Por Érika ZURBANO @erikazurbano

Pioneras, luchadoras e incomprendidas. Así eran y así son. Se acerca el 8 de marzo y desde Artenea queremos homenajear y abrir una ventana por todas aquellas artistas a las que les fueron cerradas tantas puertas.

Si bien los inicios de muchos artistas no fueron un camino de rosas, en el caso de las mujeres artistas se puede hablar de un desfiladero de rocas. La Historia del Arte ha sido escrita por personas a las que la sociedad de la época dio la espalda por romper con las normas establecidas y trazar nuevos caminos. Si a esa actitud transgresora le sumas el hecho de ser mujer, la mezcla resulta explosiva. Pero, lejos de amedrentarse, esas mujeres aprendieron a transformar los obstáculos en ideas, los noes en “volveré” y los pinceles en altavoces.

 

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Acción de Guerrilla Girls. Fuente: Stopart.com

 

Primero un poco de historia

“¿Por qué no han existido grandes artistas mujeres?” fue el interrogante al que trató de responder la historiadora estadounidense Linda Nochlin en un artículo homónimo publicado en la revista Art News en 1971. Casi 40 años después, el texto y el problema que Nochlin planteó siguen vigentes. La ausencia de nombres femeninos en la Historia del Arte no se debe a que en el pasado no hubiese mujeres que supieran pintar, esculpir o crear; en definitiva, no es cuestión de falta de talento, sino de falta de oportunidades.

A lo largo de la historia, las mujeres fueron excluidas de forma sistemática del ámbito público y qué decir tiene del académico; su sitio y su rol se reducían a las cuatro paredes de su casa. El siglo XIX fue su particular «Siglo de las Luces», en el que aparecieron los primeros talleres y se llevaron a cabo pequeñas exposiciones de mujeres artistas que luchaban por hacerse un hueco en ese mundo de hombres. Aun así, tenían prohibido el estudio del desnudo, lo que limitaba su labor artística y relegaba sus creaciones al arte menor. Su actividad artística, además, era considerada más un hobby para matar el tiempo que como un trabajo, puesto que no recibían ningún tipo de remuneración a cambio.

Poco a poco, con la llegada de movimientos artísticos como el Impresionismo, que se replantearon los postulados academicistas de la época, algunos maestros y artistas abrieron las puertas de sus talleres a unas pocas “privilegiadas”, como fue el caso de Eva Gonzalès, la única alumna que tuvo Édouard Manet.

Pese a los pequeños avances de finales del siglo XIX, no fue hasta bien entrado el siglo XX, con la llegada de las vanguardias, que las mujeres artistas consiguieron hacerse un hueco en el mundo del arte. Hasta entonces, las escuelas de arte y las galerías pertenecían a hombres, los historiadores eran hombres, los críticos de arte eran hombres… Hombres, hombres y más hombres. Por ello, las primeras artistas que se ganaron el reconocimiento de la crítica y del público fueron mujeres arrolladoras, con carácter, independientes y con una fuerte personalidad, capaces de transformar el concepto de musa o acompañante en el de autora.

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Fotografía de Vivian Maier. Fuente: Europa.eu

Tamara de Lempicka, Frida Kahlo, Sophie Taeuber, Leonora Carrington… Todas ellas abrieron el camino a otras artistas hacia el arte moderno. También hubo figuras menos conocidas que, sin embargo, dejaron igualmente huella: desde escultoras como Anna Coleman Ladd, que cinceló máscaras protésicas para soldados que habían vuelto de la Primera Guerra Mundial con el rostro desfigurado, a Vivian Maier, una niñera cuya obra descubierta póstumamente la consagró como una de las mejores fotógrafas norteamericanas del siglo XIX, pasando por Rose Valland, la historiadora de arte francesa que saboteó el robo de casi 45.000 obras de arte por parte de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Hay millones de nombres que merecen ser recordados e historias que deben ser contadas, pero el tiempo y los libros de arte han alimentado su olvido. Algunas recibieron su merecido reconocimiento en vida, aunque después los historiadores decidieran ahorrarse tinta y papel en ellas; otras no llegaron a ver cómo su obra se convertía en todo un referente para el mundo del arte; y las creaciones de otras muchas siguen olvidadas en un desván del que nadie sabe si algún día conseguirán salir.

Entre todas han reivindicado el papel de la mujer en el mundo del arte, pero sigue habiendo un largo camino por delante hasta que se les dé el mismo espacio que a los hombres.

