Por Laura García ANDRÉS @Laura_G_Andr
El amor ha sido objeto de inspiración para artistas de todas las épocas. Han sido los besos, los principales protagonistas de muchas obras y se han convertido en un elemento recurrente en la historia del arte. A través de ellos podemos hacer un recorrido no sólo por el arte, también podemos repasar los diferentes significados que se le han atribuido a este acto universal.
El arte ha sido un medio para reflejar los sentimientos y las pasiones del ser humano. Ha estado íntimamente ligado a las emociones, y si algo se ha repetido a lo largo de la historia es que el sentimiento más poderosos de todos es el amor.
Ligado a este sentimiento vienen otros como la pasión, la ternura, el deseo… pero si algo caracteriza a los sentimientos es que, aunque son universales, hay tantas formas de sentir como seres humanos. De esta forma, la manera de representar la expresión más reconocida del amor; los besos, no será igual para todos los artistas. Un acto que se ha plasmado multitud de veces en pintura, teatro, cine, literatura… y que tenemos tan normalizado, puede tomar cientos de connotaciones y de ángulos, tener un sinfín de significados.
Todos los cuadros, todos los libros, todas las películas serían iguales si no interviniera en su creación y desarrollo la mirada íntima y personal de su creador, cada obra estará sujeta a la historia y la concepción del mundo que el autor lleve a sus espaldas y que inevitablemente se verá reflejada en el resultado final.
El espectador no siempre conoce todos esos factores y podría perder entonces todas esas pinceladas sutiles de información que da lo que se está observando, quedando así inaccesible entonces esa puerta hacia el alma de la obra. ¿Cuántas veces hemos visto el “El beso” de Gustav Klimt? ¿Cuántas personas decorarán sus casas o llevarán camisetas con esa imagen impresa, sin conocer la inseguridad y el peligro que el artista plasmó en la obra?
Con este recorrido por las obras que han inmortalizado los besos podremos alcanzar a conocer un poco mejor las diferentes formas de amar que han inspirado a los artistas que, a su vez, han inspirado al resto de la humanidad a través del tiempo y de los siglos.
Psique reanimada por el beso del amor, de Antonio Canova
Esta escultura, realizada en 1793 por el escultor y pintor italiano Antonio Canova, representa el mito griego de Eros y Psique.
Psique era la tercera de las hijas de un rey. Era tan hermosa que todo el mundo la veneraba como a una diosa hasta tal punto que la mismísima diosa de la belleza, Afrodita, movida por los celos pidió a Eros, también conocido como Cupido, que condenase a Psique a enamorarse de un monstruo horrible y ruin.
Llegado el momento de cumplir con la tarea Eros se enamoró de la princesa y no pudo hacerlo, por lo que se casó con ella fingiendo ser un monstruo al que su esposa nunca podría ver. Fueron felices durante un tiempo, Eros sólo aparecía ante su esposa de noche para que no pudiese verle y eso pareció bastar, hasta que un día Psique, movida por la curiosidad de sus hermanas, consiguió verle el rostro con ayuda de una vela.
Tras esto, Eros huyó con la promesa de no volver a aparecer nunca ante Psique. Sin la protección de Eros, la princesa cayó en las manos de Afrodita, quien la encerró en su castillo para torturarla y posteriormente hizo que cayera en un profundo letargo.
Eros, que había sido incapaz de olvidar su amor por Psique, se enteró de que se encontraba sumida en un profundo sueño mágico y fue a rescatarla.
La escultura de Antonio Canova representa ese momento en el que Eros saca a Psique de su letargo y se encuentran de nuevo.

Psique reanimada por el beso del amor, Antonio Canova, 1793
Esta escultura, que actualmente se encuentra en el museo Louvre de París, es considerada una de las obras maestras del neoclasicismo por la maestría con la que está trabajado el mármol, el contraste entre la piel lisa y diáfana de las figuras y las texturas del resto de elementos.
Pero más allá de su preciosismo técnico, se puede observar claramente que se trata de una imagen idealizada del amor que además trata una temática clásica propia de la creación artística de la época. No aparece el momento del beso como tal, sin embargo, el espectador queda atrapado en ese pequeño espacio que forman sus rostros y sus brazos, en el aura de devoción que transmite la delicadeza con la que se sostienen y contemplan el uno al otro.
Sin conocer el contexto de la obra, el mito que la inspira, podemos apreciar y comprender el sentimiento que desprende.
El beso, de Francesco Hayez
Este óleo sobre lienzo probablemente sea uno de los besos más famosos del arte y es considerado como un manifiesto del romanticismo italiano.
El pintor italiano, Francesco Hayez, era un enamorado de la historia, lo cual se puede ver reflejado en que la escena que se representa en este cuadro está ambientada en la época medieval, concretamente y según el título en el s.XIV. Sin embargo esta obra va mucho más allá de lo que se contempla a simple vista.
Este concepto de amor trágico y prohibido puede recordar a la historia, también del romanticismo italiano, de Romeo y Julieta.
Pero el trasfondo de esta obra no se queda ahí, sino que tiene un mensaje político que sólo se puede entender si contextualizamos los acontecimientos que transcurrían cuando se creó, en 1859.
En la imagen, dos jóvenes se besan de forma apasionada. El autor consigue transmitir una sensación de urgencia a través de las posturas de ambos personajes; la figura masculina tiene un pie apoyado sobre el escalón y se puede ver la presencia de una figura que se aproxima por el pasillo en penumbra de la izquierda, por lo que se puede entender que es un beso furtivo, una relación prohibida y secreta, y que el hombre está preparado para huir en cualquier momento.
En esos momentos se estaba dando la Segunda Guerra de la Independencia Italiana. Los colores de las vestimentas de los dos enamorados representan las banderas de Francia e Italia, y por tanto la alianza entre estos dos países.

