Por Marta Cubo / X (Twitter): @_martacubo23_
Madrid está lleno de rincones ocultos, misteriosos y mágicos. Sabemos que es una ciudad muy bonita con mil cosas que ofrecer, aunque a veces no seamos conscientes de ello. Pero tenemos que cambiar la vista hacia un plano casi supra terrenal en muchos casos, una mirada hacia arriba; hacia las fachadas de los edificios. Por ello el objetivo de este trabajo es centrarse en elementos artísticos como las esculturas que se encuentran en Madrid. Concretamente a lo largo de una de las avenidas más relevantes de Madrid: el Paseo del Prado. Y más concretamente, las esculturas y fuentes de índole grecorromana.

Este recorrido comienza en la Estación de Atocha, con dos quimeras en su fachada. La Quimera es un ser mitológico cuyo aspecto es una mezcla entre un león (cabeza), cabra (cuerpo) y serpiente (cola). El significado de su nombre en griego es “animal fabuloso”, se encuentran situadas en lo más alto del edificio principal, que se inauguró en 1851.

Enfrente nos encontramos el Ministerio de Agricultura, con la diosa Ceres culminando el edificio, Ceres era la diosa romana de la agricultura, del crecimiento de las plantas y de las cosechas. Se distingue por llevar un cetro de mando y espigas de trigo. Era hija de Saturno y hermana de Júpiter, Juno y Neptuno. Como diosa de la agricultura, Ceres viajará por todo el mundo repartiendo semillas y enseñando a los hombres a cultivarlas.

Si seguimos de frente… ¡El Retiro! Mil y una estatuas con mil y una historia detrás. Pero cuentan con un gran problema: el Parque del Retiro es increíblemente grande y muchas estatuas y fuentes pasan desapercibidos. Podemos destacar la “escondida” Diana Cazadora (Artemisa en la mitología griega), hecha con caliza, se instaló en el Retiro el año 1750, pero fue descubierta en 1969, oculta entre la maleza y sin saber quién o cuándo se realizó. También la de Hércules y el león de Nemea, una estatua que representa la lucha contra la primera de sus doce grandes pruebas.

O la estatua de Laocoonte y sus hijos, uno de los mitos más trágicos de la mitología, ya que cuenta cómo Laocoonte, un vidente ciego, descubrió que el famoso caballo de Troya dejado por los griegos era en realidad una trampa. Antes de que éste desvela el engaño, el dios Apolo, que estaba a favor de los griegos, envió a dos serpientes marinas a atacar a los hijos de Laocoonte. Tratando de salvar a sus hijos, Laocoonte corrió su misma suerte, muriendo los tres.

No nos adentramos más en el parque, sino por la Avenida. A la derecha: el Museo del Prado. Frente a la escultura de Velázquez, en la puerta oeste, se encuentra un friso con motivos mitológicos que presenta una alegoría del rey Fernando VII como protector de las ciencias, las artes y la técnica. El problema está en que es posiblemente el rey menos querido de la historia de España, pero gracias a su mujer, Isabel de Braganza, mejoró su imagen con la creación del Museo del Prado y donando las pinturas y obras de arte que entonces eran propiedad de los reyes, al Estado Español. Es una representación de la protección de Fernando VII a las Ciencias y Bellas Artes. A la izquierda, la Arquitectura, tras ella, la Pintura, que sujeta el retrato de su mujer; y la Escultura. En el extremo izquierdo, la Historia, junto a las Ciencias. A la derecha del monarca, bajo la inspiración de la Sabiduría, aparecen, con sus respectivos atributos, Apolo, Neptuno y Mercurio, que representan las cualidades del educador, la razón y la elocuencia.

En el Paseo del Prado encontramos la llamada fuente de las Cuatro Estaciones o la Fuente de Apolo. Empezó a construirse en 1780 por Manuel Álvarez, quién diseñó las figuras que representan las Cuatro Estaciones. La Primavera es una mujer con flores, mientras que el Verano es otra mujer con una espiga de trigo. El Otoño es un joven con una corona de uvas en la cabeza, y, por último, el Invierno es un anciano. Apolo aparece portando una lira y acompañado por las esculturas alegóricas de las Cuatro Estaciones ya que, como dios del Sol, de él depende el nacimiento y tránsito de las estaciones. Pero la figura de Apolo fue realizada por Alfonso Giraldo de Bergaz en 1802.

