Por Sara Rebeca POVEDA @SaraRebeca2
Desde el 6 de febrero el Espacio Fundación Telefónica alberga la exposición Bill Viola. Espejos de lo invisible que, a través de videoinstalaciones, presenta el gran viaje personal del autor. Una recopilación de obras desde primeras a las más actuales.
La muestra Bill Viola. Espejos de lo invisible del videoartista neoyorquino -que abarca un total de 17 obras reveladoras- ya fue acogida con anterioridad en Barcelona por la Fundació Catalunya La Pedrera y ahora, de la mano de la misma, es expuesta en la planta 4 del Espacio Fundación Telefónica.
Comisariada por Kira Perov –la directora del Bill Viola Studio– la exhibición refleja la preocupación del ser humano por entender su propia naturaleza y el carrusel de emociones que atraviesa el mismo al pensar en la finitud de su existencia. Del mismo modo, es notable la evolución del artista en lo que respecta a la tecnología del vídeo, tal y como se aprecia si comparamos sus primeras obras, en las que experimenta con la imagen electrónica, con las últimas, en las que usa con gran destreza recursos como el slow motion o el montaje en bucle.
Considerado como uno de precursores del videoarte, Bill Viola se ha convertido en uno de los artistas más influyentes internacionalmente, capaz de reflejar a través de los nuevos medios audiovisuales las cuestiones más complejas del alma humana.
En sus obras explora aspectos como la soledad, el paso del tiempo, la espiritualidad, la muerte, el nacimiento, el dolor o la redención.
Una mirada a cámara lenta
Tan intimidante como enigmática es la respiración del artista que recibe al espectador nada más adentrarse en la exposición. Es aquí cuando se produce la unión de sonido e imagen que permite apreciar la obra en su conjunto, ya que, seguidamente, el semblante de Viola en blanco y negro es proyectado en un monitor de caja, sorprendiendo al visitante al clavar la mirada en su pupila. Insertado en la pared, un aparato va registrando el número de respiraciones que realiza el autor.

Con Incrementation (1996) Viola pone de manifiesto su interés hacia conceptos universales como la vida y la muerte e interpela de manera directa al visitante.
Su ecuménico aliento conecta de tal manera con el espectador que éste no es capaz de diferenciar qué jadeo pertenece a quién. De esta manera, Viola pone al observador de su pieza cara a cara con la fugacidad de su propia existencia.
Almas encendidas por expresiones cautivas
Avanzando en la exposición, aparece Anima (2000), ejemplar que señala las cuatro emociones primigenias: pena, alegría, miedo y rabia. Este estudio produce un gran asombro en el público, pues, debido a la hiperralentización del vídeo, en un primer momento esta serie de retratos pasa desapercibida por muchos. Pero, al fijar la vista de nuevo –tras contemplar las obras contiguas–, se percibe el cambio de gesticulación y posición de los actores. De esta manera, el visitante reconoce, a través de los frágiles matices expresivos, las descarnadas emociones humanas. Igual que el individuo no percibe el paso de los años en su rostro a no ser que deje de mirarse en el espejo por un tiempo, la mejor forma de apreciar esta obra es alejándose de ella y volviendo a mirarla después de un lapso subjetivo, ya que los cambios a lo largo de los ochenta y dos minutos de reproducción son tan sutiles que tan sólo así son perceptibles.
Viola también destaca por su capacidad de evocar la sensación de eternidad gracias, en parte, al montaje en bucle. Prueba de ello es Four Hands (2001); cuatro pantallas que capturan cuatro pares de manos de distintas edades. Transitando de la niñez a la senectud, éstas representan a tres generaciones –hijo, padres y abuela– que van realizando una serie de gestos a una velocidad deliberadamente lenta. De esta forma, esas manos que manipulan el tiempo ––que a su vez se ve reflejado en ellas de manera gradual– se convierten en un componente universal con el que los asistentes se sienten identificados; ahí ven a su madre, a su abuela, a sus hijos y a ellos mismos.
“Toco temas que son universales y, puesto que no utilizan ningún idioma ––no hay diálogos ni texto––, mis obras son accesibles a personas de diferentes culturas. Para mí lo importante es que las obras permitan a los espectadores reflexionar sobre estos temas y que pasen un tiempo no sólo con ellas, sino también con ellos mismos” Viola, 2017.

Aproximándose el final, merece la pena pararse a contemplar The Innocents (2007), una pieza de dos pantallas que muestra en vídeo a dos jóvenes acercándose pausadamente desde la lejanía. Conforme progresan, destruyen lo que parece ser una película de agua. Cabe recordar que el agua es un componente periódico y cíclico en las obras de Viola y suele representar pureza, serenidad, calma o paz. No obstante, en The Innocents parece simbolizar el líquido amniótico que recubre a una persona al llegar a este mundo. Los adolescentes bañados por agua se manifiestan confusos ante la incertidumbre de su devenir. Mediante microexpresiones se observa la aflicción de ambos al tomar conciencia de su mortalidad.
Tristeza, sorpresa, decepción, incredulidad, resignación… Todo un pantone de emociones que describen el punto de inflexión en la vida de un ser humano al recaer en lo acotado de su travesía por este planeta. Incluso parece que ambos muchachos imploran al espectador auxilio y protección al haber aterrizado en este espacio terrenal. Una vez más, el visitante conecta con la frustración que destilan los jóvenes al percibir que, una vez descendidos a la Tierra, cualquier acción para luchar contra su inexorable destino será en vano.
La esclavitud de un hombre libre