 

Cifras que hacen saltar las alarmas

A pesar de los cambios positivos y la apertura del mundo académico a las mujeres, en el arte sigue reinando un desequilibrio que constatan datos como los siguientes:

  • En las escuelas de Bellas Artes el 60% de los alumnos son mujeres, pero el 70% de los premios de arte van a parar en manos de hombres.
  • El 80% de los cargos directivos de los museos son hombres.
  • Según la UNESCO, el 66% de los ministros de cultura a nivel mundial son hombres.
  • Un estudio realizado por la Universidad de Luxemburgo reveló que las obras realizadas por mujeres se venden un 47% más baratas que las de los hombres.
  • El porcentaje de exposiciones individuales que museos como el MoMA, el Whitney, el Guggenheim, el MOCA y el LACMA dedican a mujeres artistas se sitúa por debajo de un 20%.
  • El grupo activista Guerrilla Girls denuncia que solo el 5% de las obras del MOMA han sido creadas por mujeres; sin embargo, el 85% de los desnudos expuestos son de figuras femeninas.
  • De las casi 1.700 obras expuestas en el Museo del Prado, solo seis tienen autoría femenina (Sofonisba Anguissola, Clara Peeters y Artemisia Gentileschi). Además, el que es considerado el cuarto mejor museo de Europa ha realizado una única exposición individual de una mujer artista en sus 200 años de historia.

 

En vista de estas cifras, en los últimos años han sido numerosas las iniciativas llevadas a cabo por artistas y grupos que reivindican un mayor reconocimiento a la labor artística femenina que, en ocasiones, pasa casi inadvertida. Sin ir más lejos, en la Feria Internacional de ARCO del pasado año, la artista Yolanda Domínguez, en colaboración con otras compañeras, llevó a cabo un proyecto para visibilizar a las autoras que

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Iniciativa “Estamos aquí”, Feria ARCO 2018. Fuente: Yolandadominguez.com

formaban parte de dicha feria, que en 2017 habían sido solo un 5% de la totalidad de artistas. La propuesta “Estamos aquí” de Domínguez consistió en pasearse por la feria con símbolos de geolocalización como los de Google Maps para que la gente pudiera reconocerlas fácilmente. Fuera de nuestras fronteras, grupos como The Ardorous y Guerrilla Girls han dado un golpe sobre la mesa y luchan por fortalecer la presencia de las mujeres en el ámbito artístico. Este tipo de iniciativas se cuestionan, entre otras cosas, el desequilibrio de género en los museos y el origen de la concepción actual de la feminidad, tratando de romper con los arcaicos clichés de la mujer pasiva o la mujer fatal (femme fatale).

En esta última idea ahonda la experta en arte Erika Bornay en su libro titulado Las hijas de Lilith. Bornay muestra la herramienta tan poderosa que puede llegar a ser el arte para la socialización y la creación de ideas; una herramienta que hasta hace poco ha estado en manos de hombres que, en ocasiones, y a golpe de pincel, han ofrecido una visión sesgada, distorsionada y misógina de la mujer fatal, pecadora, desobediente y libertina en respuesta a la labor de las mujeres trabajadoras e independientes que se negaban a seguir lo impuesto por la sociedad de la época.

 

Mujeres que

Muchas mujeres han pasado de puntillas por los libros de historia atadas a una losa con nombre de preposición: la “mujer de”, la “hermana de”, la “amiga de”… Pero lo cierto es que esas mujeres tenían un nombre y una vida más allá del hombre en cuestión que se hubiese cruzado por ella. Este fue el caso de artistas como Berthe Morisot (cuñada de Édouard Manet), Camille Claudel (alumna y amante de Auguste Rodin que enloqueció por su tormentosa relación con el escultor), Sonia Delaunay (mujer del también pintor

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Obra de The Ardorous. Fuente: Facebook The Ardorous.

Robert Delaunay), Delia del Carril (mujer de Pablo Neruda que abandonó su carrera artística por volcarse en la del poeta), Helena Sorolla (hija del pintor Joaquín Sorolla, a la sombra de quien permaneció siempre) y una interminable lista. A muchas de esas mujeres, los hombres que las eclipsaron les deben parte o la totalidad de su fama, ya que en algunos casos ellos se llevaban el mérito del trabajo realizado por ellas. Este fue el caso de la pintora estadounidense Margaret Keane, a quien su marido trató de robar sus obras atribuyéndoselas a sí mismo, como puede verse en la película de Tim Burton Big Eyes. Tania Balló, autora de Las sinsombrero: Sin ellas, la historia no está completa, reivindica el papel activo de las mujeres en la historia. Para ella no existen la “mujer de”, la “hermana de”, la “amiga de”… sino las “mujeres que”. Mujeres que lucharon por desprenderse del corsé que la sociedad y, sobre todo, las élites académicas del momento les habían impuesto; mujeres que, en la actualidad, reivindican su figura de creadoras dentro del mundo del arte, igual de relevante que la de los hombres; mujeres que seguirán escribiendo la historia con pincel, aunque la suya no sea recordada con tinta.

 

 

Referencias bibliográficas

  1. Nochlin, L., (1971). Why have there been no great female artists?, Art News.
  2. Bornay, E., (2004). Las hijas de Lilith, CÁTEDRA.
  3. Balló, T., (2016). Las sinsombrero: Sin ellas, la historia no está completa, ESPASA.