Por Jorge TORRES @jotahaw

El Museo Sorolla de Madrid exhibe la exposición «Sorolla. Un jardín para pintar», desde el 6 de julio de 2018 hasta el 20 de enero de 2019. En esta se muestra la pasión de Joaquín Sorolla por los jardines, su amor por la naturaleza y por el arte. A través de oleos, bocetos y fotografías se puede ver cómo el pintor valenciano fue creando poco a poco una de sus mejores obras: sus jardines.

En colaboración con Obra Social “la Caixa”, el museo, que un día fue el hogar de Joaquín Sorolla (1863 – 1923) y su familia, expone hasta enero las obras relacionadas con sus jardines, tras pasar por Sevilla, Valencia y Valladolid. Esta exposición, co-comisariada por tres mujeres, Consuelo Luca de Tena, presidenta del museo, María López Fernández y Ana Luengo, presenta más de 170 obras entre las que destacan sus óleos. También exhiben fotografías, dibujos y bocetos hechos por Sorolla, y una pequeña colección de azulejos que él mismo enmarcaba y colocaba en las paredes de su patio.

Las obras de esta exposición se encuentran en la segunda planta del museo, la única zona donde no se encuentra la exposición permanente. Por las salas que tiene esta planta, nos encontramos las diversas obras colocadas por apartados, siendo estos: «Un jardín para vivir. Un jardín para pintar»; «Primer jardín, Sevilla, El patio andaluz»; «Segundo jardín. Roma y Granada»; «El tercer jardín. Estanque y pérgola»; y por último «Epílogo».

Subiendo las amplias escaleras principales del museo, se nos abre la primera puerta al mundo armónico de Sorolla, la Sala IV. En esta se encuentran los tres primeros apartados nombrados en el anterior párrafo, además de una amplia colección de azulejos de diversas formas y colores que no son sino una reminiscencia al mundo andaluz y su particular estilo.

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Azulejos de la Casa Sorolla

 

El Primer jardín está inspirado en los jardines Reales Alcázares de Sevilla que Sorolla conoció en 1909. Le llamó la atención esa mezcla de estilos y la naturaleza de estos, así como esta obra llamaba más la atención del público. Con un estilo impresionista en la técnica y unas pinceladas verdes que destacan sobre las otras obras de la sección, consigue crear un paisaje intimista que inspira calma y sosiego al espectador. «Los espacios se iban concatenando de tal forma que a cada nuevo recodo se accedía generando una sensación de descubrimiento», comentaba María López.

En la Sala V se exhibe la sección Segundo jardín, inspirados en los que vio en la Alhambra (Granada). Este jardín fue el último que se construyó, además Sorolla hizo muchos dibujos-proyectos para este, como Tres plantas para el segundo jardín; perspectiva para el segundo jardín (1916). A pesar de que Sorolla conoció en sus viajes algunos de los más famosos jardines a nivel internacional, tales como los que enmarcan el Palacio de Versalles, los jardines de Sabatini del Palacio Real o las famosas fuentes de La Granja de San Ildefonso, fueron los jardines andaluces de la Alhambra los que le sedujeron de tal manera que serían una constante en su obra. Destaca en esta sección Patio de La Alhambra, Granada (1920), cuadro en el que predomina lo vegetal y el color verde intenso que aporta gran armonía a las obras. En esta obra sobresalen los dos cipreses en el jardín que se fusionan con la fuente inspirada en el paisaje andaluz y, de fondo, la casa.

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Patio de la Alhambra, 1920

 

En la Sala VI se encuentra el Tercer Jardín, el cual se construyó al mismo tiempo que el primero. Es en esta estancia donde el agua se convierte en el gran protagonista del acto, en el centro de la escena, pues Sorolla tuvo una peculiar tendencia a jugar con el reflejo del agua entroncando con su estilo luminista.  Destaca en éste, la Fuente de las Confidencias pegadas a una alberca sevillana. Sin embargo, en estas pinturas busca resaltar la vegetación y los detalles y reflejos del agua, como en Balsa del jardín de la Casa Sorolla (1918). En esta obra se observa que los nenúfares del estanque aún no han florecido, lo cual indica que representaba la naturaleza tal como era en el momento en el que lo hacía.

 

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Balsa del jardín de la Casa Sorolla, 1918

 

Asimismo, destaca la técnica con la que pinta esta obra: unos trazos más marcados, con más fuerza. En esta sala, además, exhiben dos reproducciones de dos esculturas: Fauno y Sátiro con odre, del Museo Archeologico Nazionale de Nápoles. Estas dos figuras separaban este tercer jardín del segundo. En este sentido, las esculturas se convierten en un elemento inherente de las fuentes y los jardines, pues Sorolla no concebía estos espacios sin la presencia de piezas escultóricas que suponían un elemento más para inducir a la calma y tranquilidad.

