Por Gabriel Canelo Manzano y Pol Rodríguez García-Bravo / X (Twitter): @Gabriel_CaneloM y @MrrPolR

En este año, 2025, se cumplen 60 años del fallecimiento de Le Corbusier. En este reportaje se recoge la influencia arquitectónica que el suizo dejó en España durante el siglo XX de la mano del colectivo español GATPAC y su arquitectura moderna.

La Casa Bloc. Edificio construido en 1936 por varios integrantes del grupo GATPAC

Le Corbusier es uno de los arquitectos más importantes de la historia reciente, impulsor de lo que se conoce como la arquitectura moderna y del brutalismo, sus arriesgadas innovaciones técnicas y extravagante personalidad le provocó ser una figura que no dejó indiferente a nadie, pero más allá de su complicado carácter o su vida personal rodeada de polémicas es innegable que su trabajo fue una referencia para distintos arquitectos alrededor de todo el mundo. A los sesenta años de su muerte su influencia se puede seguir apreciando y España no es la excepción, concretamente la zona de Cataluña, donde surgió un movimiento arquitectónico conocido como GATCPAC, que bebía directamente del arquitecto suizo.

Sus siglas hacían referencia a Grupo de Arquitectos y Técnicos Catalanes para el Progreso de la Arquitectura Contemporánea, teniendo su génesis en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona, donde coincidieron algunos de los fundadores de este grupo en la segunda mitad de la década de 1920 cuando estudiaban la carrera de arquitectura, como Josep Lluís Sert, Sixte Illescas, Josep Torres Clavé, Ricardo Churruca, Germán Rodríguez Árias o Francesc Fábregas entre otros.

Fotografía en Budapest durante el viaje de fin de carrera. Aparecen Sert, Riudor, Blasco y Uribe

La Facultad

Esta coincidencia fue muy fructífera para la formación de todos, ya que según se explica en la biografía de Sixte Illescas, redactada por su hijo: “Se establecían unas relaciones de intercambio de conocimientos y de ignorancias, a la par que de amistad y aprendizaje recíproco, de enseñanza mutua. Se compartían los descubrimientos personales creando un territorio común de referencias donde se aprendía a proyectar aceptando la crítica de los compañeros”.  De esta manera el grupo desarrolló una enseñanza autodidacta entre los unos y los otros, una forma de aprender de la que también era partidario Le Corbusier.

Sin embargo este grupo tendrían un antes y un después, cuando a falta de dos años de terminar la carrera Sert se fue a trabajar al taller del arquitecto suizo, provocando una inspiración en esa arquitectura moderna, que se terminaría por consolidar cuando en el año 27, cuando acudió a Barcelona para dar una conferencia, invitado por los miembros del movimiento, donde estuvo “dos días hablando” y exponiendo sus ideas en el despacho que compartían Sert e Illescas. Según palabras de este último: “Nos sabíamos de memoria Vers une architecture (libro de referencia escrito por Le Corbusier), otro libro sobre urbanismo y recibimos las pocas revistas que salían, pudiendo comparar y entendiendo así la arquitectura”.

Un punto de inflexión para ellos sería la concesión de un proyecto presentado por Sert y Torres en un concurso promovido por la Asociación de Arquitectos de Cataluña, que tenía por tema un chalet. Según explica Sixte Illescas, que era miembro del tribunal, él apoyó el proyecto de sus amigos porque “era un intento de arquitectura actual, y no una copia más o menos lograda de arquitecturas de otras épocas ya superadas”. Según él, aceptaron su visión, para su sorpresa, por no discutir entre todos, dando lugar a un “virus que invadió los sucesivos proyectos del movimiento, ya que se había aceptado otra arquitectura”. Lo cual no quiere decir que no se encontraran críticos por el camino, un anteproyecto de puerto aéreo desarrollado por Illescas en esa misma época despertó comentarios de catedráticos o críticos que recitaban frases como: “Cosas de estudiantes”.

Integrantes del grupo a las puertas de la facultad de arquitectura

Manos a la obra

Una vez acabada la carrera este grupo de arquitectos comenzaría a trabajar en el número 56 de Vía Laietana, donde Churruca, Rodríguez Arias y Fábregas establecieron su despacho en el segundo piso, mientras que Sert e Illescas lo hacían en el tercero, dando lugar de forma oficial al grupo al unirse ante la necesidad de tener una tienda o club de cara a reunirse con industriales que apoyasen sus proyectos y compartir ideas entre ellos. Desde ese momento comenzaron a mantener reuniones frecuentes , se conformó el reglamento de asociación del GATCPAC, cuyo objetivo era que la obra fuese reconocida para todo el grupo sin personalizar, alquilaron un local para que funcionara como exposición permanente y difundir sus ideas de la nueva arquitectura (MIDVA) y se acordó publicar la revista A.C. (Arquitectura Contemporánea).

