
Por Giulia SAFON ROVATI @lia_rovati
La ambigüedad se apodera del museo Thyssen Bornemisza de Madrid: llega la exposición temporal ‘Hiperreal. El arte del trampantojo’, una propuesta que logra jugar con nuestras percepciones gracias a la colaboración de la Comunidad de Madrid. A lo largo de más de un centenar de obras que van desde el siglo XV al XXI, el visitante podrá reflexionar sobre los límites entre lo real y lo ficticio, para tomar conciencia de que el mundo que le rodea puede o no ser un engaño.
El Director Artístico, Guillermo Solana, junto a su Jefe de Conservación de Pintura Antigua, Mar Borobia, nos introducen en un viaje de ilusiones del 16 de marzo al 22 de mayo de 2022. El trampantojo, como bien indica su nombre, es una «trampa ante el ojo», es decir, una técnica pictórica que se sirve de juegos tonales, sombras, perspectivas y efectos ópticos para crear ilusiones en el observador.
Estas ilusiones, entendidas como engaños al principio, tienen la finalidad de desvelarse para lograr exhortar la aparición del pensamiento crítico de todo aquel que las percibe. Su objetivo principal es hacernos conscientes de que el mundo no es lo que es, es lo que somos, pues depende de nuestra perspectiva.
Entre obras de época clásica, renacentista, barroca, romántica, contemporánea y moderna, organizadas por temática y escenarios, y no por fechas, el público tendrá la oportunidad de apreciar de nueve maneras distintas la técnica del trampantojo en el arte.
Temáticas de la exposición
Una de las primeras temáticas abordadas en la exposición es la Naturaleza Muerta, también llamada Bodegón, que es la representación en pintura de fruta, flores, animales u objetos de la vida cotidiana, puestos en un espacio para simplemente destacarlos. Pintados con una técnica hiperrealista exquisita, el trazo de los elementos parece ser más real que los elementos en sí, demostrando los confines difusos entre la creación y la realidad.

La ambigüedad es también creada por las figuras que son retratadas saliendo de marcos. Se plantea la posibilidad de que compartamos la misma dimensión, o nosotros entrando o ellos saliendo. De ambas formas, el planteamiento es igual de cierto e ilusorio. A pesar de no ser capaces de entrar del todo, nuestros ojos logran inmiscuirse por los recovecos más recónditos de las pinturas, hechos solo y únicamente para captar nuestra atención y alimentar nuestra curiosidad: hablamos de los vanos, hornacinas y armarios que, detrás de sus puertas de cristal, dejan entrever cantidad de objetos puestos sin motivo, puestos solo para que nos detengamos.
Al detenernos, entendemos que el engaño no deriva solamente de aquello que percibimos, sino también de la motivación que nos lo ha hecho percibir. Muchas veces, la trampa consiste en que no haya trampa y la simpleza del concepto nos desconcierta. Llegamos a un punto en el que pedimos que nos engañen, que nos convenzan de que necesitamos ser engañados, como acontece en los cuadros de tablones y paredes que muestran los objetos usados por el mismo artista para pintar, para embaucarnos.

Aún sabiendo las artimañas del artista, nos quedamos pidiendo más, como cuando presenciamos un truco de magia. La idea de que un conejo desaparezca o de que, como en el caso de La tierra de Giuseppe Arcimboldo, un conejo forme una cara junto a otros animales vistos desde lejos nos parece brillante, porque creer en lo imposible, ya lo hace posible. El cambio de punto de vista exterior también nos cambia el interior.
Lo común se vuelve arte si se presenta de manera distinta. Lo «cualquiera», al ser combinado con otros «cualquiera» de manera presuntamente arbitraria, forma una unidad de gran trascendencia por su equilibrio armónico, mejor llamado quodlibet en música o vida en el contexto del hombre.
Y hasta el mismo arte gana trascendencia si se manifiesta en diferentes formatos, como ocurre en el Díptico de la Anunciación de Jan Van Eyck, en el que se dibujan conjuntos escultóricos marmóreos que juegan a ser reales y que jugando consiguen serlo, pues todos los grados de existencia, tan solo al ser considerados, son reales.


El trampantojo evoluciona con los años, los americanos Harnett, Haberle, Peto y Cope del siglo XIX dan vida a composiciones en las que figuran objetos de uso común que evocan eventos precisos del pasado o que hacen referencia a sucesos más actuales. La idea es involucrarnos en un proceso de búsqueda simbólica.
La valorización del significado simbólico, más allá de la representación artística, es el rasgo identitario de la época moderna, la causante del cisma con el arte anterior y el factor que determina la nueva línea de creación.
En este contexto, aparecen genios como Salvador Dalí, quien con su Máxima Velocidad de la Madona de Rafael, fusiona lo místico y lo nuclear creando un puente entre la dimensión terrestre y la de la imaginación. El trampantojo nunca se trata de lo que ya es, se trata del acto de lanzarse a la conquista de lo que puede llegar a ser.
Isidro Blasco: el broche de oro
El último tramo de la exposición está dominado por la obra del artista madrileño Isidro Blasco. La sala final del recorrido alberga su creación Tren elevado en Brooklyn, un collage de más de doscientas fotografías ilustradas sobre madera que se articulan como una escultura o arquitectura que permite ver desde distintos ángulos un rincón del famoso barrio de Nueva York, obsequiándole una profundidad de tercera dimensión a una composición realizada con planos de dos dimensiones.
Este «puzzle» de perspectivas compone un trampantojo moderno y fantástico, en el que la decadencia de la ciudad norteamericana se asoma entre el óxido de las vigas del tren.

Creada para la ocasión, esta instalación está concebida para ser apreciada por el visitante tanto por delante como por detrás, consintiéndole el derecho a sumergirse en un escenario de gran formato que es real e irreal al mismo tiempo. Esta, como las demás obras artísticas de la exposición, representa el despliegue de posibilidades del ser, que toma conciencia del engaño y llega a apreciarlo como una puerta hacia algo más. El trampantojo implica el aflorar de la intención de perseguir lo inalcanzable.
Datos útiles
Lugar: Museo Nacional Thyssen-Bornemisza
Dirección: Paseo del Prado, 8, 28014, Madrid.
Web:https://www.museothyssen.org/exposiciones/hiperreal-arte-trampantojo?variant=c
Fechas: Del 16 de marzo hasta el 22 de mayo de 2022.
Transporte:
Metro: Banco de España (línea 2).
Autobuses EMT: 1, 2, 5, 9, 10, 14, 15, 20, 27, 34, 37, 45, 51, 52, 53, 74, 146 y 150.
Cercanías: Recoletos (estación más cercana).
Horario: De martes a viernes y domingo, de 10:00 a 19:00. Sábados de 10:00 a 21:00. Lunes cerrado.
Sala: Sala de exposiciones temporales (planta baja)
Precio: Consultar en la web

