Activista pega su mano a Las Majas de Goya el 5 de noviembre de 2022 en el Museo del Prado de Madrid.
Por Giulia SAFON ROVATI @lia_rovati
El mundo del arte se ha visto implicado en las protestas de distintos grupos ecologistas durante el año 2022. Extinction Rebellion, Just Stop Oil. Stop Fossil Fuel Subsidies y Última Generación, han mostrado sus reivindicaciones medioambientales y las han hecho visibles en los museos junto a las grandes obras maestras.
Desde mayo de 2022 hemos presenciado al menos catorce manifestaciones medioambientales dentro de recintos museísticos, que muestran sus reivindicaciones delante de obras de prestigio mundial y relevancia cultural incalculable, en ocasiones lanzando pintura sobre los cristales que las protegen, pegando sus manos a los marcos o escribiendo proclamas en las paredes de las salas donde se alojan.
Protesta tras protesta, un aluvión de comentarios de especialistas en el mundo del arte, artistas y personas de todos los sectores culturales y sociales ha inundado nuestras redes sociales dejando ver posturas encontradas ante estos hechos tan impactantes e inusuales a la hora de reivindicar acciones contra el cambio climático o la sobreexplotación de los recursos del planeta.
Para conocer en detalle lo que ha sucedido, hacemos un recuento de las acciones acometidas, los protagonistas de estos hechos y las posibles motivaciones que se esconden detrás de los hechos.
Recapitulación: recuento de las acciones ecologistas dentro de los museos
La primera vez que nos enteramos de que alguien le había hecho algo a un cuadro para alertar sobre el cambio climático fue en mayo de 2022. Precisamente el 29 de dicho mes, un hombre vestido de anciana en silla de ruedas entró al museo parisino del Louvre y lanzó una tarta al vidrio de La Gioconda (1503-19), la obra más famosa de Leonardo da Vinci.
Al grito de «piensa en la tierra, la gente está destruyendo la tierra», el hombre dejó en claro que su actuación respondía a su deseo de advertir sobre el peligro del calentamiento global.
Lo que parecía una acción aislada no tardó mucho en repetirse, y Pescadores en flor (1889) de Van Gogh sería la segunda víctima. A un mes de distancia, el 30 de junio, una pareja de chicos entraron a la Courtauld Gallery de Londres y, adhiriendo sus manos al marco de la pintura de Van Gogh, explicaron que su principal preocupación era el planeta y su salvaguardia.
Esta vez, la acción no había sido llevada a cabo de manera solitaria, sino que había sido planeada por el movimiento ecologista británico Just Stop Oil.

Manifestantes adheridos al marco de los Pescadores en flor de Van Gogh el 30 de junio de 2022 en la Courtauld Gallery de Londres
En julio, Just Stop Oil volvería a arremeter, esta vez tomando de «rehén» a La carreta de heno (1821) del pintor británico John Constable.
El día 4, dos jóvenes repitieron el mismo patrón de comportamiento en la National Gallery de Londres, pegando a la superficie del cuadro de Constable, además, una imagen impresa de un paisaje bucólico devastado por las energías fósiles.
Un día después, el 5 de julio, la «elegida» sería la copia de La última cena (1520) de Leonardo da Vinci, creada por Giampietrino y conservada en la Royal Academy de Londres.
Escribiendo la frase «No new oil», un grupo de cinco activistas pegados al marco de la obra de arte instaron al Gobierno británico a detener la producción de nuevos combustibles fósiles.

Integrantes del grupo Just Stop Oil en la National Gallery de Londres frente a la pintura La carreta de heno (1821) de John Constable el día 4 de julio de 2022
Lejos de terminar, las protestas aumentaron. En los meses de octubre y noviembre se contabilizaron al menos diez manifestaciones más, llevadas a cabo dentro de distintos museos por parte de activistas medioambientales que repetían las mismas acciones.
Un segundo grupo ecologista se sumó a las «reivindicaciones por el ambiente»: Extinction Rebellion. Este colectivo se encargó de reproducir el mismo modus operandi en la Galería Nacional de Victoria de Melbourne, donde la pintura cubista Masacre en Corea (1951) de Picasso sería blanco de las protestas.
En este caso, llamó la atención que quienes ejecutaran las acciones no fueran jóvenes sino activistas de 49 y 59 años, detalle que indicaba que las demandas estaban dejando de ser «cosa de niños» y que se extendían a otros colectivos usando estrategias distintas.

Manifestación frente a La última cena (1520) de Giampietrino en la Royal Academy de Londres el día 5 de julio de 2022
Los próximos episodios ocurrirían en la National Gallery de Londres con el lanzamiento de sopa de tomate sobre Los Girasoles (1888) de Van Gogh; en el Museo Barberini de Potsdam, cerca de Berlín, con el esparcimiento de puré de papa sobre Los almiares (1890) de Monet; en el Museo Madame Tussauds de Londres, con el lanzamiento de una tarta sobre la figura de cera del Rey Carlos III.
Las manifestaciones se multiplicarían con la participación del grupo de defensa del ambiente Última generación, que daría vida a casos posteriores de protesta contra La joven de la perla (1665-67) de Vermeer en la galería Mauritshuis de La Haya y El sembrador (1888) de Van Gogh en el Palazzo Bonaparte de Roma.

Activistas luego de lanzar sopa de tomate sobre Los Girasoles de Van Gogh el 14 de octubre de 2022 en la National Gallery de Londres
Las Majas (1808-12) de Goya en el Museo del Prado de Madrid, en cambio, serían objetivo de otro colectivo llamado Futuro Vegetal.
Derivada de Extinction Rebellion, Última generación representó un reto mayor porque logró diseminarse a lo largo de Europa generando grupos menores bajo el mismo nombre —pero en diferentes versiones lingüísticas locales—, que se organizaban independientemente y eran más eficaces en sus acciones.
Siguiendo su ejemplo, el grupo Stop Fossil Fuel Subsidies hizo de las suyas provocando un nuevo incidente que involucró a las Latas de sopa Campbell (1962) de Andy Warhol en la Galería Nacional de Camberra, Australia.