Casa Vilaró, diseñada por Sixte Illescas en 1929

Los objetivos del movimiento eran claros, utilizar Vers une architecture de Le Corbusier “como una biblia” y “hacer una arquitectura lógica, adaptada a nuestras condiciones, al ambiente de la época, es decir, hacer casas cómodas, sanas y que estuvieran al alcance de todos, no de unos cuantos”, según explica Illescas en su biografía. Algunas de sus obras más importantes fueron Dispensario Antituberculoso, la Casa Bloc o proyectos como el Plan Maciá o la Ciudad de Reposo y Vacaciones, a lo que hay que sumar sus peticiones sociales, destacando el problema escolar o la degradación de Ciutat Vella.

El grupo sin embargo empezaría a sufrir fracturas con el tiempo, Illescas destaca los conflictos entre Sert y Joan Baptista Subirana, asegurando que este último era muy “tiquismiquis” y que empezaba a adjudicarse proyectos de forma personal, lo que hizo el grupo comenzara a distanciarse un poco, con cada uno de los miembros creando despachos individuales. Las diferencias políticas también generarían momentos de fractura, ya que aunque la mayoría de miembros que lo formaban eran de izquierdas, algunos como Sert o Illescas más catalanistas u otros como Fábregas y Torres Clavé más abiertamente comunistas, había miembros, José María Aizpurúa o Joaquín Labayen, que eran falangistas, ya que su unión no se basaba en una ideología política pese a lo ligado que está el movimiento a la Segunda República, si no que se fundamenta en el desarrollo de la arquitectura racionalista.

Una vez acabada la Guerra Civil el grupo se disolvió debido al fallecimiento de Torres Clavé en el conflicto y los exilios a Estados Unidos de Sert, donde trabajó como profesor en Harvard, o de otros como Fábregas o Rodríguez Arias a distintos lugares de Sudamérica. El bando franquista los categorizó de “oficiales rojos” y su arquitectura de “comunista”, según explica Illescas buscaron resurgir la arquitectura “de los Reyes Católicos” o del “Imperio” que no prosperó y encima provocó la desaparición de la arquitectura moderna.

Pabellón de París en el que se albergó la exposición republicana de 1937

Influencia política

El grupo mantuvo siempre un fuerte posicionamiento político que le impidió ser aceptados por el Régimen, por ejemplo, más allá de convicciones ideológicas personales, el propio Josep Lluís Sert fue el que pidió personalmente que la Segunda República tuviera un pabellón en la Exposición Internacional de 1937 para denunciar los horrores de la guerra, exposición en la cual Pablo Picasso presentó Guernica. Le Corbusier en este aspecto se vio menos perjudicado ya que no se posicionó a favor de ningún bando durante la Segunda Guerra Mundial, incluso llegando a trabajar para ambos, según se explica en su biografía Modern-Man, escrita por Anthony Flint, en la que cuenta: “A Le Corbusier le criticaron por ser fascista, socialista y capitalista, y todo al mismo tiempo. En realidad, era un arquitecto que buscaba encargos.

Cortejó a Mussolini, trabajó para Stalin… Cualquiera que se interesara por sus propósitos le estaba ofreciendo el cielo. No era ideología, era pragmatismo”.

La disolución del grupo fue terrible para todos sus miembros y para la arquitectura racionalista. La revista A.C., que era un “símbolo de modernidad en España y Europa por incluir además de las artes plásticas la arquitectura y la fotografía e incluso algunos artículos cinematográficos” según nos cuenta Francisco Javier Rodríguez Mori, sobrino del miembro del GATCPAC, Germán Rodríguez Arias. El suyo es un caso que ejemplifica la de la mayoría de exiliados, como tuvieron que hacerse a la vida en otros países empezando por trabajos de menor categoría o contrario a los ideales del movimiento, como en su caso “la reforma de un baño de una señora rica”. En los años 50, al igual que otros, pudo volver a España y trabajar vigilado por el Régimen, estableciéndose en Ibiza y según él como “el arquitecto oficial de Ibiza”, ya que se encargaba de la mayoría de los encargos de la ciudad. Rodríguez Arias además, desempeñó un papel de “cónsul” según él explica, al acoger a los artistas que vinieron exiliados de Chile tras el golpe de Estado de Pinochet.

Uno de los movimientos más innovadores del arte español contemporáneo, que quedó opacado y castrado por el franquismo, con muy pocos  de sus miembros desarrollando su obra a máximo potencial, Sert puede ser la gran excepción, y provocando un retraso enorme en la arquitectura española cuando podía convertirse en una referencia europea. Uno de los casos más notorios de esta pérdida de potencial es el de Illescas, que durante el periodo de vigencia del GATCPAC desarrolló 39 proyectos, mientras que durante los más de 40 años de su vida solo hizo 31. Una generación dorada de la arquitectura española a la que le costó salir a la luz debido a los escombros de la guerra y la dictadura.