Apolo, a lo largo de los mitos griegos, vivió muchas historias de amor trágicas, donde la mayoría de sus amores no fueron correspondidos o terminaron de manera desastrosa. Uno de los casos más destacados es el de Marpesa, una princesa etolia que prefería al mortal Idas sobre Apolo. A pesar de los intentos del dios por ganarse su afecto, Marpesa eligió a Idas debido al temor de que Apolo la abandonara cuando envejeciera, lo que llevó a la intervención de Zeus para resolver el conflicto.
Otro amor fallido fue el de Apolo con Casandra, hija del rey Príamo de Troya. Apolo le otorgó el don de la profecía a cambio de sus favores, pero ella lo rechazó. Como castigo, Apolo no podía retirarle el don, pero la maldijo: aunque podría prever el futuro, nadie creería sus predicciones. Esta maldición se vinculó con los eventos de la Guerra de Troya, donde Casandra conocía todo lo que sucedería, pero fue ignorada por todos.

El mito de Apolo y Dafne es uno de los más famosos y trágicos, en el que Dafne, una seguidora de Artemisa, huye de Apolo, quien se enamora de ella. En su desesperación, Dafne pide ayuda a Zeus para evitar ser alcanzada, y es transformada en un laurel. Apolo, devastado por la pérdida, convierte la planta en su emblema. Sin embargo, detrás de esta historia romántica se oculta un intento de violación, ya que Dafne había rechazado a Apolo, quien no respetó su voluntad.

Sigue la Fuente de Neptuno, uno de los monumentos madrileños más conocidos por presenciar las victorias de los aficionados del Atlético de Madrid. Fue construida entre 1780 y 1784, junto con la Fuente de Cibeles y la de Apolo, diseñados por Ventura Rodríguez y por encargo de Carlos III, para el Paseo del Prado, esa gran avenida que el monarca quiso crear para gestionar la circulación de una ciudad que había crecido mucho en muy poco tiempo. Se encuentra en el Paseo del Prado, cerca de la Fuente de Cibeles, de la que es hermana. Representa a Poseidón para los griegos, dios de los mares en la mitología romana sobre un carro tirado por dos caballos marinos con cola de pez.

Y, por último, cierra el trío escultórico la Fuente de Cibeles, uno de los símbolos más emblemáticos de la ciudad por ser dónde celebra los logros el equipo del Real Madrid. Fue diseñada en 1782 para cumplir con su función de abastecer de agua al pueblo, pero en 1895 fue trasladada desde el Paseo de Recoletos al centro de la Plaza Cibeles, convirtiéndose en un elemento decorativo. Realizada en mármol, representa a la diosa Cibeles, diosa de la Tierra, la agricultura y la fecundidad. Tiene una corona en la cabeza, un cetro en una mano y las llaves de la ciudad en la otra. Pero Cibeles no es la única deidad representada en esta fuente. Los leones también tienen su protagonismo, ya que representan a Hipómenes y Atalanta: un hombre y una ninfa que cometieron el pecado de dar rienda suelta a su pasión en el templo de Cibeles. Como castigo, Zeus transformó a ambos en leones y los condenó a tirar eternamente del carro de la diosa

Más allá del Prado…
A muchos metros de altura conviven en la centenaria calle madrileña dioses, humanos y seres de lo más variopintos convertidos en verdaderos iconos de nuestra ciudad. ¿A quiénes representan las esculturas?
En la confluencia entre las calles Alcalá y Gran Vía se encuentra la cúpula del edificio Metrópolis la Victoria Alada. Anteriormente se hallaba una estatua del ave Fénix, que representaba a un hombre sobre un águila, pero en 1975 el edificio cambió de propietarios, los cuales encargaron al escultor Federico Coullant Valera la construcción del monumento actual. Se trata de una escultura en bulto redondo que representa a la diosa griega Niké, hija de Zeus, que siempre acompañaba a la diosa Atenea. Se dice que podía volar y correr a gran velocidad, y que repartía buena suerte.

Justamente en la acera de la izquierda, la mítica azotea del Círculo de Bellas Artes con la Estatua de Atenea; la cual representa a Minerva (en la mitología romana), diosa de la sabiduría, las artes y la guerra. Está representada con un peplo, un casco, un escudo y una lanza. Este monumento de Madrid fue diseñado por Juan Luis Vassallo y realizado en bronce en 1964. Mide 6,5 metros y pesa tres toneladas.