Recorriendo las últimas obras, es inevitable demorarse a examinar Martyrs (2014), compuesta por cuatro individuos –cada uno en una pantalla independiente– que representan la pugna contra los cuatro elementos: agua, fuego, tierra y aire. En el centro de la escena, el visitante se encuentra rodeado por cuatro personas que están siendo atacadas por cuatro energías elementales. Sin embargo, ninguno de ellos se defiende ante la agresión –todo lo contrario–, perseveran y resisten incluso los embates más vehementes, mostrando así su sacrificio y fortaleza.
El primer impulso que podría sentir quien presencia la obra sería el de ayudar al varón en llamas; apagar el fuego que lo consume y lo envuelve. Sin embargo, se percibe la determinación en sus ojos, la decisión de gobernar su sino, el libre albedrío que prevalece ante los pensamientos y acciones de quienes intentan dominarlo.
Y eso es lo que prima, la libertad y el respeto en contraposición a la inherente voluntad del ser humano de querer ayudar y tal vez, la instintiva e inconsciente pretenciosidad de querer tomar el timón del barco ajeno, aunque este se encuentre a la deriva.
Así, el observador se encuentra con un sujeto en llamas mirándole a los ojos y transmitiéndole a través de su lenguaje no verbal su decisión de permanecer inmóvil. Puede que ahora se esté arrepintiendo, o puede que no, la única sensación que se advierte es la de un hombre que ha decidido aferrarse a una silla en llamas. Con las manos en su regazo, transmite la serenidad de quien confía en lo que hace tras haberlo meditado detenidamente. De este modo, Viola nos invita a observar; encadenando al visitante le desvela quién lleva los grilletes.
“El término griego del que deriva mártir significaba originariamente ‘testigo’. En el mundo actual, los medios de comunicación nos convierten a todos en testigos del sufrimiento de los demás. También ilustra la capacidad humana de soportar el dolor, el sufrimiento e incluso la muerte por mantenerse fiel a una moral, unas creencias y unos principios” Perov y Viola.
Buceando entre sueños
Finalmente, Autorretrato Sumergido (2013) de Viola cierra la exposición.
En una pantalla plana aparece el artista inmerso en agua, descansando plácidamente en aparente estado Zen. El estremecedor contraste de luces y sombras no hace más que acrecentar la ilusión de que el ser yacente se ha transportado al plano espiritual.
Sin embargo, las ondas del agua le otorgan movimiento a la imagen, devolviendo el latido al corazón del autor y tranquilizando al visitante en la sala.
Como quien observa un pez inerte en el río, pero tiene la certeza de que se mantiene con vida, presenciamos a un ser humano arropado por lo único que se ha mantenido constante e inalterable a lo largo de los años, testigo del nacimiento de nuevas almas y del fallecimiento de otras: el agua.
Como el propio creador alega: “Los retratos de agua son inquietantes porque el agua no es medio natural de los seres humanos, pero en ella se nos muestran personas soñadoras que parecen sentirse a gusto en este mundo acuático que las mece delicadamente, capaces de sobrevivir misteriosamente sin necesidad de respirar”.
Una caja torácica cubierta de espejos
Viola envuelve nuestra armadura de cristales que reflejan lo que verdaderamente somos.
Aquello común a la especie y genuino en cada individuo. Axiomas demoledores hechos a medida por cada uno de nosotros, vidrios que se rompen por el silencio atronador que nos exclama –honestamente– secretos de páginas que un día decidimos arrancar de nuestro diario, verdades que un día olvidamos y nunca nos atrevimos a volver a escuchar.
Cabe mencionar el recorrido artístico de Viola pues sus exposiciones han sido acogidas por museos de gran calibre internacional como el Whitney Museum of American Art, el Museo de Arte Mori de Tokio, en el Grand Palais de París, en la Royal Academy de Londres y el J. Paul Getty Museum de Los Ángeles.
Dentro de España, su muestra ha sido recibida en numerosos espacios como el Museo Guggenheim de Bilbao, la Alhambra de Granada o la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid.
*La muestra se iba a poder visitar en el museo madrileño hasta el 17 de mayo, pero debido al cierre de la institución por la situación sanitaria, tienen previsto abrir de nuevo las puertas al público en junio y alargarán la exposición.
DATOS ÚTILES
- Lugar: Espacio Fundación Telefónica
- Localización: Calle de Fuencarral, 3, 28004, Madrid
- Web: https://espacio.fundaciontelefonica.com/evento/bill-viola-espejos-de-lo-invisible/
- Fecha: Del 6 de febrero hasta fecha sin determinar
- Transporte:
- Autobús: 1, 2, 3, 46, 74, 146, M2
- Metro: Gran Vía (L1, L5)
- Cercanías: Madrid- Sol
- Horario: De martes a domingo, de 10:00 a 20:00
- Precio: Gratuito

