Por Elsa SALOM @salom_elsa

Madrid puede presumir de sus calles, de su cultura y de su gente pero, sobre todo, de su arte. La capital española alberga una gran cantidad de museos destacados a nivel mundial; entre ellos, el Museo del Prado y el Reina Sofía. Madrid es a día de hoy el centro neurálgico artístico del país y un referente mundial del arte.

Para celebrar el sexto aniversario de Artenea, queremos presentaros seis joyas pictóricas que podrás ver en Madrid. Se trata de seis cuadros imprescindibles, verdaderos tesoros que residen en los museos más relevantes de la capital. Hablaremos de la historia que se esconde tras el «Guernica» de Picasso, el surrealismo de «Un Mundo» de la joven Ángeles Santos, las famosísimas «Meninas» de Velázquez, el inmenso paraíso de El Bosco pintado en «El jardín de las delicias», la belleza de «Giovanna Tornabuoni» de Ghirlandaio y finalmente, daremos un «Paseo a orillas del mar» con Sorolla.

1. Guernica (1937), Pablo Picasso -Museo Reina Sofía

«Guernica» (1937), Pablo Picasso

Abril de 1937, Guernica. El bombardeo en plena Guerra Civil (1936-1939) por parte de la Legión Cóndor saquea las calles del pequeño municipio del País Vasco y deja cientos de muertos. 

Pablo Picasso (Málaga, 1881-1973), reconocidísimo pintor y padre del Cubismo, decide plasmar el horror del suceso en un lienzo inmenso (3,49 m x 7,77 m). Tras dos meses de elaboración, la obra es presentada públicamente en la Exposición Internacional de París de 1937 con el fin de recaudar fondos para la Segunda República Española (1931-1939).

Flor desdibujada de Guernica

El cuadro está cargado de dramatismo y presenta infinitos símbolos que merecen un estudio exhaustivo. Los rostros de los personajes son angustiantes, personas desesperadas con llanto, angustia y horror. Los elementos tales como la bombilla o la flor son elegidos cuidadosamente y presentan gran carga simbólica. Por ejemplo, la pequeña flor desdibujada que crece entre las grietas nos transmite esperanza entre el horror.

Dora Maar, actual pareja del cubista durante la creación de la obra documenta y fotografía el proceso. Gracias a su interés y pasión por el arte de Picasso, hoy podemos acompañar al genio en la gestación del Guernica, que se convierte en el proceso creativo mejor documentado de la historia del arte.

El Guernica tiene historia y recorrido. Tras ser presentada en la Exposición Universal y poco aclamada por el público, la obra viaja de país en país para ser expuesta hasta instalarse en el MoMA de Nueva York. No es hasta el fin de la dictadura (1939-1975) cuando el cuadro vuelve a su lugar de origen, una vez recuperada la total libertad. Así pues, la obra se convierte en un símbolo de libertad y en una señal de esperanza.

La obra inmensa del malagueño es a día de hoy una de las pinturas más importantes del arte contemporáneo y de la historia de España, pues narra un hecho devastador que marcó un antes y un después para el país.

2. Un mundo (1929), Ángeles Santos -Museo Reina Sofía

«Un mundo» (1929), Ángeles Santos

Un mundo de la pintora Ángeles Santos es una joya pictórica surrealista que, injustamente, pocos conocen. La artista pinta esta compleja obra con tan solo dieciocho años y la presenta en el Salón de Otoño de Madrid de 1929. La pintura causa furor y asombro por la joven promesa del arte. Incluso el escritor Gómez de la Serna habla de ella como una «revelación, que aparece como Santa Teresa de la pintura». Es de admirar el trabajo de una niña de Valladolid, autodidacta y alejada de la urbanización, sin estímulos externos ni influencias pictóricas. Santos pintará obras surrealistas pero también se moverá entre el Realismo mágico y la Nueva Objetividad. En ellas, reivindicará el papel de la mujer y hará denuncia social usando su propio estilo.

Un mundo, pintado en un lienzo de grandes dimensiones (3 m x 3 m), muestra un mundo místico, fantástico e incluso onírico. Es una obra moderna, original y impactante. En ella, se presenta un universo con una especie de planeta en el centro, una escalera que asciende al cielo y una gran cantidad de figuras ondulantes que deambulan por el mundo de la joven artista.

