Por Paloma ÁLVAREZ @palomalvarezrod
El amor y el arte, en todas sus vertientes, han ido siempre de la mano. En la Historia del Arte hay múltiples ejemplos de relaciones amorosas, a veces tortuosas, a veces pasionales, que han dejado para la posteridad obras estrechamente relacionadas con la sentimentalidad de las parejas.
El escultor Auguste Rodin (1840-1917) y su pupila Camille Claudel (1864-1943) protagonizaron una de las relaciones amorosas más célebres, por la intensidad y sufrimiento con los que vivieron su romance, que duró aproximadamente diez años y que tuvo un funesto desenlace.

La joven escultora contaba con apenas 20 años cuando, siendo alumna de Rodin, se enamoró perdidamente de él. Fue más que su amante: fue su musa y su fiel compañera en el ambiente artístico de París. Camille se convirtió en poco tiempo en una de las discípulas más destacadas de Auguste Rodin, y su admiración por él fue innegable y abrumadora.

Camille CLAUDEL, Busto de Rodin, 1882
De 1866, el Museo Rodin conserva esta carta de Auguste a Camille, en la que se leen fragmentos tan vehementes como el siguiente:
«Te beso las manos amiga mía, tú que me das tan profundos y ardientes goces, a tu lado, mi alma existe con fuerza y, en su furor amoroso, tu respeto siempre está por encima. El respeto que tengo por tu carácter, por ti mi Camille es una causa de mi violenta pasión. no me trates despiadadamente te pido tan poco.»

Carta de Auguste Rodin a Camille Claudel, 1886
Camille Claudel ayudó a Rodin en múltiples obras, siendo negada su colaboración en varias ocasiones, como en Las Puertas del Infierno, encargada a Rodin para el Museo de Artes Decorativas de París. El talento de la mujer era temido por Rodin, que no quiso reconocer a la artista sus aportaciones ni su valía.

Auguste RODIN, Las puertas del Infierno, 1880-1917
Pese al sello indiscutible de Rodin, que se aprecia en las primeras obras de Claudel, lejos de copiar a su maestro y amante, ella imprimió a sus esculturas un toque propio y de gran calidad, que no fue lo suficientemente valorado en su momento. No llegó a alcanzar su plenitud artística por la incompresión de la época: su madre no compartía ni entendía la inclinación artística de la joven, que no era propia de una mujer burguesa.
Por estar a la sombra de un amor no correspondido, Camille comenzó a sufrir crisis nerviosas, que la llevaron a destruir varias de sus obras. La promiscuidad del artista, ya casado y con otra amante, llevó a Camille Claudel a enloquecer de celos. Las discusiones entre ambos eran continuas y coléricas, y las promesas de amor en exclusividad del escultor nunca se cumplieron.
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Camille CLAUDEL, La fortuna, 1900
La obra El abandono fue la respuesta desesperada de la escultora a un amor tormentoso, que contrasta con El beso de Auguste Rodin:

Camille CLAUDEL, El abandono, 1888

Auguste RODIN, El beso, 1886
La relación terminó bruscamente cuando Camille fue obligada por Rodin a abortar. Humillada, destrozada por ver al amor de su vida con otras mujeres, por ser utilizada y engañada, la artista se sumió en una enfermedad mental que la llevó a encerrarse en su estudio. Perdió la juventud y la belleza esculpiendo una y otra vez cabezas de bebés que luego destruía, y sus únicos compañeros, en mitad de la miseria y sin el apoyo de nadie, fueron los gatos callejeros que convivían con ella en el taller. Finalmente, su familia decidió ingresarla en el hospital psiquiátrico de Montdevergues, donde pasó los últimos treinta años de su vida.
La dolorosa relación entre Camille Claudel y Rodin, y la triste historia de la escultora, fue inmortalizada por el director Bruno Nuytten en 1988, en la película La pasión de Camille Claudel, interpretada por Isabel Adjani y Gerard Depardieu.

Carátula de La pasión de Camille Claudel, 1988
De 2013, hay otra película basada en la historia de la escultora. Bruno Dumont dirige el filme Camille Claudel 1915:
TRÁILER DE CAMILLE CLAUDEL 1915 BRUNO DUMONT (2013)
El Musée d’Orsay comenta una de las obras más conocidas de la escultora, La edad madura. Pincha sobre la imagen para acceder a la página:
Camille CLAUDEL, La edad madura, 1902


