Por Joaquín González De La Aleja / X (Twitter): @joaquingonzer
Exploramos el corazón de esta facultad para conocer a sus estudiantes, profesores y espacios, desentrañando el espíritu que impulsa el arte del mañana.
Cada día, decenas de miles de estudiantes llegan a Ciudad Universitaria para iniciar una nueva jornada de estudios, trayendo consigo sus sueños, metas y ambiciones. Entre ellos destacan los estudiantes de Bellas Artes, quienes se diferencian del resto por su singular carga: materiales como lienzos, cartulinas, pinceles, esculturas y otras herramientas esenciales para el desarrollo de su formación creativa. Este grupo no solo se distingue por los objetos que llevan consigo, sino también por su estilo único y audaz. Sus outfits innovadores reflejan una personalidad artística que fusiona frescura, visión poética y un toque vanguardista.
A su paso, parecen evocar el espíritu de las primeras generaciones de artistas bohemios que marcaron las vanguardias del siglo pasado. A través de su apariencia y actitud, los estudiantes de Bellas Artes reviven ese aire chic y apasionado, una reinterpretación contemporánea del espíritu libre y creativo que ha caracterizado a los artistas de todas las épocas. Su presencia añade un matiz especial al bullicio cotidiano de Ciudad Universitaria, convirtiéndose en un recordatorio visual y viviente de que el arte, en todas sus expresiones, sigue siendo una fuerza vibrante y transformadora.
Estos jóvenes artistas, al salir de la boca de metro de Ciudad Universitaria, inician su recorrido cruzando la Avenida Complutense. Desde allí, se adentran en la calle Arquitecto López Otero, una pendiente pronunciada que refleja la orografía de la zona, antaño la ribera del río Manzanares y hoy transformada por completo para albergar diversas instituciones académicas. Avanzan por esta calle, dejando atrás el bullicio urbano, hasta llegar al puente que sostiene la Autovía del Noroeste A6. Unos pocos pasos más adelante, se alza la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid, fundada en 1978.
Este prestigioso centro educativo ha sido el punto de partida para la formación de destacados artistas españoles, además de ser la institución sucesora de la Academia de Bellas Artes de San Fernando. Por sus aulas pasaron Cristina García Rodero, primera fotógrafa española en formar parte de Magnum Photos; José Manuel Ballester, reconocido pintor y fotógrafo; Mateo Maté, creador conceptual, y Santiago Sierra, figura clave en el arte contemporáneo internacional. La facultad no solo es un espacio de aprendizaje, sino también un lugar donde los futuros artistas encuentran su identidad creativa mientras habitan los mismos espacios que inspiraron a generaciones pasadas.

Descubriendo a los artistas del mañana
La Facultad de Bellas Artes recibe más de 2.000 alumnos cada año para cursar los diferentes grados que aquí se imparten: Grado de Bellas Artes, Grado de Restauración y Grado de Diseño. En sus pasillos, se percibe un ambiente desenfadado, diverso e inclusivo. Las paredes están cubiertas de obras de arte: algunas forman parte de exposiciones organizadas por los departamentos, mientras que otras son expresiones espontáneas de los estudiantes, quienes, rebosantes de creatividad, dan vida al espacio con su talento.