Ángeles Santos

Desafortunadamente, la familia de la joven promesa le corta las alas y la desprecia por su pasión por la pintura. Santos ingresará en un sanatorio donde pasará gran parte de su vida. Nunca dejará de pintar pero abandonará su mundo de rebeldía, reivindicación y magia.

Sin duda alguna, Ángeles Santos fue una mujer pionera, adelantada a su tiempo, que se hizo un hueco en el mundo masculino de los años 20 en España. Aunque la sociedad de aquella época la repudiara por su lucha por la igualdad y su mentalidad tan moderna, la pintora dejó huella en la historia del arte.

3. Las Meninas (1656), Diego Velázquez -Museo del Prado

3. «Las Meninas» (1656), Diego Velázquez – Museo del Prado

La joya barroca española por excelencia debe estar entre la lista de mejores pinturas que posee Madrid. Las Meninas es sin duda alguna la obra símbolo del arte español y la pintura más preciada que conserva el Museo del Prado. Es una obra para pintores, pues genera un gran impacto en los artistas posteriores, que copian la técnica de Velázquez e incluso reproducen la totalidad de la obra con leves cambios. Por ejemplo, el cubista Picasso representará la obra barroca en numerosas ocasiones.

Se trata de un cuadro monárquico pintado por encargo de la corte. A simple vista, es una obra simple y accesible para el público. La Infanta Margarita, situada en el centro, representa el papel central de la obra. Así pues, la Infanta junto a las damas y niñas de la escena dan nombre a la obra: meninas, término portugués que significa las niñas.

Velázquez pinta una escena cotidiana. El significado inmediato es sencillo. Se trata de una representación grupal con unos protagonistas reales que desempeñan funciones creíbles. No obstante, el pintor se encarga de adentrar al espectador en un mundo complejo y misterioso: el ilusionismo. La gran cantidad de detalles tales como la puerta trasera, el espejo que refleja a la realeza o el propio artista pintando desatan un sinfín de interpretaciones.

Observar Las Meninas en el Prado es toda una experiencia. Las grandes dimensiones, los colores envolventes y las miradas penetrantes de los personajes adentran al espectador en la propia sala de la corte. La obra marca un antes y un después en el mundo del arte. La técnica, la perspectiva y el efecto visual jamás habían sido trabajadas de tal manera como lo hizo el pintor del Siglo de Oro español.

4. El jardín de las delicias (1490-1500), El Bosco -Museo del Prado

4. «El jardín de las delicias» (1503-1515), El Bosco – Museo del Prado

Tres mundos, una obra. Génesis, paraíso e infierno. Nos adentramos ahora en los mundos de El Bosco, un pintor medieval holandés que desató un enigma sin resolver con este magnífico tríptico que reside hoy en el Museo del Prado. Esta compleja elaboración, perteneciente a la Escuela Flamenca, ha generado miles de preguntas a pintores y estudiosos. Es inquietante y un tanto perturbador. Nuestros ojos no saben dónde mirar, pero no pueden parar de hacerlo.

Detalle de El jardín de las delicias

El Bosco pinta con este gran tríptico el destino de la humanidad y el pecado. Se trata de una obra religiosa, donde se muestra la división del cielo con el paraíso terrenal por una parte y el infierno por otra. En el panel izquierdo podemos apreciar a Adán y Eva en el paraíso mientras que en el derecho son enviados al infierno por cometer el pecado. El centro de la obra relata el mundo de los sentidos y reúne los pecados capitales como la lujuria. La cantidad de figuras desnudas practicando relaciones tanto homosexuales como heterosexuales genera un ambiente elevadamente erótico. Todos y cada uno de los personajes producen un enigma imposible de resolver. Debemos observar con lupa los miles de detalles minuciosos de El Bosco. Animales, frutas, vegetación, criaturas monstruosas y objetos aleatorios como unos dados o una armadura forman esta gran alegoría.

El caos representado en este jeroglífico no es más que una denuncia a la sociedad medieval en la que se encuentra el propio pintor. La sátira y la burla, presentes en El jardín de las delicias, sirven para plasmar la realidad en el mundo onírico de El Bosco. El humano se guía por las pasiones e impulsos mundanos y constantemente comete pecados. Asimismo, a pesar de la condición religiosa del autor, la obra también carga con el poder eclesiástico. La inestabilidad religiosa provocada por el protestantismo y el reformismo luterano generan en la sociedad cierto desconcierto e insatisfacción. Así pues, el pintor consigue unir ambas funciones de la pintura, tanto la artística como la social.

