Por Víctor Mayorga @victorpgmayorga

HISTORIA DEL MUSEO Y DE LA COLECCIÓN

Situado en un entorno único entre la Catedral de la Almudena y el Palacio Real, el nuevo Museo de La Galería de las Colecciones Reales ofrece una experiencia completa a sus visitantes. Además de sus 40.000 metros cuadrados repletos de historia y arte, posee una vista privilegiada de la capital de España desde el Campo del Moro. El proyecto museístico es el resultado de más de 25 años de trabajo. Aunque su origen se remonta mucho más allá.

Los aires de renovación propios del principio del siglo XIX, trajeron consigo también un cambio de paradigma en la relación entre la monarquía y el pueblo. Se produce en este momento una democratización del arte mediante el florecimiento de salones, museos e instituciones abiertas al público en la que las Casas Reales exponían parte de los bienes que habían atesorado desde tiempos inmemorables.

Gracias a la iniciativa de figuras como la reina Isabel de Braganza con la creación del Real Museo de Pintura y Escultura (predecesor del actual Museo Nacional del Prado), Patrimonio de la Corona inauguró diversas entidades en las que poder admirar las célebres piezas de su propiedad. Aparecen así la Real Armería o las extintas Reales Caballerizas. No obstante, el derribo de esta última en tiempos de la Segunda República, potenciaron la ideación de un plan para la inclusión de un espacio en el que reunir los carruajes pertenecientes a las distintas dinastías que trazaron la historia de España.  Pero el estallido de la Guerra Civil reduciría esta voluntad a un simple boceto.

Tendrían que pasar seis décadas para que el proyecto volviera a retomarse. Esta vez concibiéndose no solo como un expositor de carruajes, sino como un punto cultural de referencia en la reunir expresiones artísticas de todo tipo: pinturas, tapices, joyas, trajes, porcelanas, esculturas e incluso fuentes.

De este modo, el edificio de estética contemporáneo firmado por José Luis Moreno Mansilla y Emilio Tuñón se ha convertido en el hogar de más 650 obras que configura parte de la memoria de nuestro país. En palabras de Leticia Ruiz, directora del Museo, las Galerías Reales son ¨un recorrido por cinco siglos de la historia de España¨.

CONTENIDO ARTÍSTICO

Las 14 plantas en las que se articula el Museo sirven hoy de morada para las producciones de autores de la talla de Caravaggio, Velázquez, Goya, Mengs, Goya o Bernini.

El corazón de este lugar se encuentra en la primera y segunda planta, encargadas de albergar el legado de dos Casas Reales que se caracterizaron por una intensa labor de mecenazgo: las dinastías de los Austrias y los Borbones, respectivamente.

En la primera área se dan cita, además de diversos retratos de miembros de los Austrias, armas pertenecientes a Carlos V, un políptico dedicado a Isabel la Católica y diversos objetos artísticos que r que son testigos de la construcción del Monasterio del Escorial bajo el mandato de Felipe II.

Tras abandonar la sencillez de la primera parte,  los elementos exhibidos en la zona reservada a los Borbones presentan un estilo más afrancesado, cargado de ricos ornamentos y líneas más ostentosas,  rindiendo homenaje al origen del apellido de quienes un día fueron sus dueños.  Como no puede ser de otra manera, los retratos de Felipe V e Isabel de Farnesio la presiden la sala compartiendo estancia con pinturas de algunos de los autores de su corte como Goya, cuyos lienzos adornan las paredes del lugar.

Otro de los puntos más significativos de la visita es el conocido como ¨Cubo¨, una sala interactiva integrada en el propio edificio, en la que mediante recursos audiovisuales y extrasensoriales el usuario puede trasladarse al interior de las propias obras expuestas. Una apuesta por incluir los avances tecnológicos y didácticos como prueba de que la unión entre pasado y presente también tiene cabida en la cultura.

RECOMENDACIONES ARTENEA

Columnas Salomónicas de José de Churriguera (1674 – 1678)

Las cuatro columnas que presiden la colección son otra de las composiciones más simbólicas de la visita. Fueron creadas por la mano de José de Churriguera entre 1674 y 1678 a partir de un diseño anterior de Herrera el Mozo.

Las columnas fueron ideadas para el retablo mayor de la iglesia del Real Patronato del Hospital Virgen de Monserrat. Tras el derribo del tempo las columnas fueron conducidas al Palacio Real.