Hay un mito de la diosa Atenea que revela la tensión entre los ideales absolutos y las realidades terrenales. Cuenta que Atenea, diosa de la sabiduría, exigía pureza a quienes la veneraban. Cuando una doncella consagrada fue violada por Poseidón en su templo, Atenea, furiosa, la castigó transformándola en Medusa, un ser monstruoso con serpientes por el cabello y una mirada que petrificaba. Medusa se exilió y usó su poder para proteger a las mujeres y castigar injusticias. Atenea, molesta por su desafío, envió a Perseo a matarla, logrando así restablecer su control. El mito refleja la implacable severidad de la diosa y las paradojas de su justicia.
El número 18 de la Gran Vía es el primer edificio de la histórica avenida, el cual alberga el Hotel Roma. Muestra en su cúpula a la loba capitolina amamantando a Rómulo y Remo junto a las siglas latinas S.P.Q.R. (Senatus Populusque Romanus), que representaban la esencia del máximo poder en Roma: el pueblo y el senado. Estos dos hermanos son los protagonistas de la fundación de la ciudad de Roma. Dice la leyenda que Ascanio, hijo del héroe troyano Eneas (hijo de Venus y de Anquises), habría fundado la ciudad de Alba Longa. Sobre esta ciudad reinaron muchos de sus descendientes hasta llegar a Numitor y a su hermano Amulio. Amulio destronó a Numitor y, para que no pudiese tener descendencia que le quitase el trono, condenó a su hija, Rea Silvia, a ser sacerdotisa de la diosa Vesta para que permaneciera virgen para siempre.

Pero alguien engendró en Rea Silvia a dos mellizos. Este alguien sería Marte, dios de la guerra; y estos mellizos, Rómulo y Remo. Al nacer, su madre los arrojó al río Tíber para salvarlos. La canasta en la que se encontraban encalló en la zona de las siete colinas, y una loba, llamada Luperca, se acercó a beber, les recogió y amamantó en su guarida del Monte Palatino hasta que, finalmente, les encontró y rescató un pastor cuya mujer los crio.
La historia no acaba aquí. Ya adultos, los mellizos repusieron a Numitor en el trono de Alba Longa y fundaron, como colonia de ésta, una ciudad en la ribera derecha del Tíber. Se dice que la loba que amamantó a Rómulo y Remo fue su madre adoptiva humana; ya que en latín, loba viene de “lupa”, o sea es “prostituta”. Estos hermanos, una vez reyes, discutieron sobre el lugar en el que fundar la ciudad y decidieron consultar el vuelo de las aves. Rómulo vio doce buitres volando y Remo sólo divisó seis. Al ser Rómulo quién vio más buitres, trazó los límites de la nueva ciudad en el Monte Palatino y juró matar a quién los cruzara. Remo desobedeció y cruzó, por lo que su hermano le mató y quedó como el único y primer Rey de Roma.
Tras la Guerra Civil el edificio tuvo varios usos, pero a día de hoy acoge al centro comercial de ocho plantas WOW. Se pretendió recuperar el símbolo de la loba para reivindicar los nuevos tiempos. Aunque no es la original, sino una réplica.
No obstante, en plena Gran Vía, hay una historia de amor digna de destacar. Eso sí, volviendo a los clásicos. Si alzamos la vista desde la plaza de Callao hacia el edificio del Primark, vemos a dos siluetas a cada lado de la acera. En la cúspide del Hotel Hyatt Centric (número 31) una Diana emerge poderosa en el horizonte desde 2017, por obra de la escultora Natividad Sánchez. Representa a la diosa romana de la caza, protectora de la naturaleza y de la luna, acompañada de sus cinco perros.

Esta gran obra hecha con resina de vinilester, recubierta de polvo de bronce para que brille más, mide cinco metros de altura y pesa unos 900 kg. Pero para verla de cerca y desde una mejor perspectiva la mejor opción es desde la azotea del hotel El Jardín de Diana. Ver a Diana desde su propio jardín.