La obra de El Bosco no dejará indiferente a los artistas posteriores y servirá de inspiración para muchos pintores como el surrealista Dalí.

5. Retrato de Giovanna degli Albizzi Tornabuoni (1489–1490), Domenico Ghirlandaio – Museo Thyssen-Bornemisza

«Retrato de Giovanna degli Albizzi Tornabuoni» ( 1489–1490), Domenico Ghirlandaio

El Museo Thyssen-Bornemisza puede presumir de tener en sus manos una de las obras que mejor representan el retrato del Quattrocento florentino. El rostro inexpresivo de Tornabuoni y su aspecto sublime demuestran la más pura influencia clásica. Ella se presenta hierática, de perfil, con un rostro inexpresivo y sereno. Las proporciones de su cuerpo son idealizadas y sus facciones embellecidas.

A modo de curiosidad, la medalla que cuelga de la dama revela la identidad de retratada. El grabador Niccolò Fiorentino dibuja su nombre en la joya, que se encuentra a día de hoy en National Gallery of Art de Washington ¿Quién es ella? Giovanna Tornabuoni es una joven perteneciente a la alta burguesía de Florencia del Quattrocento. Contrae matrimonio con Lorenzo, de la famosa familia italiana de los Médici. Ambos tienen dos hijos y, desafortunadamente, Giovanna muere en su segundo parto a muy temprana edad. La figura de Tornuaboni se convierte en uno de los rostros más conocidos de la época, pues es representada por autores como Domenico Ghiraldaio o Sandro Botticelli.

Esta sofisticada obra define a la perfección el arte del Quattrocento italiano ya que reúne todas las características que definen el movimiento. La belleza de la retratada produce admiración e introduce al espectador en un mundo idealizado e incluso divino. El texto que aparece en la obra podría resumir perfectamente la belleza que el pintor quiere transmitir: «¿Podría el arte retratar su carácter y virtud? Ninguna pintura en el mundo podría ser más hermosa. 1488». Ciertamente, lo consigue.

6. Paseo a orillas del mar (1909), Joaquín Sorolla -Museo Sorolla

«Paseo a orillas del mar» (1909), Sorolla

Finalizamos nuestro viaje artístico dando un bonito paseo por la playa de Valencia. Paseo a orillas del mar presenta a Clotilde y María, la mujer e hija mayor del pintor valenciano. La luz se convierte en el elemento predominante y genera una atmósfera muy particular.

La técnica tan personal de Sorolla permite apreciar la brisa marinera, la ondulación de los ropajes de las damas y el cálido día de verano. Largas pinceladas con tonos azules, blancos y malvas componen la obra. La perspectiva que utiliza nos recuerda a una imagen instantánea.

Autorretrato de Joaquín Sorolla

A lo largo de su carrera artística, Sorolla viaja y se nutre de otros pintores. No obstante, el artista creará un movimiento propio: el luminismo. La transición a la modernidad y la búsqueda de nuevas formas de hacer arte impulsan a Sorolla a crear nuevas técnicas. El juego con la luz y el interés por capturar impresiones definen la obra del pintor y determinan toda su carrera artística.

Sí, el cuadro recuerda a un anuncio de verano y aunque pueda parecer coincidencia no lo es. El paisaje idílico, las damas paseando y el clima soñado son la mejor combinación para presentar un lugar. Es por ello que los anunciantes tomarán el mismo modelo de la obra y se servirán de las mismas técnicas. Es un paseo elegante protagonizado por personas de clase alta, sin preocupaciones ni nada que les estorbe.

Esta obra es pintada en el momento álgido de la carrera artística de Sorolla. Se convierte en la pieza clave del legado del pintor valenciano y es admirada a día de hoy por miles de espectadores. Se encuentra en la preciosa Casa Museo Sorolla, pequeño palacio ubicado en el centro de Madrid donde residía y pintaba el propio autor. Joaquín Sorolla y Bastida, a pesar de su reconocimiento internacional y las grandes influencias que recibe, se mantiene fiel a su costumbrismo y su querido paisaje valenciano.

Hasta aquí nuestro recorrido por los cuadros más importantes de los museos madrileños. Sin duda alguna, son obras sublimes que tienen una historia que contar y un mundo por descubrir. Ha sido difícil seleccionar solo seis obras, pues son cientos los cuadros que merecen ser nombrados. ¿Cuál es tu favorita? ¿Echas en falta alguna obra en nuestra selección?