Por Guillermo GÜEMES @GuillArtC
Vincent van Gogh (1853-1890) es el artista contemporáneo más representado en la gran pantalla. Su vida, familia y amistades han servido a los directores de cine para crear un icono incuestionable en la memoria colectiva de la cultura popular.

«Es pintor y lo será siempre. En su juventud, cuando nos transmite una Holanda oscura. Después, algo mayor, pintando con diferentes técnicas Montmartre y sus jardines. Finalmente, al plasmar el sur [de Francia] y Auvers-sur-Oise con sus pastosos y exaltados colores. No importa que dibuje o no, que se pierda en manchas cromáticas o en alteraciones de la forma: su calidad de pintor permanece siempre irreversible.»
Émile Bernard en el Mercure de France (1893).
El séptimo arte ha producido numerosos largometrajes dedicados a este artista atormentado a lo lardo de los años. La presencia de Vincent van Gogh en el cine suscita un interés más que notable en el público, ya sea como protagonista de la historia o situándolo en un segundo plano, como ocurre en Los sueños de Akira Kurosawa (1990) en donde una de las imágenes oníricas del director de cine está ambientada en el cuadro Trigal con cuervos (1890), con un Martin Scorsese en el papel del artista holandés.
Libros, series, documentales y exposiciones han ido agrandando la leyenda de este pintor, hasta convertirlo en un mito. El cine ha amplificado la figura, gracias a su magia y a la capacidad de trasladar al espectador la emotividad, la expresión y el sentimiento de la vida tormentosa del artista y la pintura vigorosa que nos legó. En estos films podemos encontrar historias, ficción y revisionismo. La historia del arte es una disciplina cambiante en el tiempo y gracias a los estudios crecientes sobre el autor vemos como el cine también ha evolucionado ofreciendo distintas interpretaciones de la vida del artista neerlandés.
Biopic y drama, la fórmula del éxito

Si un género cinematográfico ha calado para representar a un artista es la película biográfica, a este tipo de cine le suele acompañar un elemento: la dramatización. EL mejor ejemplar que podemos encontrar de este tipo es El loco del pelo rojo de 1956.
Dirigida por Vincente Minnelli es una excelente muestra de la vida de Van Gogh; en el camino que recrea Kirk Douglas -en el papel del artista- se puede ver cómo la ansiedad, el abandono y el fracaso son una constante. desde sus primeros días como pastor protestante hasta el momento de su muerte. Es interesante remarcar cómo se trata la enemistad del artista con Paul Gauguin (Anthony Quinn), siendo -junto a la etapa de formación y la incipiente locura de van Gogh- la trama principal de la historia.

El material que dejaron las cartas escritas entre Theo y Vincent van Gogh fueron la base para la película Vincent y Theo (1990) de Robert Altman. Dos figuras contrapuestas: Vincent es incomprendido y la soledad le acompaña en su trayecto; Theo se volcó a ayudar a su hermano mayor.
Un guion basado en la correspondencia mantenida entre ambos y en las más de ochocientas postales que se intercambiaron a lo largo de sus vidas. La película narra sus encuentros, desavenencias y las reconciliaciones de los hermanos hasta la muerte de Vincent.

En ocasiones, alguna parte determinante de la vida del artista se convierte en el objetivo de la película como ocurre en Van Gogh (1991) dirigida por Maurice Pialat. El film narra los últimos meses en la vida del artista y sus relaciones con su hermano, el médico Paul Gachet y las dificultades para relacionares con otras personas de su entorno debido a su deteriorado estado mental. En esta película se puede ver al artista más humano y alejado de las anécdotas y episodios que tanto atraen al cine. La escena en la que van Gogh se mutila la oreja no aparece, en cambio se pueden observar varios momentos en los que vemos al personaje expresando sus sentimientos y miedos.

De la misma manera que en la película anterior, en Vida y muerte de Van Gogh (1987) de Paul Cox, se trata la imagen del artista en los últimos momentos de su vida a través de las cartas que intercambiaba con su hermano Theo. La lectura de estas es acompañada de las obras que el artista realizó en su última etapa, una secuencia de imágenes cronológicas que muestran el estilo particular del pintor postimpresionista. En la cinta se expone a Vincent van Gogh como lo que era: un humano atormentado por la soledad.

