activo
- Entrada de grupo
- Grupo (7 o más personas): 10€. Este tipo de entrada tiene una tarifa única, que no admite reducciones ni gratuidades
- Entrada individual
- Horario: Lunes cerrado, de Martes a Domingo (10:00 a 19:00), Sábado (10:00 a 21:00).