Cada día, Alessia Gisondi, estudiante de segundo curso de Bellas Artes, recorre los pasillos de la facultad con entusiasmo. Apasionada por la escultura, una de las disciplinas incluida en su plan de estudios, busca aprovechar al máximo los conocimientos adquiridos para plasmarlos en sus obras. “El año pasado disfruté mucho trabajando con piedra; tallamos alabastro, fue un proceso arduo pero muy creativo”, comenta la estudiante. Aunque se siente atraída por las representaciones clásicas, influenciadas por la enseñanza tradicional, Alessia se encuentra en una etapa de autoexploración y experimentación, abierta a nuevas técnicas y enfoques.
En una de sus asignaturas optativas, descubrió la pintura contemporánea, un desafío que ha ampliado su perspectiva artística. “Estas estéticas difieren mucho de lo clásico, para la elaboración de un trabajo, se requiere mucha creatividad, investigación y reflexión previa. Y, al final, la obra debe resultar visualmente atractiva”, explica, destacando la aceptación generalizada del arte clásico frente al carácter más incomprendido del arte moderno.
A pesar de estar aún en formación, Alessia ya ha participado en exposiciones con piezas de cerámica figurativa, principalmente rostros que ha producido en los últimos años. Su más reciente muestra fue en el estudio de artes plásticas ‘Alma Sorolla Arte’, en Madrid, compartiendo espacio con el ceramista Alejandro Zorrilla Almarza, del Taller de Cerámica AZA. Aunque todavía le queda camino por recorrer en su grado, la estudiante disfruta plenamente de esta etapa formativa, enriquecida por el aprendizaje, el compañerismo y la vibrante atmósfera creativa de la facultad. De cara al futuro, le gustaría consolidarse en el panorama artístico, seguir desarrollando su pasión y encontrar su lugar como creadora, transformando lo aprendido en una carrera llena de posibilidades.
Abi, estudiante de cuarto curso del Grado de Bellas Artes, ha desarrollado una visión más amplia sobre lo que implica esta formación universitaria. Desde pequeña, comenzó a practicar el dibujo y, más adelante, se inició en la pintura, siempre de forma autodidacta. Su pasión por estas disciplinas le llevó a matricularse en la Facultad de Bellas Artes, con el objetivo de perfeccionar sus habilidades, aprender nuevas técnicas y adquirir nuevos conocimientos que fortalecieran su talento. Durante la carrera, ha trabajado con técnicas mixtas que combinan el dibujo y la pintura, centrándose en la representación de la corporalidad.

Actualmente, Abi enfoca su investigación en torno a la identidad queer, un fenómeno social que ha abordado previamente en proyectos paralelos a través de la fotografía y el fanzine, entre otros soportes. Su interés ahora se orienta hacia trasladar estas exploraciones a las artes plásticas. “Estoy trabajando en un proyecto sobre drag queens, donde exploro estas formas de expresión y las políticas relacionadas con el género. Esta investigación será clave para mi Trabajo de Fin de Grado”, señala la estudiante. Su producción artística incluye ensayos y material fotográfico que reflejan las ideas que busca plasmar en su obra.
En esta etapa final de su grado, Abi ya reflexiona sobre su futuro. “Me gusta mucho investigar y la teoría del arte, me gustaría ser profesora para poder transmitir la pasión que siento yo a otras personas”, afirma. Además, gracias al apoyo de una de sus profesoras, ha participado en exposiciones fuera de la facultad, como la organizada en el Palacio ducal de Medinaceli. Esta muestra multidisciplinar, que también incluyó performance, le permitió explorar este género que, hasta ese momento, no había trabajado.

La relación entre el profesorado y el estudiantado en la Facultad de Bellas Artes trasciende el ámbito académico, convirtiéndose en un vínculo fundamental para el desarrollo artístico de los alumnos. La exhibición de las obras realizadas por los estudiantes es un componente clave en su crecimiento como artistas, y el profesorado desempeña un papel esencial al introducirles en el mundo expositivo. Un claro ejemplo de esta dinámica es el trabajo de Lorena López, profesora de asignaturas como Bases Didácticas de la Educación Artística y Artista, Creatividad y Educación en el Grado de Bellas Artes, junto a Claudia González, estudiante de cuarto curso del mismo grado.
Lorena López reconoce las dificultades que enfrentan sus estudiantes para participar en muestras donde sus trabajos sean valorados. Con el objetivo de derribar estas barreras, la profesora se esfuerza por establecer vínculos con instituciones culturales, tanto públicas como privadas, ampliando así el horizonte formativo más allá de las aulas. “Los alumnos saben cómo gestar sus obras, pero luego encuentran complicado dar a conocer sus trabajos al exterior. Es fundamental que aprendan a dirigirse a una institución cultural y a presentar su obra”, subraya López.
Esta iniciativa permitió a Claudia González participar en la exposición En la piel de las mujeres, celebrada el pasado mes en la Casa de la Cadena de Pinto. Comisariada por Lorena López, esta muestra invita a reflexionar sobre el concepto de mujer, brindando a Claudia un espacio para exhibir sus creaciones. “Gracias a Lorena pude formar parte de este proyecto tan interesante, en el que mis obras encontraron un espacio ideal”, destaca Claudia. Juntas, profesora y estudiante colaboran en la creación de proyectos que dan visibilidad y reconocimiento al trabajo de artistas emergentes, validando así su esfuerzo y talento.
El gran evento: ‘De punto y seguido a radiantes’

