Por Alicia González Flores / @aliciagf

La Fundación Mapfre acoge una recopilación de la obra de Medardo Rosso, un pionero en la escultura moderna desde el pasado 22 de septiembre hasta el 7 de enero del próximo año, con la finalidad de homenajear la obra de este importante artista.

El viernes 22 de septiembre, la Fundación Mapfre en Recoletos abrió sus puertas para acoger una parte de las esculturas, fotografías y dibujos de la colección ColecciónArte, que conformann la obra de Medardo Rosso, un escultor cuyo trabajo había quedado en la sombra de otros grandes artistas como Rodin y, sin embargo, es un punto de referencia en el desarrollo de la escultura moderna. Podemos encontrar unas trescientas piezas ordenadas por grupos escultóricos importantes de su creación, además de fotografías que nos muestran otras que, por desgracia, no se conservan hoy en día, y tan solo quedaron en la imagen.

De la mano de la experta Gloria Moure, cada apartado de la exposición está protagonizado por una escultura donde se puede apreciar especialmente una característica del autor, formando así un perfil completo que recoge todas las investigaciones que desarrolló a lo largo de su vida. Muchas de las piezas se repiten en distintos materiales con los que Rosso trabajó. Además, una gran diversidad de fotografías acompaña, donde se aprecia su propio estudio de las obras.

Rosso fue una persona experimental, así se nos muestra desde su inicio, dividiéndose la misma en las distintas cuestiones artísticas en las que trabajó Rosso. Cuando nos hablan de vanguardia en la escultura, Rosso no es un nombre que resuena en nuestro imaginario colectivo. Es más común pensar en Auguste Rodin. Este fue contemporáneo, amigo y, a su vez, enemigo del protagonista de la exposición. Ambos se influenciaron y ayudaron a la separación que tuvo la escultura de la rigidez de las escuelas a finales del siglo XIX y principios del XX. A pesar de esto, no fue reconocido en su época y eso lo ha hecho prácticamente un desconocido.

L’età dell’oro, de Medardo Rosso, 1886

Una de sus características más rompedoras fue aplicar un estudio de la emoción dentro de esta disciplina artística, lo que rompía completamente con la escultura clásica, faceta en la que se centra la exposición. Como podemos apreciar en obras de rostros en primer plano y bustos, no es la lógica lo que llama la atención de su obra, sino lo que esta es capaz de provocar en el espectador, legando a remover las emociones de aquel que observa atentamente el rostro de un niño triste, como ocurre en su obra L’età dell’oro, donde vemos a un niño inconsolable por su madre, obra inspirada en su propio hijo y su mujer, o en la cabeza de su Bambino malato.

Pero no fueron los sentimientos de dolor los que lo cautivaron, sino la felicidad. Su constante e incansable estudio sobre el efecto que la sonrisa tiene en un rostro y como esta altera las facciones de la cara. A mitad del recorrido cambia por completo el ambiente de la exposición, y las esculturas que nos encontramos se ven afectadas por esto, como se vieron influenciados otros creadores como Edgar Degas, pintor impresionista, y Toulouse-Lautrec. Una experiencia que se materializa en Grande Rieuse (1891).

Y, hablando de los ambientes, otra de las inquietudes propias del artista que nos muestra la exposición fue la preservación de estos dentro de algunas de sus piezas. No solo era capaz de memorizar expresiones para replicarlas y repetirlas posteriormente, sino que también centraba su atención en la recreación de ambientes, como demuestra en el único grupo escultórico que conservamos hoy en día, La Conversazione (1896 – 1899). En este aparecen dos figuras, vagamente moldeadas, que mantienen una conversación. Como curiosidad, la temática solo fue una excusa para poder trabajar en el ambiente externo que una situación así provocaba.

Confundido con los impresionistas, Rosso no solo era capaz de capturar emociones o ambientes, sino que también se atrevió a profundizar en el efecto de la luz. De manera rompedora podemos apreciar en directo cómo fue capaz de trabajar en distintos materiales las luces y sombras propias de la luz en el desarrollo de un mismo diseño.

Bambino malato de Medardo Rosso, 1893

No podemos olvidar lo que ya no está, pues, por diversos motivos que se nos cuentan durante el recorrido, muchas de sus piezas han desaparecido. Aun así, podemos apreciarlas en grandes fotografías que cubren toda la pared.

A todo esto, para terminar de introducirte a toda una vida de un artista precursor de la renovación de la escultura, podemos leer frases suyas durante el recorrido, escritas en la pared.

Y, así, en una única planta, nos sumergimos en una experiencia destinada a visibilizar un artista desconocido. Su vida contada de la mano de las diversas investigaciones que marcaron su carrera y la escultura tal cual la conocemos hoy en día.

  • Lugar: Sala Recoletos.
  • Dirección: Paseo Recoletos 23, 28004 Madrid
  • Web: www.fundacionmapfre.org/arte-y-cultura/exposiciones/sala-recoletos/medardo-rosso/
  • Fechas: 22.SEP.2023 ── 07.ENE.2024
  • Trasporte: Autobuses: 5 – 14 – 27 – 37 – 45 – 53 – 150
    Metro: Línea 4 (Colón), línea 2 (Banco de España) y línea 5 (Chueca)
    Cercanías: C-2, C-7, C-8 y C-10
  • Precio: Entrada general, 5 €
    Horario gratuito: Lunes, 14-20 h (excepto festivos)
  • Horarios: Lunes (excepto festivos) de 14:00 a 20:00 h.
    Martes a sábados de 11:00 a 20:00 h.
    Domingos y festivos de 11:00 a 19:00 h.