Y, antes de terminar el año 2022, el 15 de noviembre, Muerte y Vida (1915) de Klimt en el Museo Leopold de Viena fue la última obra de arte en ser implicada en las protestas ecologistas de tales agrupaciones.
Las motivaciones detrás de las protestas ecologistas
Al observar la gran cantidad de episodios de protesta, podemos imaginarnos que las motivaciones de quienes se movilizan hasta los museos para alertar sobre el cambio climático han de tener gran peso.
Sin embargo, el calentamiento global ha existido desde hace años, ¿por qué reclaman en este preciso momento?
Hay que recordar que las reivindicaciones nacen en Reino Unido, país que a inicios de octubre de 2022 decidió ofrecer licencias de petróleo y gas para aumentar la producción nacional e «impulsar la potencia energética de la nación».La ronda de licencias forma parte de los esfuerzos del nuevo gobierno británico por conseguir abastecimiento energético en un momento en el que todas las naciones europeas están tratando de independizarse del combustible ruso para poder prescindir de Putin y reducir su poder.

Un líquido negro que recuerda al petróleo es arrojado sobre el vidrio de la obra Muerte y Vida de Klimt en el Museo Leopold de Viena el día 15 de noviembre de 2022
En efecto, tras la invasión de Ucrania por parte de Rusia, Europa ha comenzado a buscar alternativas para contrarrestar el dominio de Putin en la región.
No obstante, los defensores del medio ambiente han criticado la nueva política de exploración del Mar del Norte porque consideran que esta iniciativa no proporcionará seguridad energética a largo plazo sino que beneficiará únicamente a las empresas del sector de combustibles fósiles.
Es por esta razón que han decidido tomar cartas en el asunto e innovar en la manera de protestar para no pasar desapercibidos por la población general.
Los protagonistas de las manifestaciones
Los primeros en poner de moda las actuaciones en museos fueron los británicos de Just Stop Oil. Los colectivos de Extinction Rebellion, Stop Fossil Fuel Subsidies y Última generación se incorporaron posteriormente.
En Madrid, en particular, se vio actuar al grupo de Futuro Vegetal, un colectivo de desobediencia civil que se define como un grupo cuya finalidad es «conseguir una soberanía alimentaria basada en plantas», según su página web.
Pero cuando mencionamos estos colectivos, pocas veces nos imaginamos el tipo de gente que hay detrás, que en realidad, para sorpresa de algunos, es gente común, igual que nosotros.
En una entrevista concedida al crítico de arte, artista y youtuber, Antonio García Villarán, el activista Sam, protagonista de la manifestación en el Museo del Prado de Madrid contra Las Majas, explica que es un chico normal de dieciocho años, que estudia fotografía y que ama el arte.
Este pequeño detalle final gana mucho valor a lo largo de toda la charla sostenida entre ambos. El joven, de hecho, aclara que su intención nunca ha sido dañar obras de arte sino usar la importancia del arte para llamar la atención.

Portada del vídeo de Youtube de Villarán sobre la entrevista a Sam, activista de Futuro Vegetal
Completamente consciente del bajo nivel de protección de las obras escogidas, el muchacho explica que, a la hora de pegarse a uno de los cuadros de Las Majas, estuvo muy atento de tocar solamente el marco.
Cuenta, aparte, que decidió escribir «+1.5º C» en la pared —en referencia al aumento de la temperatura terrestre— con pintura y no con spray justamente para evitar salpicar y de alguna forma deteriorar las pinturas de Goya. «No podíamos usar eso [el spray] porque podíamos haber dañado la pintura», comenta Sam.
Cuando se le pregunta por cuánto tiempo seguirán este tipo de protestas, el joven responde que son momentáneas, que no tendría sentido alargarlas por mucho más tiempo porque su objetivo es dar de qué hablar para incidir en la población y lograr presionar a los políticos hasta el punto de conseguir que se destinen fondos para asegurar «una transformación tecnológicamente responsable y una alimentación basada en plantas».
Según él, este proyecto consolidaría la lucha contra el calentamiento global y evitaría el sufrimiento animal. Si las acciones se prolongaran, por el contrario, se perdería el poder mediático y no se lograría nada.
En efecto, hay que remarcar que estas acciones han sido desarrolladas dentro de museos y sobre obras que gozan de fama internacional por ese motivo: se busca escandalizar al público y usar ese escándalo para iniciar un debate que vaya más allá de las obras, que trate nuestra existencia y relación con nuestro planeta.
Posturas encontradas: críticas y elogios
Casi cien responsables de museos de todo el mundo firmaron el 9 de noviembre un comunicado en el que rechazaron las acciones de los activistas dentro de las diversas pinacotecas elegidas hasta el momento.
«Los activistas responsables subestiman la fragilidad de estas irreemplazables obras de patrimonio cultural mundial, que deben ser conservadas. Como directoras y directores de museos responsables de las obras, su peligrosidad nos ha conmovido profundamente», declararon los gestores culturales en un apartado del mismo documento, representando la opinión de una gran parte de la población asustada por la idea de perder su herencia cultural.
Por otra parte, en cambio, algunos especialistas como Teresa Reyes, presidenta de Icom España, se han preocupado más por los efectos negativos de la narrativa que contrapone la naturaleza al arte, considerando que es peligroso concebir ambos campos por separado.

Teresa Reyes, presidenta de ICOM España
«Creemos que no tiene sentido que estos ataques se realicen en los museos porque las obras son de todos. Nos preocupa que el público crea que no estamos alineados con la causa del cambio climático cuando sí lo estamos», comentaba Reyes respondiendo a aquellos que critican a los museos por su elitismo e interés monetario contrario al ambiente.
De hecho, no son pocos quienes señalan desde hace décadas que los museos se han convertido en un desfile de obras cuyo propósito es ostentar «el poder hegemónico de sujetos patriarcales, coloniales y heterocentrados», como afirma el filósofo Paul B Preciado.
Muchos creen que el concepto de museo que se ha manejado hasta ahora es anacrónico y que debe ser superado o renovado por medio de acciones como las impulsadas por estos colectivos de desobediencia civil.