Uno de los espacios más destacados y admirados de la Facultad de Bellas es su Sala de Exposiciones, una amplia galería dividida en cuatro áreas. El pasado 15 de noviembre, este emblemático lugar se convirtió en el epicentro de la comunidad artística de la institución con la inauguración de uno de los eventos más esperados: De punto y seguido a radiantes. Este título, cargado de significado, sugiere un proceso de evolución y transformación, reflejo del esfuerzo y la superación de los 35 alumnos y alumnas que participan en la muestra y que alberga cerca de 300 obras.
Durante la jornada inaugural, la sala vibraba con un ambiente único, repleta de visitantes inmersos en un clima distinto al de otros eventos similares. La presentación estuvo marcada por una evidente emoción por parte de los anfitriones, un sentimiento palpable en cada obra, realizadas con meticuloso esmero y dedicación. Estas piezas, concebidas con un profundo cariño, irradian una energía especial que envuelve a los espectadores desde el primer momento.

La exposición multidisciplinar ofrece un fascinante recorrido por una variedad de formatos, géneros y estilos: dibujos, pinturas, esculturas, trabajos con vidrio, fotografías y más. Cada creación aporta su propio matiz a esta rica propuesta, que destila una inconfundible pasión por el arte, dejando huella a quienes la visitan.
Para la elaboración de las obras, los estudiantes han disfrutado de una Beca de Residencias de Investigación Artística en diferentes municipios de la península. Una iniciativa que se ha llevado a cabo durante el mes de agosto y que les ha brindado la posibilidad de focalizarse plenamente en sus producciones. En la mayoría de sus creaciones, se plasma el carácter propio de cada lugar con el que han convivido, captando diversos rasgos de su entorno como su cultura, su paisaje o sus gentes, entre otros motivos. Las localidades receptoras de estudiantes han sido Priego de Córdoba, Segovia, Ayllón (Segovia), Fabero (León) y el Monasterio de la Inmaculada Concepción de Loeches (Madrid), cuyos ayuntamientos y fundaciones financian la estancia y manutención.

La comisaria de la exposición, Soraya Triana Hernández, profesora de las asignaturas Fundamentos de la Escultura y Construcción Escultórica en la facultad, así como coordinadora de la residencia artística en Fabero, destaca la “frescura” y la “autenticidad” que caracterizan las obras. Según Triana, esta muestra resulta especialmente significativa, ya que para la mayoría de los participantes ha representado su primera experiencia dedicando por completo su tiempo y esfuerzo a la creación artística. “La propia exposición funciona como un cuerpo, se genera una narración en la que cada obra ofrece su aportación”, explica la profesora. Asimismo, subraya la importancia de estas becas para los estudiantes, ya que les permite llevar a cabo un proyecto que va más allá de las posibilidades que ofrece la facultad. “Estos espacios ayudan a conectar con lo que el estudiante realmente quiere hacer, algo que la distribución de cuatrimestres dificulta bastante”, concluye.

Francisco Gómez Jarillo, coordinador de la Beca de Residencia de Investigación Artística en Ayllón y profesor del Departamento de Escultura y Formación Artística, ha acompañado a sus alumnos en este proceso creativo, observando de cerca sus avances. Desde el primer día, su papel ha sido fundamental, guiándolos en el descubrimiento del entorno y destacando los atractivos locales que pueden inspirar sus obras. “Esta experiencia impulsa su motivación y les permite explorar líneas de investigación que no habían trabajado antes, dando forma a un estilo propio. El entorno libre en el que trabajan, sin la presión de calificaciones, es clave para fomentar esta creatividad”, señala Gómez Jarillo.