 

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Clotilde en el jardín, 1919

En la última sala, la Sala VII, se encuentra el Epílogo. En esta sección se muestran sus últimas obras relacionadas con los jardines. Sorolla, en últimos años de vida decide volver a esos jardines andaluces que tanto le marcaron años atrás, y los pinta, algunos, con un marcado tono poético y nostálgico y, otros, más alegres. Si Sorolla era un gran amante de los jardines, más lo fue aún su mujer Clotilde, la cual se encargaba del cuidado de los mismos cuando el artista se ausentaba. Las flores se convirtieron en una pasión compartida por ambos, un elemento simbólico que incluso Sorolla incluía en sus famosas cartas a Clotilde, pues era común que dentro de las mismas incorporara flores. Podemos ser testigos de esta importancia en obras como El rosal amarillo de la Casa Sorolla (1918-1919). Sin embargo, la obra más destacada es Clotilde en el jardín (1919- 1920), donde destaca el color blanco del vestido de Clotilde, sobre el color rosado de los alhelíes. Y es que si su mujer fue su gran musa, sus jardines fueron su gran afición además del arte, por lo que el artista no dudó en aunar todo ello para crear una prolífica obra que le identificó como un artista total, y todo ello está a nuestra disposición, tan solo debemos cruzar el umbral de su casa, el Museo Sorolla.

 

Joaquín Sorolla siempre ha estado relacionado con el impresionismo y el luminismo, en muchos casos, buscando la luz natural de estos jardines para proyectar estas imágenes y espacios tan iluminados, mediante una pincelada suelta con grandes cantidades de pintura. En los diversos óleos de la exposición mantenía una técnica prácticamente igual, menos la obra Balsa del jardín de la Casa Sorolla, donde se veía una pincelada más forzada.

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Fuente del Alcázar de Sevilla, 1908

Destaca, en la pintura de Sorolla, el uso del color blanco. Es un color protagonista en muchas de sus obras con el fin de darle luminosidad, como en Saliendo del baño (1915) o Paseo a orillas del mar (1909), ambas no exhibidas en esta exposición. Así como otros pintores también se refugiaban y creaban sus mundos en sus jardines o terrenos, Sorolla se resguarda en sus jardines y su paleta durante los años de la I Guerra Mundial. Este acontecimiento obliga a numerosos artistas a quedarse en sus hogares sin viajar, en el mejor de los casos, por lo que no tienen la oportunidad de conocer otros estilos y personajes del mundo del arte. Sin embargo, Sorolla en su juventud viajó a Roma, donde conoció la pintura clásica y la pintura renacentista, y a París a estudiar y conocer más de cerca el impresionismo, por lo que embebió de todos estos estilos que tanto le influyeron para crear su luminismo particular. Uno de los aportes más grandes de Sorolla es sin duda su estilo vanguardista, a caballo entre diversos estilos. Representando todo tipo de temas, con una evolución en su técnica.

En sus obras sobre jardines refleja y expresa tan bien aquel espacio tan amable y tranquilo que puedes sentirte parte de estos jardines, aunque los crujidos de las antiguas escaleras de madera, cuando subía más gente a la planta de la exposición, te devolvían a la realidad. Si hay algo curioso en torno a estos jardines es la manera en que los concibió el artista, pues como botánico empedernido, fue colocando plantas, fuentes y agua en distintos lugares y de maneras determinadas en función de cómo quedarían en sus cuadros una vez crecieran y pudiera representarlas.

El arte de Sorolla es profundo, alegre y nostálgico. Tiene el poder de llevarte a sus obras y ser un elemento más en estas. Nos muestra sus gustos, su día a día, su paz, la armonía de su vida, su hogar y su familia.

 

Datos útiles:

-Lugar: Segunda planta del Museo Sorolla.

-Dirección: Paseo del General Martínez Campos, 37, 28010 Madrid.

-Web: http://www.museosorolla.es.

-Fechas: desde el 7 de julio (2018) hasta el 20 de enero de 2019.

-Transporte: Metro: Iglesia (línea 1), Rubén Darío (línea 5), Gregorio Marañón (líneas 7 y 10). Autobús: líneas 5, 7, 14, 16, 27, 40, 45, 61, 147 y 150.

-Precios: Entrada general: 3€, entrada reducida (grupos con reserva): 1’50€.

-Horario: Martes a sábado, de 09:30 a 20:00 horas. Domingos y festivos, de 10:00 a 15:00 horas. Lunes: cerrado.