Soluciones propuestas hasta el momento desde los museos
Para algunos, la clave para resolver toda esta cuestión está en la desarticulación de los museos, en la modificación del concepto que tenemos de ellos para impedir que sean únicamente «insaciables máquinas de coleccionar», como los describe el filósofo alemán Boris Groys.
Esto, según los que critican esta postura, transformaría el arte en un vehículo meramente político y se le despojaría de su valor trascendental.
Una opción intermedia sería la propuesta por Manuel Fontán del Junco, director de museos y exposiciones de la Fundación Juan March, quien cree que, alterando la idea que se tiene del museo, se podría llegar a aceptar que las pinacotecas fueran lugares dedicados a performances reivindicativas como las que hemos visto en estos meses, sosteniendo que lo politizado no sería el arte, sino el espacio del museo, que serviría como escenario del pueblo.
Por otra parte completamente opuesta, Tristram Hunt, director del Museo Victoria & Albert de Londres, respalda la idea de desarrollar sistemas de control exhaustivo a la entrada de cada recinto museístico para impedir que otro episodio de protesta se repita.

Miguel Falomir, director del Museo del Prado
No obstante, para algunos contrarios a esta idea, amurallar o aislar para evitar el intercambio con el exterior lo único que hace es perjudicar a la sociedad entera.
El director del Museo del Prado, Miguel Falomir, señala, de hecho, que «los museos no deben de ser fortalezas sino sitios de cultura», reiterando que las medidas de seguridad se pueden reforzar, pero que el «riesgo cero no existe».
Conclusión: ¿de qué se trata todo esto?
El tema de las manifestaciones engloba, en realidad, muchos más matices que trascienden los objetivos iniciales defendidos por los grupos ambientalistas y que llegan incluso a rozar la necesidad de debatir sobre el porqué del arte en sí.
Las protestas, de hecho, han logrado hacer visible no solo cuestiones ambientales de gran relevancia que, de otro modo, no hubieran llamado la atención de la opinión pública sino también cuestiones relacionadas con el arte y los museos, que tantas veces son pasadas por alto.
Y esa es la verdadera victoria de los activistas. Han logrado que todos los sectores de la sociedad, por más diversos que sean entre sí, se detengan por lo menos por una vez a preguntarse si están haciendo bien las cosas o si deben cambiar la manera de proceder.
Sin haber dañado ninguno de los cuadros elegidos para alzar su voz, los manifestantes han logrado su cometido: la reflexión de la sociedad.
¿Cuál es tu opinión sobre este tema? Dejanos tu comentario


Si bien entiendo que los activistas protestan por su causa y que, a priori, no pretenden causar daños a nadie ni a ninguna obra, creo que un museo no es el lugar adecuado para llevar a cabo sus reivindicaciones. Bajo mi punto de vista, existen lugares más adecuados y oportunos que un lugar como un museo, al que la gente accede para presenciar obras de arte, no reivindicaciones ni manifestaciones, sean de la temática que sea. Creo que los dueños de los museos deben tener en cuenta esto y reforzar la seguridad para evitar episodios así.
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Es cierto que la crisis medioambiental es uno de los principales problemas a los que nos vamos a tener que enfrentar en los próximos años. No obstante, un museo no es lugar para este tipo de manifestaciones. Los museos deben ser un lugar de ocio en el que no cabe ningún tipo de protesta.
Por ello, la seguridad debe aumentar para evitar que al final una obra histórica pueda salir realmente dañada por estos sucesos.
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Es este modo el mejor para hacer este tipo de reivindicaciones: sí, es una forma impactante y nueva, por lo tanto noticiosa, te aseguras que va a llegar por lo menos a los periódicos locales. Es un museo el lugar idóneo para hacerlo: no.
De todo el artículo quiero destacar dos cosas, la primera es cuando el activista Sam dice que él no pretendía hacer daño a la obra. No pertenece al mismo grupo que los demás activistas, por lo tanto, alguno de los otros activistas sí podría causar daños irreparables a un cuadro. Segundo me quedo con la frase de Falomir: «Los museos no deben de ser fortalezas sino sitios de cultura», los museos deben ser lugares de inspiración para la sociedad, no sitios en los cuales debamos agradecer el hecho de entrar.
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Si algo tengo claro después de leer este y otros artículos sobre el tema, es que no puedo posicionarme completamente a favor o en contra de estos hechos.
El arte siempre ha sido una forma de expresión y de reivindicación y gracias a él, contamos con una amplísima colección de obras cargadas de historia, simbolismo y gran relevancia social y cultural. Por otro lado, el cambio climático es una amenaza muy grave y sus consecuencias ponen en peligro a todos los seres vivos que habitamos este planeta. Partiendo de estas dos obviedades, considero que, si algo está claro sobre las reivindicaciones llevadas a cabo por activistas del cambio climático desde mayo de 2022, es que han dado que hablar, y en muchas ocasiones, esta es la base y la clave de grandes cambios sociales. Usar el arte para llamar la atención, escandalizar a la sociedad y “abrir los ojos” sobre una realidad como es la urgencia climática, no me parece un movimiento desacertado. El objetivo de estos activistas no era dañar las obras, sino aprovechar ese espacio mediático, que nunca ha sido dedicado o cedido a temas de gran relevancia social como este, para concienciar a la población de su relevancia. Aunque de primeras nos parezca una locura, lo que han hecho estos activistas ya ha sucedido en múltiples ocasiones a lo largo de la historia. Hoy en día honramos a manifestantes y activistas que violaron las leyes por una buena causa. Un ejemplo de esto es el caso de la activista feminista británica Mary Richardson. Esta mujer, en mitad del auge del movimiento sufragista, acudió a la National Gallery de Londres con un hacha, rompió el cristal protector y rajó La Venus del Espejo de Velázquez, (cuadro que fue robado por los británicos durante la Guerra de la Independencia Española) tema sobre el que estaría bien reflexionar de vez en cuando. Su intención era demostrar cómo causaba más indignación un cuadro roto que la falta de derechos y libertades de las mujeres. A lo que quiero llegar con esta reflexión es que es cierto que igual no es la forma más correcta o eficaz de reivindicar un hecho tan importante como es el cambio climático, de hecho está bastante claro que de primeras ha generado más rechazo y repudio que aceptación por parte de la sociedad, pero ante una situación de desesperación total por la falta de concienciación general y de representación de las generaciones más jóvenes, que son las que van a sufrir las principales consecuencias de estos sucesos, no me parece del todo mal que se usen espacios como los museos para luchar por una causa tan importante. Como comentaba al principio del texto, esta es la opinión que tengo ahora mismo sobre el tema, pero no era la misma cuando comenzó todo este movimiento activista, y probablemente tampoco la sea en unos días. Lo importante es tener criterio y hacer un análisis constante de la realidad que nos rodea, o esa es mi opinión.