Entre los asistentes a la jornada inaugural de Punto y seguido a radiantes destacaban, por encima de todo, los verdaderos protagonistas del evento: los autores. Su juventud los distinguía del resto, así como, el entusiasmo con el que observaban las obras y la alegría reflejada en sus rostros al contemplar el resultado de la exposición. Se les podía ver compartiendo opiniones, explicando a familiares y amigos las particularidades de sus creaciones o, simplemente, riendo mientras recordaban las anécdotas vividas durante su estancia en alguno de los municipios participantes.
Allí estaba Pablo Caballero, alumno de Grado de Bellas Artes y participante en la exposición, a un paso de finalizar su carrera, con tan solo su Trabajo de Fin de Grado pendiente para completarla. Pablo ha sido uno de los afortunados de poder disfrutar de esta beca de residencias, siendo acogido en la localidad minera de Fabero. El estudiante ya lleva tiempo investigando la relación entre la fe y el arte, inquietud que ha querido trasladar a sus obras en esta ocasión, proponiendo temáticas que han abordado la procesión, la minería, y los aspectos más tradicionales de la comunidad en la que se ha sumergido. “Llegué al lugar con una idea muy determinada, sabiendo lo que quería hacer. Una vez allí, el entorno comenzó a sugerirme otras cosas y también capté los momentos más íntimos que fui viviendo durante la residencia”, comenta. La producción que ha llevado a cabo este joven artista ha sido realizada en pintura al óleo y escultura, aportando más de 15 obras a la exposición. Pablo también destaca el valor de poder contar con un espacio como el que acoge esta exposición. Para él, la posibilidad de exhibir sus obras supone la oportunidad de poder adentrarse en un ámbito nuevo y habitualmente de difícil acceso, una puerta que esta facultad les abre con generosidad. “Esta sala es un lujo. Encontrar espacios que acepten exponer tus obras es muy complicado. Tengo amigos que están buscando sitios donde exponer y no les dan la oportunidad, y esto es una oportunidad muy grande para nosotros”, subraya Pablo.

Igualmente satisfactorias están siendo las experiencias de Karolina Fostas y Paula Férez, estudiantes de Máster de Profesorado y Doctorado en Bellas Artes, respectivamente, coinciden en calificar como “muy bonita” y “enriquecedora” su experiencia como destinatarias de la Beca de Residencia de Investigación Artística en Ayllón, aunque reconocen que también fueron jornadas muy intensas de trabajo. “Tuvimos los problemas que pueden surgir en cualquier proceso artístico, pero al ser un grupo de estudiantes, nos ayudamos los unos a los otros y lo sobrellevamos mejor”, explica Carolina. Durante la residencia, Carolina, que se especializa en pintura al óleo y suele inspirarse en elementos de la naturaleza, desarrolló una serie de paisajes y experimentó también con la técnica de la cianotipia y el grabado. Paula, por su parte, creó esculturas en vidrio, explorando la estrecha relación de Segovia con este material, y realizó una serie fotográfica que captura la esencia de Ayllón. Ambas estudiantes celebran el hecho de ver sus obras expuestas, destacando la importancia del contacto con los espectadores para que el arte cobre vida. “Es fantástico que la facultad disponga de este espacio. En Salamanca, donde cursé el Grado de Bellas Artes, no contábamos con algo así, y me parece maravilloso”, concluye Paula.

La realización de todas las piezas que conforman esta exposición ha sido posible gracias al esmero y la dedicación de los artistas, quienes han empleado todo su talento y conocimientos para transmitir el encanto de sus representaciones. El arte implica una gran responsabilidad, y los jóvenes creadores trabajan constantemente para alcanzar la excelencia que este propósito exige. Como afirmó Diego Rivera: «El arte debe ser una fuerza que promueva la reflexión y la transformación social». Bajo esta premisa, ninguna obra de arte debe considerarse una simple nimiedad. La Facultad de Bellas Artes de la UCM se esfuerza por dotar a sus egresados de los recursos necesarios para cumplir con este ideal, apoyándolos en su desarrollo profesional y creativo. Un papel fundamental en este proceso recae en sus profesores, cuyo acompañamiento es esencial para el éxito de los proyectos estudiantiles. Su compromiso no solo garantiza la riqueza y calidad de las obras futuras de sus alumnos, sino que también prepara para dejar el nido, desplegar sus alas y alcanzar las infinitas posibilidades del universo creativo.
Blog de Joaquín González de la Aleja: https://www.lacaptura.blog/