El beso, Francesco Hayez, 1859
De este modo, la obra trasciende el concepto mismo del amor romántico para dar además un mensaje de amor patriótico, no sólo una alianza entre dos corazones, sino también entre dos naciones.
El cuadro de Francesco Hayez es un claro ejemplo de cómo un mismo acto puede implicar cosas muy diferentes, pues si lo comparamos con la escultura de Eros y Psique, encontramos que ambas son representaciones idealizadas de un mismo sentimiento, pero en este caso, la expresión de ese amor va mucho más allá de un simple concepto romántico.
En la cama: El beso, de Toulouse-Lautrec
Con este cuadro damos un salto en cuanto a los estándares del arte y del amor.
No transcurre tanto tiempo desde El beso de Hayez hasta este beso de Toulouse Lautrec, en 1892; pero apenas 33 años suponen una distancia abismal entre lo que habíamos estado viendo anteriormente y lo que realiza en este momento este artista postimpresionista Francés.
En la cama: El beso representa una escena de amor lésbico entre dos prostitutas de un burdel. Esta temática en sí ya es rompedora en todos los sentidos posibles, se aleja de los ideales sociales y refleja sin pudor el ambiente sórdido y bohemio del París de la época. Además, Toulouse Lautrec no sólo es uno de los primeros artistas en reflejar el amor sáfico en sus obras, sino que lo hace con una delicadeza sorprendente teniendo en cuenta los prejuicios de la época.

En la cama: El beso, Toulouse-Lautrec, 1892
En esta obra, las dos protagonistas comparten un momento de intimidad y ternura. El autor representa con naturalidad un acto de amor que en su contexto histórico era rechazado, y no lo hizo sólo en una ocasión, sino que esta pintura forma parte de una colección en la que aparecen otras escenas de demostración de amor entre mujeres, como en el caso de otra obra de nombre similar “El beso”.
Esta obra, entonces, podría considerarse un acto de visibilización del amor fuera de los cánones heteronormativos que estaba muy adelantado a su época, tratado además de una forma respetuosa y tierna.
El beso, Edvard Munch
El artista expresionista noruego Edvard Munch, que ha pasado a la historia por el cuadro “El grito” que todo el mundo reconoce, también realizó obras centradas en el amor.
Sin embargo, su obra El beso, que realizó en 1897, está marcada por una visión personal de la vida y de las relaciones amorosas profundamente oscura y marcada por el trauma de una infancia difícil.
Al morir las dos figuras femeninas de su núcleo familiar de tuberculosis cuando Munch aún era un niño, empezó a asociar a las mujeres con las enfermedades. Esto, sumado a una figura paterna profundamente religiosa y obsesionada con el sexo, llevó a que este artista se convirtiera en un adulto que evitaba a las mujeres y sentía rechazo por el sexo.
En su obra “El beso” se puede apreciar que su visión sobre este tema está completamente alejada de las representaciones que habíamos visto hasta ahora. La imagen está marcada por los colores fríos y oscuros, las figuras que se besan están escondidas del exterior, que sólo se puede apreciar brevemente a través de la esquina de la ventana que no está oculta por la cortina.

