Por Andrés VALVERDE @avfm23
León Tolstói aborda críticamente las cuestiones artísticas de su época para tratar de desentrañar conceptos abstractos como el arte o la belleza, analizar la historia del arte, sus teóricos, y su momento. Un ensayo apasionante que reflexiona de manera original y aguda sobre problemas que aún permanecen en la mente de los hombres.
FICHA RESUMEN

- Título: ¿Qué es el arte?
- Autor: León Tolstói
- Editorial: MAXTOR
- Año: 2012
- Páginas: 240
- ISBN: 978-84-9001-327-4
El escritor León Tolstói es el autor ruso más conocido, junto a Fiódor Dostoievski. Tolstói nació en 1828 en el Imperio Ruso en Yasnia Polania, murió en Astapovo en 1910. Gabriel García Márquez llegó a decir que Guerra y Paz (1869) era, tal vez, la mejor novela jamás escrita. No es de extrañar que nuestras primeras asociaciones con su obra se relacionen irremediablemente con esta y otros títulos tan conocidos como Ana Karenina (1873-1877) o Los cosacos (1863) que forman parte de la historia de la literatura universal.
Su faceta como ensayista ha tenido también grandes ecos en la historia; fuente de inspiración de iconos del pacifismo como Gandhi o Luther King gracias al mensaje de sus escritos en El reino de Dios está en vosotros. Pero entre los entresijos del pensamiento de este gran escritor existen también obras menos conocidas (quizá perdidas entre la grandeza inalcanzable de otros de sus textos) que poseen un profundo interés, tal sea este ensayo que nos ocupa ¿Qué es el arte?., publicado por primera vez en 1897.

Las definiciones generales sobre el concepto del arte formuladas por diversas escuelas artísticas parecen circunscribirse a la idea generalizada de la asociación entre el arte y la belleza. A priori se entiende este razonamiento pues es una teoría muy extendida, desde la que parte el propio Tolstói analizando el sentido metafísico de la belleza.
Estos aspectos que escapan a cualquier proceso cuantitativo caen inevitablemente en la individualidad, y por lo tanto son subjetivos. La belleza en sí, es aquello que proporciona placer. No importa el arte al que nos refiramos, sea música, pintura, literatura, baile… cualesquiera de estas disciplinas son comprendidas como bellas cuando su ejecución resulta complaciente y, entonces, las atribuimos la virtud de hermosas.
La ciencia de la estética es analizada por el escritor ruso, quien se pierde en laberínticas e irresolubles definiciones de las dispares y frecuentemente enfrentadas opiniones de los teóricos. Algunos abogan por belleza como resultado de la verdad, otros por sus capacidades moralizantes o educativas, su esencia metafísica, su origen divino, sus efectos sensoriales, etc. Ingleses, franceses o alemanes son citados en una larga lista de tratadistas de la estética que incluyen nombres como Hegel, Schelling, Schopenhauer o Kant, entre otros.
Mediante la presentación de las ideas previas existentes sobre el asunto nos adentra en la compleja abstracción del termino belleza para, de inmediato, deshacer ese vínculo artificioso entre arte y belleza. “La subjetividad irremediable de la belleza ha limitado el arte a un sentido placentero, al “gusto”. De hecho, esta asociación que tanto tiempo ha esgrimido la teoría estética fue usada para desprestigiar y desechar tantas obras validas por no adaptarse a los cánones del “gusto”.

