
Por Mario PÉREZ
HISTORIA DEL MUSEO Y LA COLECCIÓN
El actual Museo Sorolla se asienta sobre el que fuera hogar del artista valenciano y su familia desde 1911, en el número 37 del Paseo del General Martínez Campos, Madrid.
Este museo nace en 1932, como deseo de su mujer y musa, Clotilde García del Castillo, de perpetuar en el tiempo la obra y el legado del que fuera su marido y primer artista internacional de nuestro país, Joaquín Sorolla, y hacerlo visible a todos los públicos, pasando a ser objeto de admiración y disfrute por parte de la sociedad. Debido a ello, junto con la multitud de obras pictóricas expuestas, se muestra al público todo tipo de muebles y objetos artísticos que formaron parte de la trayectoria del pintor, recreando el ambiente vivido en la época en la que este ocupaba la vivienda, hoy muestra de su enorme talento.
De manera paralela, la extensa colección de obras realizadas por otros artistas que ostentaba el pintor también queda visible al público, mostrando trabajos de Aureliano de Beruete, Anders Zorn o Martín Rico Ortega, entre otros.
CONTENIDO ARTÍSTICO
Cumpliendo de manera exquisita con el propósito por el que nació este museo, se muestra un recorrido por todas las etapas de la trayectoria artística del pintor valenciano, desde sus inicios en el mundo pictórico, comenzando la muestra con obras de 1879 y 1880, pertenecientes a su etapa como alumno de la Escuela de Bellas Artes de Valencia, pasando por su consolidación como artista y culminación tanto nacional como internacional, además de sus últimos trabajos.
Este viaje por la vida de Joaquín Sorolla comprende 1294 piezas realizadas por él mismo, entre las que Clotilde, impulsora del museo, mujer y musa del artista, se alza como protagonista junto con la luminosidad y viveza propia del pintor. El recorrido se ve complementado con la presencia de dibujos realizados también por Sorolla, desvelando también su faceta en este ámbito mediante la exposición de trabajos realizados bajo esta técnica y bocetos vinculados a obras pictóricas posteriores. De la misma manera, podemos disfrutar de una colección de 37 piezas de cerámica que pertenecieron al artista, y que sirve como referencia al gusto que tenía por este tipo de obras.
Simultáneamente, se encuentran expuestas 289 obras escultóricas, algunas dedicadas a la decoración de los jardines que forman parte del museo, como es el caso de la pieza más antigua visible, un togado romano del Siglo I d.C procedente de la antigua ciudad de Cástulo, adquirida por Sorolla. Dentro de esta colección encontramos una gran cantidad de trabajos realizados por su hija Helena Sorolla García, y otros artistas procedentes de fuera de nuestras fronteras, como Rodin.
Junto con los trabajos descritos expuestos en el museo, podemos disfrutar de una extensa colección fotográfica, que en su totalidad abarca 7167 piezas, más de 6000 de ellas ya catalogadas. Un ámbito, el fotográfico, que tuvo una gran importancia en la obra artística y vida de Sorolla.
RECOMENDACIONES ARTENEA

Joaquín Sorolla (1863 – 1923): Paseo a orillas del mar (1909)
Se trata de una de las obras más icónicas del artista valenciano, en la que observamos como su mujer Clotilde y su hija mayor, María, pasean por la orilla del mar, engalanadas con trajes de época. Es muy destacable la magnífica captación del movimiento provocado por el viento que hace Sorolla, y que vemos reflejado en los vestidos de ambas, y en la sujeción del sombrero que realiza su hija María.
Vemos como el pintor consigue recrear el entorno marítimo mediante pinceladas largas, de una manera abstracta que permite visualizar el entorno otorgando el protagonismo a las figuras femeninas.
De igual manera apreciamos un encuadre de carácter fotográfico que llega a recortar por la parte superior la pamela de Clotilde, algo que otorga una mayor focalización en ellas.

Joaquín Sorolla (1863 – 1923): Clotilde sentada en un sofá (1910)
Clotilde significa un pilar fundamenta para Sorolla tanto a nivel personal como artístico. La gran cantidad de retratos que realizó sobre la imagen de su mujer conforma una parte importante de su obra.
En este caso podemos ver a Clotilde posada en un sofá representado mediante pinceladas largas y rápidas, al igual que el fondo en el que se sitúa el retrato, de manera poco definida, ofreciendo a la figura de la retratada todo el protagonismo.
La obra permite ver no solo el posicionamiento económico del que gozaba la familia del artista, también el gusto de este por la moda, algo reflejado en el vestido y los zapatos que porta su mujer en el retrato.
Joaquín Sorolla (1863 – 1923): El bote blanco. Jávea (1905)
Esta obra, enmarcada dentro de una de las series más conocidas de Sorolla, en la que los efectos de la luz en las aguas Jávea y los desnudos infantiles son el centro de atención, es una de las más icónicas del artista valenciano.
Se puede apreciar un trabajo exquisito en la captación de la penetración de la luz en las aguas transparentes del mar, y los efectos visuales que esto tiene en la imagen del niño desnudo que nada de espaldas al espectador. De la misma forma, el reflejo de la barca proyectado sobre el mar denota de nuevo una técnica magnífica sobre los efectos lumínicos sobre el agua que acontecen en la escena.