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El objetivo de los activistas es que su causa sea objeto del ojo público. Para ello, ‘Just Stop Oil’ y sus homólogas mancillan cuadros (o al menos hacen creer que quieren dañarlos aunque tienen el suficiente cuidado de no hacerlo) para atraer a los medios de comunicación y que su motivación, en este caso frenar el cambio climático, sea un tema de lo que hablar. Sin embargo, el negacionismo del calentamiento global es enorme y simplemente quedan como unos jóvenes radicales que defienden causas que no son reales y que quieren acabar con el patrimonio artístico de la humanidad. Los museos se convierten en espacios de reivindicación y considero que no son el mejor lugar para ello. Entiendo la rabia y pena que causan estas noticias sobre unos activistas que intentan dañar obras históricas. Cuando las leí, la primera impresión que me causaban era tristeza y rabia: los cuadros y los artistas no tienen culpa de nada. Pero al final los activistas cumplen su cometido, que es que se hable de la causa que defienden. Pensándolo fríamente, más pena me da la inversión en combustibles que contaminan y destruyen el planeta. Están contribuyendo a la extinción humana y espero no pecar de catastrofista, pero tal vez en unos años tener museos no servirán de mucho si nadie podrá ir a visitarlos.
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Creo que la carga política e ideológica de estas manifestaciones ecológicas no debería ser analizada solo desde una óptica contraria al arte. Y es que, si tomamos en cuenta que la historia del arte está plagada de autores y movimientos pictóricos que han utilizado su ideología política como motor para la creación, estas reivindicaciones podrían incluso ser consideradas como un acto performativo, que no hace más que recordar el papel del arte y los museos como agentes de cambio social, y como elementos invaluables en el patrimonio cultural de cada país. Considero que los debates que se han abierto sobre el papel de los museos y el lugar del arte en la reivindicación de ciertas ideologías políticas, lejos de desprestigiar a las instituciones artísticas, nos permiten recordar la vigencia de las artes plásticas como una herramienta de diálogo y reforma social. Para mí, la existencia de estos actos de protesta y el replanteamiento del rol actual de los museos no deberían ser vistos como un atentado hacia las instituciones artísticas, sino más bien como un acercamiento razonable hacia una forma diferente de gestionar nuestra cultura.
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Me parece bien que los activistas protesten para dar visibilidad a la grave situación del cambio climático, pero creo que no es necesario usar las obras de arte para llamar la atención. Porque puede que no hayan dañado ninguna obra, aún, pero llegará el día que lo hagan y creo será un suceso lamentable para el arte.
En mi opinión, creo que tendrían que protestar saboteando a las fábricas, empresas o entidades que perjudiquen más al medio ambiente
En conclusión, pienso que el arte no tiene la culpa del cambio climático o la contaminación y que no tiene que estar sufriendo constantemente este tipo de ataques que algún día puede llegar a tener un final trágico.
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Aunque está claro que la emergencia climática es un reto al que no podemos dar la espalda, el atacar instituciones, obras de arte y el patrimonio cultural nunca debe ser la solución. De hecho, la experiencia creativa podría aprovecharse para este tipo de reivindicaciones, pues no debemos olvidar que el arte es la expresión de las preocupaciones, creencias y anhelos del hombre. Por ello, debería aprovecharse para tender puentes entre activistas y la sociedad mediante manifestaciones controladas y pacíficas.
Sin embargo, no debemos olvidar que estos activistas mediante acciones tan disruptivas consiguen su cometido: que el ojo mediático se pose sobre sus reivindicaciones y que el cambio climático se ponga en el centro de las informaciones. Pues como bien explico Elisabeth Noelle Neuman, de lo que no se habla no existe y lo que no existe se margina. Desde luego, que estas acciones llevadas a cabo en museos de todo el mundo están provocando, precisamente eso, que se hable de la preocupación climática y que de alguna forma ¨exista¨ una conciencia alrededor de dicho tema.
No obstante, creo que este fenómeno está poniendo de relieve los fallos de seguridad de algunas de estas instituciones que albergan piezas de gran valor en todos los sentidos. ¿De verdad es tan fácil acceder a un museo nacional con un frasco de líquido sospechosos sin que salten las alarmas?
Víctor Porrero González.
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Desde luego los activistas han sido inteligentes (de la peor manera posible), ya que han sido oídos, difundidos y como ya sabemos al final ninguna publicidad es mala. Sus actos «reivindicativos» han sido distintos a otros que hayamos visto en los últimos años y desde luego atacando obras de tanto renombre como La Gioconda o Los Girasoles se aseguraban de que les colocara en el foco, volviéndose virales. Dicho esto se me revuelven las tripas al pensar que su forma de alzar la voz sea atentando contra un lugar lleno de inspiración, por mucho que digan que no tienen intención de dañar las obras. ¿Quieren inspirar atacando la inspiración? Sinceramente se me revuelve todo.
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Considero que no es una justificación acabar con obras que pertenecen a la historia del arte para frenar el cambio climático. Claro que es una forma de hacerse oír y que por ejemplo, sean escuchados por los gobiernos, pero no creo que destrozar el patrimonio cultural sea la mejor forma para ello. Son obras únicas, pintadas hace años por artistas que ya no están en este mundo. Manifestarse y luchar por algo no implica acabar con otro algo, en este caso el arte y su historia, nuestra historia.