Tolstói rompe con esos principios restrictivos para concebir el arte como un proceso comunicativo intrínseco del ser humano. Liberado del placer como cualidad elemental plantea los procesos artísticos como una suerte de mensajes emocionales donde el hombre transfiere lo sentido a sus semejantes, consiguiendo generar en estos esas mismas sensaciones. Este proceso es para Tolstói un favorecedor de la fraternidad y empatía entre los hombres, capaces así de comprender las vivencias más profundas de un tercero.
La capacidad de disfrute y de pasiones que el hombre puede experimentar a través de una obra es la esencia misma del arte. Ese contagio de sentimientos entre el artista y el espectador surge a partir de la visualización de la obra, que conecta a ambos en la misma espiral de emociones y hace surgir el arte real, culminado con esa conexión.
Además, Tolstói amplía los campos artísticos, aceptando como tales todos aquellos medios capaces de evocar sentimientos: no solo en los entornos primariamente establecidos para ejecutar las artes plásticas, como los teatros o museos, si no que cada canción infantil, oración o momentos de nuestra vida interior pueden adquirir el rango de arte siempre que transmitan nuestras inquietudes humanas; “Toda la existencia humana está llena de obras de arte”.
Pero estos sentimientos procedentes del arte también han sido sometidos por su fealdad o bondad, y la encargada de esta distinción ha sido la religión “la ciencia que distingue lo bueno de lo malo”. El arte ha sido hijo de las distintas sociedades de cada épocas, tal fuese el hedonista arte de la cultura griega, el propagandístico del imperio romano, el sacro del cristianismo, etc. Los sentimientos entonces no acordes con las pautas de la religión (o fuerza) dominante fueron (son) etiquetados como negativos y nocivos para el arte. Los dioses de esas culturas han dirigido implacables los senderos del arte.
En este enredo de tiempos y culturas encuentra Tolstói el origen exacto de lo que él considera como “arte falso”. El Renacimiento bajo la situación de apatía e hipocresía de las clases aristocráticas en relación a la realidad de la Iglesia surge (resurge, ya dado en el mundo griego y tratado por Sócrates, Platón o Aristóteles) el sentido estético y ético del arte. La asociación entre belleza, bondad y verdad se esgrime en esta época para crear un estilo que se impuso hasta la modernidad basado en esa incongruente relación. Incongruente porque, tal y como explica Tolstói, esta famosa Trinidad se contradice entre si continuamente: “Belleza es solo lo que nos gusta, y por consecuencia difiere de la bondad; que coincide a menudo con la victoria sobre nuestras pasiones, mientras que la belleza es la raíz de estas”.
Protesta también contra la exclusividad del arte moderno destinado a esos “elegidos” que pueden comprenderlo gracias a su posición superior frente a las masas analfabetas que trabajan para permitir al artista realizar su obra. La visión exclusiva y excluyente para con un pueblo pobre en cultura y por lo tanto incapaz de acceder a esta. Una espiral infinita de incomprensión que paradójicamente se ve arropada por el manto de la concepción del arte moderno como universal a pesar de su limitado público. Además del proceso endogámico del arte modernista capaz solo de engendrar más arte moderno impide el avance de otras corrientes, sostiene Tolstói. Dicho arte moderno exprime hasta la saciedad la simplicidad de las emociones provenientes de las clases ricas y abomina de todo aquello que tenga lugar en el populacho por considerarlo monolítico y aburrido, forma de desprecio de la vida diaria del obrero, mientras que sus temáticas favoritas se repiten de forma continua: la vanidad, la lujuria y el hastió vital.
La defensa de que el arte debe formar parte de una concepción común entre todos los hombres mediante unos sentimientos auténticos que remplacen la hipocresía y el desamparo religioso (emotivo) que un pequeño grupo aristocrático precursor del arte moderno ha usado para arrebatar su auténtico ser a las formas del arte. Superar esta barrera social que entorpece la creación artística más intima es pues la tesis que sostiene Tolstói.
La exploración del arte que realiza Tolstói consigue deshacer ciertas ingenuidades superficiales sobre la concepción del arte. Su análisis transciende los cometidos básicos del crítico de arte para ensanchar el pensamiento de quien desee disfrutar de esta obra. Plagado de referencias a estudios e intelectuales que prueban su amplia investigación, pasea su mirada a lo largo de la historia del arte para trazar conexiones sociológicas que explican fehacientemente el estado del arte tal y como él lo concibe. La visión comunicacional entre artista y espectador supone un planteamiento de psicología humanística casi freudiano que, estando o no de acuerdo, atrapara al lector por la tremenda originalidad y capacidad de convicción en su discurso.


Muy concisa y precisa la nota. Es de todas formas, el planteo de una discusión que se da todavía hoy.
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El comentario sobre la obra de Tolstoi es excelente.
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