Por Juan Carlos RUBIO @Jotaceja
Solo por unos días más, el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza albergará la exposición temporal Monet/Boudin. La muestra, que confronta y refleja los puntos en común y las diferencias de la obra de los dos artistas, finaliza el 30 de septiembre, por lo que hay que apresurarse para disfrutar del trabajo de Eugène Boudin y su aprendiz, Claude Monet, dos de los paisajistas franceses más importantes del siglo XIX.
El Museo Thyssen-Bornemisza nos ofrece esta exposición que compara las obras de Claude Monet y su maestro Eugène Boudin. La muestra, comisariada por Juan Ángel López-Manzanares, conservador del Museo Thyssen desde el año 2011, cuenta con un total de 104 obras de los dos autores. Las 60 obras de Boudin, inéditas en España, han sido cedidas por coleccionistas privados.
A través de ocho apartados, la exposición Monet/Boudin nos acerca a los temas comunes que interesaron a los dos artistas. La exposición es, por tanto, un viaje en el tiempo que enseña la evolución conjunta de los dos pintores. Las similitudes entre sus obras saltan a la vista, pero también las diferencias y el camino pictórico que decidieron tomar uno y otro en los albores del impresionismo. La relación entre los dos amigos también queda patente, por el respeto y admiración que sintieron el uno por el otro. Lo evidencian las palabras de Monet, cuando agradece a su maestro “ser el primero que me enseñó a ver y comprender”.
Las ocho salas de la exposición están distribuidas de forma cronológica, de manera que, además de resaltar aquellos motivos en los que ambos autores trabajaron, inciden en su desarrollo y evolución individual. Los apartados son: “Paisaje pintoresco”, “Marinas”, “Escenas de playa”, “Pasteles”, “Variaciones”, “Litoral agreste”, “Luz, reflejos y efectos atmosféricos” y “Viajes al Sur”.
La exposición comienza en la época en la que los dos genios se conocieron, la primavera de 1856. Boudin, 16 años mayor que Monet, llevaba ya un tiempo pintando paisajes y comenzó a ejercer de tutor del joven caricaturista. Juntos, pintaron los paisajes de El Havre al estilo de la Escuela de Barbizon, y aunque Boudin transmitió gran parte de su técnica a Monet (como el trabajo al aire libre), éste ya destacaba con un tratamiento de la luz mucho más claro. Esto se puede ver en Paisaje Normando (1857-1858) de Boudin y Vista de los alrededores de Ruelles (1858), de Monet.


Monet comenzó a separar su camino pictórico de Boudin investigando en la temática de las escenas marinas. Boudin trabajaba estas producciones haciendo rápidos estudios que le servirían de base para obras de mayor tamaño que terminaría en su taller durante el invierno. Monet, en cambio, comenzó a pintar sus cuadros completamente al aire libre, lo que repercutió en su estilo: una pincelada veloz, rápida y un tratamiento de la luz que ya anticipaba el Impresionismo, como se refleja en Marina, embarcaciones en un claro de luna (1864).

Las escenas de playa, que siguieron cronológicamente a las marinas, muestran nuevas diferencias entre mentor y alumno, esta vez, más profundas. Mientras que Boudin se afanó en pintar pequeños grupos de personas en las playas de Trouville en situaciones que carecían completamente de anécdota como se ve en Playa de Trouville (1863), Monet se interesó más por el primer plano.

Sus composiciones, con muchos elementos heredados de las estampas japonesas, a menudo situaba a su esposa, Camille, en primer plano, siendo el mayor exponente Camille en la playa de Trouville (1870). Algunos de los cuadros de Monet contienen arena pegada al óleo, lo que indica que Monet pintó estas obras en la misma playa.

El vínculo entre maestro y aprendiz, como es natural, se iba difuminando cada vez más conforme pasaban las décadas. Monet encontró su propio camino, cada vez más ligado al Impresionismo, pero siempre con las técnicas aprendidas de Boudin, que le acompañarían toda la vida. Es el caso de los pasteles. Utilizados por Boudin como meros estudios del cielo (algo que le valdría el apodo que le otorgó Monet, “El rey del cielo”) para luego componer obras mayores. Monet, en cambio, los dotó de una autonomía propia, convirtiéndolos en obras de pleno derecho. Tanto es así, que en la primera Exposición Impresionista de 1874, Monet expuso siete pasteles en homenaje a su maestro.