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Aunque la causa por la que se manifiestan los activistas es lícita y necesaria para toda la sociedad, creo que las formas no son las adecuadas. Concuerdo con Miguel Falomir (Museo Del Prado) en que los museos son sitios de cultura a los que todos podemos acceder, no fortalezas, y por tanto deben mantenerse como tal, debemos proteger el arte y la cultura en general porque es lo más precisado que tenemos de nuestro pasado y, aunque no ha sido el caso, este tipo de acciones pueden dañarlo. El arte es de todos y no veo una relación directa entre ello y la razón por la que luchan. Creo que esto debería llevarse a cabo en lugares relacionados con el Gobierno en lugar de arriesgarse a dañar el patrimonio cultural de la ciudadanía.
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Sin duda los activistas son conscientes del impacto que tienen sus acciones, y saben que los medios van a hacerles eco y expandir su mensaje, pero a mi parecer este tipo de protestas solo consiguen que la población tenga aún más opiniones negativas ante las manifestaciones contra el cambio climático. Los museos deberían ser lugares de interés cultural, donde la política no influya, y estas protestas claramente buscan llamar la atención de aquellos que están en el poder, perjudicando posteriormente a los ciudadanos que solo buscan dedicar su tiempo libre a apreciar las obras expuestas en los museos donde tienen lugar los actos, pues ya hay varios museos que han implantado nuevas medidas de seguridad y aforos haciendo más «incómodas» las visitas a los mismos. Por mucho que los activistas eviten dañar las obras en sus protestas considero que estas deberían llevarse a cabo directamente en lugares donde sean las autoridades responsables quienes acarreen con las consecuencias y no los ciudadanos.
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En mi opinión, los museos no son el mejor lugar para manifestarse y luchar por el calentamiento global. Los activistas sin duda han conseguido que se hable de ellos y de sus protestas, han conseguido ser noticia, pero no creo que hayan llegado a la gente por el mensaje que pretendían transmitir. Más personas se quedan con: «están dañando obras de arte», que con el objetivo de hablar de lo preocupante que es el cambio climático.
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Me parece muy interesante entender cuál es el punto de vista de los manifestantes y cuáles son las causas que les han llevado a trasladar sus protestas a los museos. De hecho, puedo llegar a comprender que la frustración de no obtener respuesta ni repercusión en anteriores manifestaciones les hayan llevado a atentar contra un patrimonio cultural tan querido por todo el mundo como es el arte. Ahora bien, creo que aunque hayan conseguido la repercusión que buscaban no les ha salido nada bien ya que la opinión mayoritaria se ha posicionado en contra, a pesar de que la causa que están defendiendo sea de vital importancia para el futuro de nuestro planeta. Estas obras de arte, algunas de ellas de varios siglos de antigüedad, representan etapas de nuestra historia y por lo tanto es uno de los patrimonios culturales más relevantes que permanecen en La Tierra, por lo que atentar contra ellas también es una forma de atacar al planeta. Entiendo el fondo de las protestas, pero no comparto la forma.
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Una cosa está clara y es que las protestas en museos a manos de los activistas medioambientales han tenido una gran repercusión. Actualmente, es difícil encontrar a alguien que no haya oido hablar sobre este tema o que no haya recibido algún tipo de información sobre ello. Por tanto, dado que lo que pretendían era que se generase un debate social al respecto, podemos decir que en lo que se refiere a sus pretensiones, sus acciones han sido exitosas. No obstante, es importante debatir sobre si su forma de reivindicar ha sido la correcta o no.
Personalmente, apoyo completamente que los activistas medioambientales hayan protestado y considero que muchas más personas deberíamos hacerlo porque se trata de un tema que nos afecta a todos como sociedad. No obstante, considero que la forma de hacerlo no ha sido la correcta. Creo que no son las obras de arte históricas ni la historia en general la que deba pagar las consecuencias de las acciones de las grandes élites que ostentan el poder. Eso puede generar un debate social, pero las élites, desde mi punto de vista, preferirán seguir beneficiando a sus propios intereses que mostrando preocupación por obras de arte.
Otro punto importante al que hacer referencia es a la seguridad en las instituciones y, en concreto, en los museos. Creo que el arte debe estar cerca de todos los ciudadanos y que el acceso a ella debe ser sencillo y fácil. Un aumento de la seguridad en los museos significaría mayor separación entre el ciudadano y el arte, una brecha que en mi opinión no debería existir. Pero, naturalmente, esto también debería ir de la mano de la responsabilidad ciudadana y de la reflexión propia sobre, en este caso, de qué forma hacerse oír y conseguir un cometido. El arte nunca debe ser nuestro enemigo, es un aliado con el que expresarnos y sentirnos libres.
Iván Rodríguez Camba
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Esta claro que el atentar contra una obra de arte con gran reconocimiento es sin duda una forma de adquirir visibilidad. Tal es así que muchos iconos de la historia del arte han sido víctimas de estas reivindicaciones climáticas. Pero considero que está forma no es la adecuada ni necesaria. Atacar la herencia cultural y el patrimonio es también una forma de obtener el rechazo de la sociedad respecto a la lucha climática. Ha habido grandes campañas y actuaciones que han conseguido dar visibilidad a ciertos colectivos del cambio climático, atacar e intentar acabar con el legado cultural del arte no es una forma de dar visibilidad y apoyo a esta lucha.
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Los activistas han dado mucho de que hablar en el año 2022 gracias a la visibilidad que se ha dado en los medios de comunicación actuales, y nos parezca más o menos correcto, esto ha hecho que todas las capas sociales tengan una opinión al respecto de las reivindicaciones, sus formas de actuar y sobre todo, el calentamiento global y sus importantes consecuencias.
Pero, ¿son las obras de arte un enemigo al cambio climático?
Tras leer este artículo y las diferentes posturas, creo que más allá de posicionarme en si un museo es un espacio para las reivindicaciones de estos grupos o no, ya que considero que «atacar» en mayor o menor medida a la seguridad de una obra de arte de hace siglos, no es lícito. Es decir, el costoso mantenimiento y seguridad de tantas obras de arte, ya sean contemporáneas o antiguas, hace que la sociedad al completo pueda nutrirse culturalmente y en muchos ámbitos personales gracias a espacios accesibles para todos los públicos como son los museos.