Entonces, ¿cuál es la historia de amor? Justo enfrente, en el Primark, un Ave Fénix, el ave de larga vida que se regenera de las cenizas de su predecesor. Fue colocado ahí, sobre una cúpula negra, en los años 50, cuando el edificio fue adquirido por la empresa de seguros La Unión y el Fénix. El mito de esta historia es muy curioso. Cada noche, Diana bajaba de la Luna para visitar a su amante, un joven pastor llamado Endimión. Esta idea no le gustó ni un pelo a su padre, el dios de los dioses, Zeus. Lleno de furia envió al Ave Fénix a secuestrar al pastor y así separarlo de su hija. Pero más enfurecida aún, Diana empezó a lanzar sus flechas sobre el Ave para salvar a su amado; aunque no obtuvo éxito. ¿Cómo se sabe su fracaso? Porque justamente en los pies del Primark, en la acera, hay grabadas las dos flechas que lanzó.

Una curiosidad sobre estas flechas es que son un guiño a los canteros, que eran quiénes trabajaban la piedra para la construcción, solían dejar marcas en las piedras como seña de identidad.
Es una historia muy romántica la que pretende la artista Natividad Sánchez. Pero para otros, la figura que lleva el Ave es Ganímedes, que era un bello príncipe troyano raptado por Zeus para convertirlo en su amante. Rompe bastante el romance, así que mejor quedarse con la primera historia.
También tiene una guarida en las alturas de Madrid el titán Atlas, justo en el Hotel NH Collection Madrid (Gran Vía, 21). En la mitología griega, Atlas era el responsable de sujetar el peso de los cielos sobre sus hombros, una carga impuesta como castigo por Zeus. Es protagonista a su vez de uno de los famosos trabajos de Hércules, el número 12; por el cual tuvo que robar las manzanas doradas del jardín de las Hespérides, las ninfas del atardecer. Y para el filósofo griego Platón, era el primer rey de la ciudad a la que dio nombre, la Atlántida, y este gigantesco dios también dio su nombre a una enorme cordillera en el norte de África, gran océano Atlántico y a cualquier colección de mapas.

En definitiva, es relevante enfatizar la importancia del patrimonio que nos rodea. Ser consciente de su historia, lo que representa y saber apreciarlo. Es muy interesante la perspectiva de Natalia Gutiérrez-Colomer, profesora y guía experimentada de Madrid, sobre este tema. En concreto “la sinergia entre las artes y la calle de Madrid”. Es decir, la importancia de conectar al pueblo con nuestro pasado artístico (como la mitología) y el mundo de las letras y las ciencias. Para ella:
“Carlos III quiso un programa iconográfico para el Paseo del Prado que recordara que Cibeles, que simboliza la tierra, y Neptuno, como dios de los mares y océanos fueran los que flanquean a un Dios mucho más importante, Apolo, Dios de las Artes y las Ciencias. Pero hoy en día parece que ya pocos saben que hay una estatua en el paseo del Prado que nos recuerda la importancia del saber. Las fuentes de Cibeles y Neptuno son por todos conocidas gracias al mundo deportivo.
Pero, ¿cómo hacer que Apolo y otras esculturas con sus historias cobren la importancia que merecen? Tal vez las redes sociales puedan aquí desempeñar un papel fundamental y sean las que nos ayuden a conocer virtualmente la existencia de este patrimonio y, tal vez, eso despierte nuestra curiosidad para que cuando paseemos queramos mirar a nuestro alrededor y descubrir que las ciudades esconden belleza, historias y mensajes que otros dejaron siglos atrás para nosotros. Madrid tiene historia en cada rincón y no hay que olvidar que el paseo consciente por la ciudad nos invita a reflexionar, a conocer y a conectar con nuestro pasado a través de la arquitectura y las bellas esculturas que la acompañan”.
En este paseo mitológico por Madrid, cada escultura y fuente se convierte en un portal hacia mundos fantásticos. No solo hacia el mundo clásico de Grecia y Roma, hay mil culturas y civilizaciones representadas que son dignas de mención. Debemos ser conscientes de que habitamos bajo la luz del sol moderno, pero que los dioses y héroes antiguos siguen habitando entre nosotros, elevados en lo alto, donde el arte se funde con la leyenda. En este caso, en las alturas de la ciudad madrileña.
Enlaces de interés:
- Ruta cultural virtual por el Madrid mitológico. Es un blog que propone un recorrido virtual por las principales avenidas de Madrid, deteniéndose en las esculturas mitológicas que adornan edificios y monumentos.
- Héroes y dioses de Sol, Huertas y Chamberí: los lugares del Madrid mitológico. Explora las representaciones de figuras mitológicas en diferentes barrios de Madrid, ofreciendo contexto histórico y cultural. https://www.traveler.es/viajes-urbanos/galerias/los-lugares-del-madrid-mitologico/1040