El beso, Edvard Munch, 1897
La fusión de las caras de las dos figuras ha sido interpretada de distintas maneras, algunos se inclinan por la idea de que representa la fusión de los amantes en el beso, pero, conociendo la opinión del autor con respecto al tema, sumado a la sensación opresiva y oscura de la escena, ha llevado a la mayoría a decantarse por la idea de que esa fusión simboliza la pérdida de la individualidad y de la identidad misma.
Este es un claro ejemplo de cómo la identidad del artista puede definir el significado de un mismo acto para retorcerlo y adaptarlo a su propia versión del mundo. Cómo un mismo acto puede antojarse una salvación, como en el caso de “Psique reanimada por el beso del amor” de Canova, o una condena en el caso de “El beso” de Munch.
El beso, de Gustav Klimt
Este probablemente sea uno de los besos más famosos e icónicos de la historia del arte, sin embargo, es igual de probable que la mayoría desconozca las connotaciones presentes en la obra.
Esta obra del artista vienés, creada en 1908, se aleja en cierto modo de la temática predilecta del pintor. Las obras de Klimt se caracterizan por representar a mujeres fuertes, a figuras de femme fatale que miran al espectador sin rodeos y que tienen una posición empoderada. Sin embargo, en El beso, la mujer que está representada es la figura pasiva, arrodillada ante el hombre que se cierne sobre ella. En un primer vistazo, la escena no tiene necesariamente un significado más allá del de una pareja entregada a la devoción y el amor, sin embargo, algunos detalles nos dan pistas sobre los temores del artista.

El beso, Gustav Klimt, 1908
Los enamorados se sostienen el uno al otro en una actitud de entrega, pero es el entorno el que da la información que no encaja. El lugar sobre el que están apoyados, ese suelo de flores, resulta ser un precipicio que acaba abruptamente a espaldas de la figura femenina, y esta se aferra al borde con los dedos de los pies.
La presencia de ese precipicio y el temor a la caída de la mujer, nos muestran que el artista quería expresar la inestabilidad e inseguridad de ese romance, la idea de algo amenazante incluso en una situación aparentemente serena y hermosa.
Los amantes, de René Magritte
En esta ocasión, el cuadro de “Los amantes” de Magritte no tiene una interpretación predominante. Al ser una pintura surrealista, el significado puede ser interpretado de múltiples formas, y el propio Magritte nunca dio explicaciones respecto a la obra. No obstante, un hecho destacable en la vida de este artista es para muchos un claro indicador de lo que se esconde detrás del elemento recurrente en todas sus obras y lo que le da el toque surrealista a la obra; las telas alrededor de las cabezas de los protagonistas.

Los amantes, René Magritte, 1928
Cuando René Magritte era un jóven adolescente presenció cómo su madre era sacada de un río, en el que se había suicidado, con la cabeza cubierta por una tela blanca mojada. Sería complicado no relacionar este hecho, sin duda traumático para el joven Magritte, con la presencia de estas sábanas blancas en todas sus obras y concretamente alrededor de las cabezas de los dos amantes que aparecen besándose en el cuadro.
Pero más allá de este significado perturbador, se han asociado a este cuadro otras connotaciones, como la representación del amor ciego, un amor prohibido o incluso de la atracción entre dos personas que realmente no se conocen.
Policías besándose, de Banksy
En esta ocasión damos un salto temporal hasta 2004, año de creación de esta obra, sin olvidar por el camino otras imágenes de gran importancia como “Beso V” de Roy Lichtenstein, pero centrándonos en cambio en esta obra de arte urbano de Banksy por su claro mensaje social y reivindicativo, que es propio del artista.
Banksy, cuya identidad aún resulta un misterio en la comunidad artística, ha destacado siempre por crear piezas de ácido humor contra la cultura pop, el racismo, la política, el consumismo o la propia moral de la sociedad moderna.

Policías besándose, Banksy, 2004
Esta obra, realizada en un muro de la ciudad de Ferrol, en España, representa a dos guardias civiles besándose apasionadamente. La intencionalidad tras la obra es bastante evidente, el artista pretende hacer una provocación contra el orden establecido, pero más allá de eso, las connotaciones y significado de este graffiti aluden a que el amor no debe ser reprimido por ninguna fuerza de seguridad, y que el amor debe prevalecer sobre la violencia.
En un contexto social de lucha por los derechos del colectivo LGTBIQ+, que aunque no es novedoso sí que ha ganado intensidad en las últimas décadas, a la par que las protestas contra la represión policial, esta obra gana unas dimensiones y un significado de peso como símbolo de luchas sociales, cuyo significado además podría remitirnos también a las proclamas de “peace and love” de los movimientos hippies de los años 60.
En este caso, el concepto del beso y del amor trasciende a los propios sentimientos, pasa de ser una emoción a ser un acto de rebeldía contra lo establecido, prácticamente un símbolo social que une diferentes luchas y protestas de cientos de miles de personas en todo el mundo. Se demuestra de esta manera que el beso y el arte unidos pueden tener multitud de posibilidades que trascienden de una forma u otra el acto representado y que hablan no sólo del artista, sino también de todos nosotros y nuestra complejidad como seres humanos.