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La realidad es que nadie le quita razón a los activistas que luchan por causas lógicas. Están en su derecho de manifestarse y clamar en contra de procesos que poco a poco nos matan a nosotros y al medioambiente. Aunque esto sea así, el fin no justifica los medios. Creo que no hay ningún tipo de justificación para manifestarse en sitios pacíficos en donde la gente simplemente va a relajarse y disfrutar del arte. Es una falta de respeto absoluta atacar a obras arraigadas en la historia, ya no solo por el peligro que estas cosas suponen para la integridad de las obras, sino por la humillación que esto supone para cualquier tipo de arte. Si buscaran gran repercusión no irían a museos, irían a campos de fútbol y saldrían como espontáneo. No creo que sean las formas, estoy totalmente en contra de esta práctica, y lo peor, es que sus hechos hacen que nos separemos de luchas lógicas y necesarias.
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Una cosa está clara y es que las protestas en museos a manos de los activistas medioambientales han tenido una gran repercusión. Actualmente, es difícil encontrar a alguien que no haya oido hablar sobre este tema o que no haya recibido algún tipo de información sobre ello. Por tanto, dado que lo que pretendían era que se generase un debate social al respecto, podemos decir que en lo que se refiere a sus pretensiones, sus acciones han sido exitosas. No obstante, es importante debatir sobre si su forma de reivindicar ha sido la correcta o no.
Personalmente, apoyo completamente que los activistas medioambientales hayan protestado y considero que muchas más personas deberíamos hacerlo porque se trata de un tema que nos afecta a todos como sociedad. No obstante, considero que la forma de hacerlo no ha sido la correcta. Creo que no son las obras de arte históricas ni la historia en general la que deba pagar las consecuencias de las acciones de las grandes élites que ostentan el poder. Eso puede generar un debate social, pero las élites, desde mi punto de vista, preferirán seguir beneficiando a sus propios intereses que mostrando preocupación por obras de arte.
Otro punto importante al que hacer referencia es a la seguridad en las instituciones y, en concreto, en los museos. Creo que el arte debe estar cerca de todos los ciudadanos y que el acceso a ella debe ser sencillo y fácil. Un aumento de la seguridad en los museos significaría mayor separación entre el ciudadano y el arte, una brecha que en mi opinión no debería existir. Pero, naturalmente, esto también debería ir de la mano de la responsabilidad ciudadana y de la reflexión propia sobre, en este caso, de qué forma hacerse oír y conseguir un cometido. El arte nunca debe ser nuestro enemigo, es un aliado con el que expresarnos y sentirnos libres.
Iván Rodríguez Camba
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Si bien es cierto que hay que cuidar el medioambiente, no creo que el lugar adecuado para reivindicar las medidas en relación a ello sean los museos donde se exponen las obras de artistas como Goya o Da Vinci. Son piezas muy importantes para la historia del arte y que marcan períodos de la historia como el Renacimiento en el caso de Goya o de Da Vinci.
Asimismo no entiendo el argumento que tienen estos activistas cuando su intención no es dañar las obras y tiran sopa de tomate, por ejemplo, sobre Los Girasoles de Van Gogh, sufriendo daños menores sobre el cuadro.
Bajo mi punto de vista, creo que una pieza fundamental para proteger estas obras de futuros ataques, sería aumentar la seguridad a la entrada de los museos, como apunta Miguel Falomir, director del Museo del Prado, aunque apunta que el riesgo cero no existe.
Por último, me causa pena y tristeza saber que hay movimientos medioambientales que puedan causar más daño sobre otras obras artísticas que hayan marcado la historia del arte universal.
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Que el cambio climático sea un problema es un hecho muy preocupante, pero considero que hay otras alternativas menos dañinas que sirvan también como protesta ante ello. Lo que han logrado estos protestante es poner el foco mundial en sus protestas, por lo que realmente han conseguido su objetivo pero, ¿a qué precio? Dañar cuadros históricos y alterar el orden público servirán para llamar la atención pero no solucionarán este grave problema que nos afecta a todos. Considero que todas aquellas personas que tienen un profundo aprecio hacia todas esas obras de arte y que disfrutan asistiendo a estos museos han sido las verdaderas víctimas de estas protestas que se llevan produciendo desde mayo de 2022.
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Muchas de estas reinvindicaciones son sobre el medioambiente y desde mi perspectiva estás acciones de poner en peligro las obras artísticas no ayuda a reivindicar al revés suele ocasionar rechazo a los espectadores.
Al final se le da una connotación negativa a un movimiento que busca cambiar las cosas como puede ser el cambio climático, mediante estás acciones que conllevan a atacar el arte.
No encuentro lógico poner en peligro los cuadros de forma gratuita, porque estás reinvindicaciones son para preservar la humanidad y se está haciendo lo contrario para preservar este patrimonio histórico.
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El cambio climático es una problemática global de difícil solución. Por ello, la Asamblea General de la Naciones Unidas han acordado una serie de objetivos recogidos en la denominada, Agenda 2030. Medidas oficiales que pretenden enderezar el rumbo de un planeta que se está derritiendo a pasos agigantados.
Los activistas ecologistas consideran que estas medidas son insuficientes para detener la destrucción del planeta. Por ello, han decidido ejercer una crítica que arremete contra el patrimonio artístico mundial. Su idea es destruir las obras de arte, que debido a su relevancia, conviertan su crítica en portadas de todos los medios de comunicación.
No obstante, se olvidan que el arte en muchas ocasiones ha representado una crítica hacia la sociedad por motivos como el que ahora representa el cambio climático. Los activistas deberían recordar la funcionalidad del arte para apoyar su causa, no destruirla. Con este tipo de actuaciones, lo único que consiguen es provocar una sensación de repulsión por parte de la sociedad. Un sentimiento que debemos evitar, porque el problema del cambio climático no es de unos pocos, sino de todos.
El arte no debe sufrir los problemas externos que hemos generado los seres humanos, sino que debe actuar como una vía de escapa y apoyo hacia unas mejoras de las condiciones climáticas del planeta. No podemos cometer actos inconscientes de los cuáles nos vamos a arrepentir dentro de unos años.
El cambio climático es un problema cuya solución está a nuestro alcance, pero ya está fuera de nuestras manos que Van Gogh vuelva a pintar su obra «Los Girasoles», Goya reproduzca «Las Majas» o Monet reconstruya «Los almiares». Desgraciadamente, acabar con nuestro patrimonio ese un nuevo arte.