Al igual que la luz, el movimiento del agua provocado por las olas y la actividad de los pequeños es uno de los aspectos más destacables de este trabajo, obtenido con pinceladas cortas, en su mayoría en forma de coma.
El encuadre fotográfico propio de Sorolla es otra de las características de esta obra, ofreciendo punto de vista cerrado y focalizado en los niños, sin importar que la barca se corte por la parte superior de la imagen.

Joaquín Sorolla (1863 – 1923): Madre (1900)
Este trabajo constituye uno de los mayores ejemplos del extraordinario manejo de la luz propio de Sorolla.
En el cuadro observamos a su esposa Clotilde recostada en la cama junto a su hija menor, Elena, recién nacida. Estas dos figuras femeninas, de las que únicamente apreciamos sus rostros, destacan entre un escenario configurado por multitud de tonalidades blancas que conforman la cama y la sala en la que se encuentran.
La obra, que trata una temática poco frecuente en la época en que se realizó, como es la maternidad, es muestra de la importancia que tiene la familia para el artista.

Joaquín Sorolla (1863 – 1923): Trata de blancas (1894)
Se trata de una obra perteneciente a la etapa de consolidación de Sorolla como artista, en la que dedica gran parte de su obra a trabajar un realismo social.
En esta pintura se nos muestra una escena poco habitual dentro de las temáticas representadas por los artistas del momento, cuatro prostitutas durmiendo en el vagón de un tren junto con su Celestina.
Es muy destacable la composición sesgada utilizada por Sorolla para resolver este trabajo, que muestra la gran técnica que ya por entonces presentaba el pintor valenciano. De igual forma, observamos como el artista se sirve de dos pequeños ventanales para iluminar con un haz de luz la escena.
EXPOSICIÓN TEMPORAL: LA DICHOSA EDAD. LA INFANCIA EN LA PINTURA DE SOROLLA
Junto con la colección que se muestra de manera permanente, podemos disfrutar, según la fecha en la que visitemos el museo, de exposiciones temporales. Este es el caso de “La dichosa edad. La infancia en la pintura de Sorolla”, una exposición promovida por el Ministerio de Cultura y Deporte y realizada en colaboración con la Fundación María Cristina Masaveu Peterson.
En esta muestra temporal podemos admirar obras realizadas por el propio Sorolla pertenecientes a colecciones particulares, que tratan como temática principal la infancia, aspecto que representó durante una de las etapas más importantes de su trayectoria.
Dentro de esta exposición encontramos trabajos destacados como por ejemplo:

Joaquín Sorolla (1863 – 1923): El primer hijo (1890)
Una obra realizada el mismo año en la que Sorolla y Clotilde tuvieron a su primera hija, y en la que el artista refleja una vez más su admiración por la familia y la maternidad.
La pintura deja ver un trabajo exquisito de carácter costumbrista en la que observamos como protagonistas indiscutibles a una madre con su hijo acunado en sus brazos. Estos se ven acompañados de pequeños detalles cercanos al preciosismo, que destacan del fondo de la escena, como es la silla de madera situada frente a la madre.

Joaquín Sorolla (1863 – 1923): Estudio para ¡Triste herencia! (1899)
También se nos muestran trabajos previos para obras tan reconocidas de Sorolla como ¡Triste herencia!, en la que la fijación del artista por mostrar a los menos favorecidos y los aspectos más cotidianos de la infancia se mezclan para dar lugar a uno de los cuadros más icónicos del pintor.
Si bien estamos ante un estudio previo a la elaboración a la obra definitiva, ya podemos apreciar la gran habilidad de Sorolla para recrear las condiciones lumínicas deseadas, trasladándonos de manera directa a la escena plasmada en su famosa pintura.
El Museo Sorolla también alberga otras obras más que destacables del artista valenciano cuya visualización se antoja imprescindible. Entre estas encontramos Autorretrato (1904), Mis hijos (1904), Clotilde con traje de noche (1910), Jardín de la casa Sorolla (1920), Almendro en flor (1888-1889).
Datos útiles
Dirección: P.º del Gral. Martínez Campos, 37
Teléfono: 913 10 15 84
Horarios: Martes – Sábado: 9:30 – 20:00 / Domingos: 10:00 – 15:00 / Lunes: Cerrado
Tarifas: Entrada general: 3 euros por persona. Entradas gratuitas para menores de edad, pensionistas y personas con discapacidad previa acreditación.
Página web: https://www.culturaydeporte.gob.es/msorolla/inicio.html