En Los ojos de Van Gogh (2005), Alexander Barnett narra el ingreso voluntario del artista en el sanatorio de St. Remy tras los ataques de pánico y locura sufridos a causa de las dificultades surgidas con su compañero Paul Gauguin cuando vivían juntos en la «casa amarilla» de Arlés. Este drama lleva al extremo los sentimientos y la ira del holandés, llegando a situaciones estrambóticas, delirantes y anacrónicas; situando el incidente de la oreja en un bosque o una conversación con el propio Vincent van Gogh una vez muerto.

Chris Durlacher en La casa amarilla (2007), recrea la relación de Vincent van Gogh y Paul Gauguin en la famosa casa de Arles. Lo que inicialmente fue admiración hacia las pinturas de Gauguin acaba convirtiéndose en disputas y discusiones. Vincent van Gogh le reprocha que no quiera salir a la calle a pintar, Paul Gauguin se queja de su vida histérica y desordenada.
La tensión va incrementándose y, una vez más, se recrea el episodio psicótico del artista cortándose la oreja frente al espejo. Tras la marcha de Gauguin y los episodios depresivos que sufre van Gogh acaba quitándose la vida de un disparo.

La más reciente de las películas que tratan sobre el artista es Van Gogh: a las puertas de la eternidad (2018), otro biopic que se centra en narrar la última etapa de la vida del artista. Con la marcha de Vincent van Gogh al «Japón francés», el director Julien Schnabel, recrea las vivencias del pintor.
Es importante remarcar que es una recreación, ya que -en muchas ocasiones- las imágenes que aparecen en la película no concuerdan con la biografía del artista. Se trata de configurar un film en base a cómo percibía el artista la creación de sus obras, algunas de las cartas que escribió a Theo y las leyendas que circulaban por el pueblo.
Arte en la gran pantalla: el caso de Loving Vincent

Loving Vincent (2017) es una obra de arte por sí sola. Dorota Kobiela y Hugh Welchman realizan una de las mejores películas biográficas del artista, cada fotograma es un óleo al estilo particular de van Gogh. La trama gira en torno a la última carta que Vicent le escribe a su hermano antes de morir, Armand Roulin -el joven hijo del cartero que busca a Theo para entregar la carta- revive la historia del artista visitando los lugares que frecuentaba Vincent van Gogh y hablando con las personas más cercanas a él. El París de fin de siècle se abre al espectador a través de las pinceladas vigorosas y serpenteantes que tan famoso convirtieron al artista.
Por primera vez -diferenciándose de las anteriores películas- se abren dos suposiciones para romper el mito: en primer lugar, el corte de la oreja se muestra como una pequeña bisección en la oreja izquierda frente a las representaciones de otras cintas en las que se da a entender que la mutilación fue por completo; en segundo lugar, la muerte del artista se plantea como un homicidio involuntario y no como un suicidio. Un joven que atormentaba a Vincent estaba jugando con un revolver, la broma se torció en un pequeño cobertizo cuando le disparó contra su estómago.
Los sentimientos y miedos de Vincent van Gogh reflejan una difícil vida llena de traumas y torturas por parte de la sociedad. Una persona llena de amor e incomprendida por sus taras que prefirió exculpar a un joven para que no se le juzgara. La imagen permanente de su rostro triste y sus obras llenas de color han marcado a fuego una efigie que perdurará para siempre en nuestra memoria. La figura de un hombre que solo soñaba con llegar a tocar las estrellas.
«Confieso que no sé qué puede ser, pero la contemplación de las estrellas siempre me hace soñar, tan simplemente como me hacen soñar los puntos negros que representan en los mapas la ciudades y los pueblos. ¿Por qué los puntos luminosos del firmamento habrían de sernos menos accesibles que los puntos negros del mapa de Francia? […] Morir tranquilamente de vejez sería como ir a pie hacia las estrellas.»
Vincent van Gogh en una carta a su hermano.
Filmografía
- El loco del pelo rojo (1956) de Vincente Minnelli.
- Vida y muerte de van Gogh (1987) de Paul Cox.
- Vincent y Theo (1990) de Robert Altman.
- Van Gogh (1991) de Maurice Pialat.
- Los ojos de Van Gogh (2005) de Alexander Barnett.
- La casa amarilla (2007) de Chris Durlacher.
- Loving Vincent (2017) de Dorota Kobiela y Hugh Welchman.
- Van Gogh, a las puertas de la eternidad (2018) de Julian Schnabel.