Fernando Perales de la Guardia
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Si el fin de los manifestantes es llegar a la población y generar debate en la opinión pública, lo han logrado con éxito. Pero sus acciones no han conllevado nada más que debate, por lo que simplemente se han quedado ahí, poniendo en medio y en riesgo obras de arte muy importantes para la humanidad.
El arte y la cultura deben ser reflejo de unión para la sociedad, a la vez que deben ser protegidas por todos.
Los museos no deberían ser escenario de protestas por temas políticos
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Los activistas quieren llamar la atención y que se haga aún más visible la situación climática y me parece bien. Sin embargo, bajo mi punto de vista, no creo que sea una de las maneras más correctas para hacerlo pues lo que terminan consiguiendo es odio. Los museos y sus cuadros no deberían ser atacados de esta forma a pesar de ser lugares que tienen asegurado estar en el foco mediático.
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Aunque entiendo las razones de los activistas y estoy de acuerdo que el problema medio ambiental es importante y hay que manifestarlo; pienso que las formas en la que lo están haciendo dañando obras artísticas no es la forma ya que lo que causa es más rechazo a las personas que interés sobre el problema. Apoyo la causa, no la forma de manifestarlo.
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Los motivos de las manifestaciones son entendibles, poder vivir en una sociedad ecológica y no destrozar más el medio ambiente. Luchar para mejorar las condiciones de nuestro planeta es algo que todos debemos hacer.
Pero creo que un museo no es el lugar adecuado para hacerlo. La gente acude a estos lugares para admirar piezas únicas que tienen un gran valor histórico, artístico y cultural. Además actuar con violencia para reivindicar algo no soluciona nada. Por otra parte como suele pasar , se mezclan los asuntos con la política y en este caso el arte no puede solucionar las cuestiones de las cuales se deben ocupar los cargos políticos. Y la solución no es pagarlo con los cuadros ya que son un patrimonio que se debe cuidar.
Hay miles de formas para manifestarse sin causar más daños de los ya existentes.
En este caso el fin no justifica los medios aunque la causa sea de las que más nos afecta hoy en día como el calentamiento global.
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Creo que todos creemos ser conscientes de la situación medioambiental, mientras casi nadie lo es realmente o, si lo somos, hemos decidido que preservar la vida no es más importante que nuestra comodidad en la indiferencia actual.
El arte es una de las pocas cosas que el ser humano puede sentirse orgulloso, mi tipo de protesta nunca iría contra ella.
Sin embargo entiendo la desesperación de los activistas ante un mundo que ignora algo que ellos si tienen presente. Entiendo la necesidad de hacer algo que salga en las noticias, algo que duela a la sociedad para que, al menos, se les escuche.
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Si bien es cierto que la crisis medioambiental es uno de los problemas que nos concierne hoy en día, los museos no son el lugar adecuado para manifestar opiniones.
Y, en caso de que lo fueran, debería ser llamando la atención con estrategias de comunicación más efectivas, correctas y coherentes que dañar obras de arte históricas, que son las que menos culpa tienen de nuestros problemas de hoy en día.
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Apoyo la labor ejercida por los activistas siempre y cuando las obras no resulten dañadas de ninguna forma, lo cual hasta el momento no ha ocurrido, ya que todas tienen cristales de protección y a las que estaban mas desprotegidas solo le tocaron el marco. El arte mueve élites y son esos mismos poderosos y poderosas los que tienen en sus manos la disminución de la explotación de los recursos que dañan al medio ambiente. El arte y la naturaleza como ya mencionaban, van de la mano, por lo que no veo nada de malo en utilizar uno para ayudar al otro.
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Creo que es una falta de respeto para todos y todas, porque el arte nos pertenece a todos, y es nuestro deber preservarlo, estos chicos lo unico que hacen es pensarse que reivindican y en realidad más que reivindicar están manchando algo que deberían cuidar como si mancharan aposta su propia casa.
Los museos y los políticos no tienen nada que ver, si quieres protestar organiza una manifestación, pero no destroces algo tan valioso como el arte.
El fin no justifica los medios.
Miguel de la Torre
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Bajo mi punto de vista la labor que ejercen los activistas es muy negativa, ya que haciendo protestas que atentan directamente contra el arte, que es un hobbie y pasión para muchos, restan comprensión de terceros hacia su ¨lucha¨.
Siento que para que todas estas protestas tuviesen un sentido, deberían manifestarse contra esas empresas que afectan de forma directa al cambio climático.
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Los activistas han de buscar nuevos caminos para manifestar su descontento con el cambio climático, pero creo honestamente que atentar contra las obras de arte con años de historia, no es la manera.
Uno de ellos afirma que son momenténeas y que su objetivo es dar que hablar para incidir en la población, no creo lo estén logrando, pues en el momento en el que atacan y por ello perjudican algo que es admirado por todos, como son estas obras emblemáticas generan un rechazo hacia estas personas y lo que promueven.
Deberían usar el arte como dicen, para llamar la atención, es decir, el camino correcto sería manifestar sus opiniones y protestas sobre un lienzoy de esa manera transmitir sus reclamaciones a la sociedad.
Estan ejercion una violencia de manera indirecta, hacia un patrimonio y la sociedad, ignorando que el motivo de su protesta es algo que nos concierne a todos
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El cambio climático es uno de los problemas más actuales, pero quizás realizar las reivindicaciones en los museos no es el lugar adecuado. Las obras de arte no sufren daños, según dicen, pero puede que haya alguien que al verlo decida hacer daño de verdad a las obras. El hecho de darle visión por redes sociales hace que sigan realizando este tipo de reivindicaciones, por tanto, cuanto menos importancia se le dé acabaran con estas acciones que hacen daño. Porque haciendo daño, lo único que van a crear es odio.