Este tipo de elemento es una de los máximos representantes del barroco en España. Sobre los magníficos fustes retorcidos se colocaban motivos vegetales y florales elaborados en pan de oro. La peculiaridad de la obra de Churriguera reside precisamente en el color escogido para el fondo de la columna: el azul lapislázuli. Un tono que ha sido devuelto a la obra gracias a la labor del quipo de restauradores de la Galería, puesto que el paso del tiempo había oscurecido el barniz hasta hacer desaparecer el azul vibrante que lo recubría.

Columnas Salomónicas, José Churriguera (1674 -1678)

Salomé con la cabeza de Juan Bautista de Caravaggio (hacia 1607)

Tal vez sea una de las pinturas más enigmáticas de la colección. Sobre su origen existen diversas teorías, aunque todo apunta a que habría sido traída de Nápoles por orden de Carlos III al instalarse en la corte de Madrid. El óleo narra la escena bíblica en la que Salomé, hija de Herodes pide la cabeza de Juan Bautista a su padre. La joven aparece sosteniendo el rostro del decapitado junto a dos personajes más, recreando así la iconografía habitual con la que Salomé era representada.

Caravaggio emplea en este lienzo su lenguaje habitual cargado del dramatismo propio del estilo tenebrista que tanto cultivó. Además del juego de luces y sombras, el rojo carmesí del manto y los amplios pliegues generan un aspecto casi teatral. Un recurso ya utilizado por el italiano en otros cuadros de temática religiosa como La muerte de la Virgen (1604-1606) , en la que hace gala de este mismo elemento en forma de un magnifico telón que queda suspendido sobre la cabeza de los protagonistas. Algunos estudios señalan que la cabeza de Juan podría tratarse de un autorretrato oculto del artista, que presenta el final trágico del personaje en alusión a la etapa final de la vida de su creador, momento en el que realizo dicha obra.

Salomé con cabeza de Juan Bautista, Caravaggio (1607)

El caballo blanco de Velázquez (1634)

La originalidad de esta obra reside en la naturaleza de la misma. Se trata de un retrato ecuestre en el que el propio jinete está ausente. La teoría tradicionalista, que sostenía que era un lienzo inacabado al que faltaba añadir un protagonista épico, contrasta con el grado de detallismo con el que el animal está realizado así como el tratamiento de forma y color que Velázquez confiere a la pintura. Pruebas que sirven para disipar esta idea.

Cobran fuerza otras líneas que recalcan que nos encontramos ante una obra acabada en la que el protagonismo recae sobre el propio equino que aparece ataviado con una silla de montar – vacía- y en una posición de corveta en forma rampante. El fondo oscuro y difuso se contrapone a la claridad y definición del caballo que actúa como foco lumínico.

Caballo blanco , Velázquez (1634)

El arcángel San Miguel venciendo al demonio de Luisa Roldana (1692)

La escultura datada en 1692 se trata de la primera pieza creada por una mujer artista presente en la Galería. La obra fue realizada por Luisa Roldana en madera para posteriormente ser policromada por el propio cuñado de la artista, Tomás de Arco.

La talla responde a un encargo del rey Carlos II, en ella podemos observar una escena bíblica siendo esta temática una de las más cultivadas por ¨La Roldana¨. La colorida composición narra el momento en el que San Miguel se alza heroicamente sobre el cuerpo del demonio al que acaba de dominar, instantes antes de asestarle el golpe final con la espada que sostiene de forma amenazante en su mano derecha.

Contrasta la armonía del gesto del arcángel que adopta una actitud serena ante su inminente victoria con las facciones desfiguradas del ente, cuya mirada y expresiones dan testimonio del terror que está sufriendo.

El arcángel San Miguel venciendo al demonio, Luisa Roldana (1692)

Corona de Nuestra Señora de Atocha (1786)

La corona fue ofrecida por la Reina María Cristina, madre de Isabel II, a la madrileña Virgen de Atocha en señal de agradecimiento por haberle protegido de un atentado que apunto estuvo de costarle la vida.

Tras el nacimiento de la Isabel II, sus padres María Cristina y Fernando VII acudieron, como era habitual en la Corte, a presentar a la pequeña a la Virgen y pedir amparo para la infanta. Sin embargo, el día en que la ofrenda iba a realizarse, una conjura contra María Cristina hizo que fuera apuñalada por uno de los curas de Palacio. Los adornos y joyas que la reina portaba en su corsé evitaron su muerte. Por ello, decidió donar esas mismas joyas a la imagen.