La tutela de Boudin no tardó en convertirse en una profunda admiración por Monet y su audacia, la cual incorporó, a su manera, en algunas de sus obras. Boudin dijo: “Monet es
audaz… aplasta y envejece todo lo de su alrededor”.
Las variaciones son, quizá, el mejor ejemplo de esta admiración por Monet. En ellas, los dos artistas eligieron un motivo y lo pintaron multitud de veces bajo diferentes condiciones atmosféricas, lumínicas y climáticas. Este tipo de pintura inician una metodología de trabajo “las series”, término utilizado por Monet por vez primera en su correspondencia. El modo de trabajarlas de los dos pintores era muy diferente. Monet, de manera sistemática, dedicaba una cantidad de minutos precisos a cada sesión: al principio, 30, más tarde, tan solo siete.
El deshielo en Vétheuil (1880) es una de las variaciones de Monet centradas en el mismo paisaje, en el que pintó un mismo entorno sujeto a las diferentes fases del deshielo. Boudin, en cambio, que realizó más de 200 variaciones del puerto de Trouville, trabajaba de un modo mucho más intuitivo y menos sistemático.

El mismo tratamiento encontramos con las obras del litoral agreste. Las costas atlánticas de Francia, en especial los acantilados de Etrére, se convirtieron en un tema recurrente para los dos artistas. Estos acantilados, caracterizados por su aguja, fueron tratados de manera distinta por uno y otro. Monet quiso captar la fuerza de la eterna lucha entre el mar y la roca. Boudin optó por plasmar la calma y tranquilidad que transmite el paisaje.


Los efectos de luz y atmosféricos cautivaron a Monet, que desató en ellos toda su furia impresionista. El pintor, que ya encabezaba una nueva generación de pintores, en la década de 1890 se centró sobre todo en captar la luz que envuelve las formas. El despliegue de luz, totalmente impresionista de Mañana en el Sena, Giverny (1897) es un buen ejemplo de ello.

Los viajes a la costa mediterránea modificaron por completo la paleta de colores de los artistas. El cambio de escenario, de los cielos grises de Normandía y Bretaña al intenso azul de la Riviera italiana y la Costa Azul, se transmite a los lienzos y al tratamiento de la luz, casi saturada. Esta fue la última época de creación para Boudin, pues murió en el 1898. Durante este período, pintó más de 70 obras, calificadas por él mismo como “su canto de cisne”

Venecia, la Dogana y Santa Maria della Salute (1895) Eugène Boudin

Monet/Boudin muestra, en definitiva, el recorrido cronológico y geográfico de dos artistas y amigos. Pone de manifiesto las semejanzas entre alumno y tutor primero, y entre iguales después. El camino que discurrió de manera casi paralela entre ambos, enamorados de los mismos paisajes, pero cada uno con un punto de vista único, marcó el nacimiento de la pintura impresionista.
Datos útiles
● Lugar: Sala de exposiciones temporales del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza.
Planta baja.
● Dirección: Paseo del Prado, 8, 28014 Madrid
● Web: http://www.museothyssen.org
● Fechas: Del 2 al 30 de septiembre.
● Transporte: Metro: Banco de España, línea 2. Autobuses: 1, 2, 5, 9, 10, 14, 15, 20,
27, 34, 45, 51, 52, 53, 74, 146 y 150. Tren: estaciones de Sol, Atocha y Recoletos.
● Precios: 12 euros entrada general. 8 euros entrada con precio reducido (estudiantes,
mayores de 65 años, pensionistas, miembros individuales de familia numerosa,
titulares de Carné Joven y titulares de ISIC). Gratuita para menores de 18 años,
profesores de la facultad de BBVA, personal docente en activo, ciudadanos con
discapacidad superior al 33%, grupo familiar de una misma familia numerosa,
miembros del ICOM, desempleados) 10 euros grupos de siete o más personas.
● Horario: De martes a domingo de 10:00h a 19:00h. Los sábados la exposición
permanecerá abierta hasta las 21:00h.


Muy buen artículo. Estuve viendo la exposición el pasado verano y me encantó. Creo que ha sido una oportunidad única para poder ver obras que vienen de museos y colecciones particulares y que será difícil poder ver de nuevo. A mi lo que más me gustó fue la obra de Boudin que tenia ganas de ver reunida aunque eché de menos las series realizadas. Entiendo que no tenían cabida aquí. En definitiva una maravilla de exposición.
Rubén de Luis
https://www.rubendeluis.com
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