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Creo firmemente que el foco, a causa de los medios de comunicación, se ha visto alterado con el fin de crear un efecto negativo contra los activistas cuya acción en ningún momento ha sido la de dañar las obras. Nos centramos en la apariencia en la acción de forma superficial sin analizar de dónde viene, qué significa y que pretende contar. No me malinterpretéis, el arte ha de ser protegido y lo está, no se eligen cuadros al azar, se eligen aquellos más conocidos por autores que todo el mundo conoce, no se destruyen ni se alteran, se usa el marco mediático que supone una obra como las elegidas. Nos centramos en el que podría haber sido cuando deberíamos centrarnos en lo que está sucediendo, trasciende más allá del arte, aquella obra la cual NO está siendo dañada. La realidad es que el mundo está cambiando y las elites lo moldean con la excusa de la guerra, las crisis económicas y hay gente valiente que decide dar a conocer una situación que está ahí. Puede, o no, molestarte el medio por el cual eligen pero, si pensamos de forma crítica, ¿Has escuchado hablar de manera tan clara, sobre los problemas que nos quieren ocultar o edulcorar los medios al servicio del caos? Como periodistas debemos ser los primeros en criticar el periodismo, debemos dar a conocer historias que importan, debemos informar y en mi opinión esas personas pretenden informar de la única forma en la que se les va a hacer caso pero como siempre dejamos que se altere y el foco se mueva a donde no debe ser dirigido.
Es muy fácil criticar la forma y hablar de hipotéticas formas de dar a conocer problemas sociales desde nuestros ordenadores, móviles o sentados en clase pero aquellas personas que se mueven no eligen desde sus casas entrar a museos y tener que cometer estos actos para ser escuchados, lo hacen ya que es el único modo en el cual pueden ser escuchados por todo el mundo y aun así su misión se ve manchada y manipulada para dirigir nuestro pensamiento de una forma negativa ante la iniciativa.
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Soy fiel creyente de que el caos llama más la atención que la pasividad del pueblo. En el artículo se puede leer que no lo hacen con intenciones de arruinar las obras de artes, es mas, en algunos casos han evitado usar pintura en spray que pueda salpicar o pegar sus manos en el lienzo. Creo que es un movimiento necesario, el cambio climático es un tema de todos los días que ignoramos y donde los políticos hacen de ciegos. Estos protestantes han usado la importancia y fama que tienen estas pinturas para llamar la atención del pueblo y poner en sus bocas ¨cambio climático¨. Con unas cuantas protestas ya se encuentran en noticieros, revistas y redes sociales. Es una pena que sea necesario crear caos para que la gente mire a su alrededor y piense en lo que estamos haciendo al medio ambiente.
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Si bien es cierto que la crisis climática y el estado medioambiental actual es un gran problema por el que tenemos que reivindicarnos, no creo que un museo sea el lugar adecuado para reclamar esto.
No obstante, tenemos que tener en cuenta que los museos son lugares de ocio en los que se concentran mucha gente, siendo esta la vía más rápida para conseguir atención mediática.
Aun así, no creo que dañar obras artísticas (aunque parece que al final no se dañan) sea la mejor manera de reivindicar una lucha, sea la que sea.
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Aunque estoy de acuerdo con que hay que luchar contra el cambio climático, no creo que destrozar obras de arte sea la manera adecuada. El arte en todas sus formas debería respetarse y quedar exento de manifestaciones políticas que dañan un patrimonio que pertenece a todos y todas. Bajo mi punto de vista, la lucha contra el cambio climático debería abordarse concienciando a la población a través de otras vías. En cambio, me parece que los medios de comunicación han jugado un papel importante criminalizando la imagen de los activistas, cuando su intención no es más que simple y llanamente la de llamar la atención.
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Viendo los diferentes ejemplos de las reivindicaciones sobre la crisis del cambio climático además de otras cosas complementarias, soy más partidario de hacer otro tipo de protestas para conseguir el objetivo que tienen en este caso los ecologistas protagonistas de estos casos y también el resto de personas; como hacerlas llegar a periódicos de renombre a nivel nacional ya que eso dará visibilidad y por tanto los más probable es que genere una conciencia sobre las perfecciones que hacen falta en este tipos de cosas para el bien del cambio climático y del medioambiente y se consiga paulatinamente. Porque de lo contrario, sin darnos cuenta, si se elije la vía de todos estos ecologistas que aparecen en el texto, se genera lo contrario: medidas más restrictivas de acceso a los museos, entre otras cosas, por tanto consecuencias negativas, por lo que no se conseguiría nada.
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Protestar por un drama mundano que nos afecta a todos es totalmente lícito, es más, poco hacemos por la causa, pero no creo que para ello sea necesario poner en peligro la integridad de obras de arte.
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Como hemos visto en los últimos meses, los activistas medioambientales lazando pinturas, escribiendo o pegando sus manos sobre los marcos de cuadros de gran relevancia y prestigio mundial, han conseguido que la sociedad reflexione sobre el cambio climático y debata sobre este tema. Además han conseguido que todo el mundo hable de un tema tan importante como es el cambio climático sin dañar ninguna de las pinturas, ya que la intención de estos activistas, como ellos mismo han recalcado en alguna ocasión, no es dañar las obras de arte, sino usar la relevancia que estas tienen para que su mensaje llegue al mayor número de gente posible.
También creo que es importante recordar que durante la historia del arte muchos pintores han usado sus obras para reivindicar sus ideas y generar un cambio en la sociedad como están haciendo ahora estos activistas, volviendo a ser el arte una herramienta para cambiar la sociedad.
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Por una parte, no me parece tan mal que estos grupos ecologistas hayan decidido utilizar los museos como medio de protesta y reivindicación a favor del medio ambiente, ya que considero que cualquier sitio es bueno para manifestar nuestras ideas y más si tienen el objetivo de beneficiarnos a todos, pero siempre respetando el lugar en el que se hagan. Lo que sí me parece mal es que dañen ese medio que usan para sus protestas, en este caso los museos, y en concreto las obras de arte. Si quieren que su mensaje impacte más en la sociedad, con manifestarse dentro del museo yo creo que ya hubieran conseguido su objetivo porque serían noticia, pero qué necesidad tienen de dañar las obras de arte que no tienen la culpa de la situación medioambiental tan lamentable que estamos viviendo. Para salvar el medio ambiente es inconcebible que haya que dañar la cultura.
Guillermo Barroso Mateo.
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