Se donaron dos coronas, una para la Virgen y otra para el Niño siguiendo la misma fórmula: un amplio aro conformado por tres líneas en las que se engarzan diferentes zafiros y brillantes brasileños. El centro se remata con una esfera de la que emerge una cruz cristiana. Alrededor de principal surge un halo plano de oro.

Corona de Nuestra Señora de Atocha – 1786

Cristo Crucificado de Bernini (1682)

La obra del gran maestro italiano muestra un Cristo crucificado en actitud serena, casi dormido con una evidente ausencia de dolor a pesar de la llaga visible en el costado derecho. El gran realismo anatómico del cuerpo es otro habitual de Bernini, en esta ocasión acentuado por el tamaño de la imagen que alcanza casi dimensiones naturales, rozando el metro y medio de longitud.

La cabeza ladeada sobre la que caen de manera armoniosa los tirabuzones del cabello y barba, la boca semiabierta y los ojos entornados recuerdan a otras expresiones ya tratadas por el autor en obras como el Éxtasis de Santa Teresa para la Capilla de la romana Iglesia de Santa María de la Victoria, en la que la transverberación de la religiosa se configura en forma de trance.

En esta ocasión, el bronce sobre la que se talla el Cristo no le resta un ápice de realismo. El material es aprovechado para aportar gracia a la composición gracias al tratamiento de los detalles entre los que destacan la corona de espinas que se funde en la cabellera o de dramatismo empleados en el nudo y pliegues que rematan el paño de pureza y que rememoran la técnica de los paños mojados usada en las esculturas griegas.

Cristo Crucificado, Bernini (1682)

Carroza Negra de Mariana de Austria (1670 – 1680)

Fechada entre 1670 y 1680, se presenta como una de los objetos más sorprendentes de la muestra. La riqueza con la que está decorada la carroza propiedad Mariana de Austria (1634-1696), segunda esposa de Felipe IV (1605-1665), así como el color en el que está realizada, poco habitual en un coche de época, dan prueba del excentricismo que rodeaba a la consorte.

Su origen también es todo un enigma, pues su propietaria estaba relacionada con diferentes dinastías europeas, por lo que el vehículo podría haber sido fabricado en la corte francés, austriaco o flamenco.

Si algo está claro es el material con el que está labrado el vehículo, así como la temática elegida para la decoración. La parte central se compone por un cubículo de madera de nogal, posteriormente teñida en negro aportando una estética pétrea al conjunto. Por su parte, los ornamentos de motivos florales y vegetales, que se coronan con farolillos, medallones y guirnaldas mitológicas en las que se pueden identificar a Venus, Apolo o Cibeles entre otras divinidades.

Carroza Negra de Mariana de Austria (1670 )

EXPOSICIÓN TEMPORAL: EN MOVIMIENTO

En Movimiento. Vehículos y carruajes de Patrimonio Nacional es la a primera exposición temporal de la Galería, que podrá visitarse hasta junio de 2024. La muestra organizada por Patrimonio Nacional nos invita a explorar la historia de los carruajes reales.

Una original propuesta para conocer de primera mano alguno de los icónicos vehículos usados por la monarquía como medio de transporte y símbolo de poder. No obstante, la colección reúne una variada exposición de vehículos con carros, carruajes, trineos o literas móviles. Incluyendo también objetos como el carro infantil de la reina Isabel II o el todoterreno Mercedes Benz que Adolf Hitler regaló a Francisco Franco en 1940. Siete pinturas prestadas por el Museo del Prado en las que el protagonismo recae sobre los carros de caballos completan la exposición.

Cartel de la exposición temporal En Movimiento. Vehículos y carruajes de Patrimonio Nacional.

DATOS ÚTILES

Dirección: C/ Bailén s/n, 28013 Madrid.

Teléfono: 91 840 38 83

Horarios:

De lunes a sábado de 10:00 a 20:00h

Domingos y festivos de 10:00 a 19:00h

Horarios gratuitos:

De lunes a jueves de 18:00 a 20:00h

Tarifas:

Tarifa básica: 14 euros

Tarifa reducida : 7 euros

Web: https://www.galeriadelascoleccionesreales.es/