Escultura de la diosa Coatlicue

Por @andreahermidaa

Madrid abre sus puertas a un viaje al corazón espiritual de Mesoamérica. Esculturas monumentales, cerámicas, textiles y obras contemporáneas tejen un recorrido que enlaza lo ancestral con lo actual, en el marco del Año de la Mujer Indígena 2025: un homenaje a las guardianas de la memoria, la tierra y los saberes ancestrales.

Con el título “La mitad del mundo. La mujer en el México indígena. El ámbito divino”, la Fundación Casa de México, en colaboración con el Gobierno de México y el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), presenta una exposición compuesta por 98 piezas originales que busca visibilizar el papel de la mujer indígena a lo largo del tiempo. La muestra podrá visitarse de forma gratuita del 4 de octubre de 2025 al 15 de febrero de 2026 en la sede de la Fundación en Madrid.

Se trata de la primera exposición dentro de un ambicioso circuito que fomenta la diplomacia cultural, y se desplegará en cuatro instituciones madrileñas: el Museo Arqueológico Nacional, el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, el Instituto Cervantes y la Fundación Casa de México. En total, más de 445 piezas arqueológicas y etnográficas cruzarán el Atlántico en la que se considera la mayor muestra de arte precolombino organizada en España. Esta iniciativa se enmarca en la declaración de 2025 como Año de la Mujer Indígena, impulsada por el Gobierno de México para reconocer el papel de las mujeres originarias como guardianas de la memoria, las tradiciones y los saberes ancestrales.

La exposición reúne piezas procedentes de culturas como la mexica, maya, zapoteca, mixteca, olmeca, huasteca, teotihuacana, tzotzil, nahua y wixárika, entre otras. Predominan las esculturas en piedra y cerámica —desde figuras de pequeño formato hasta obras monumentales de hasta 2,5 metros—, junto con textiles, cestería y pintura. El recorrido abarca desde el periodo preclásico hasta el siglo XXI, mostrando la continuidad y transformación de las representaciones femeninas en la cosmovisión
indígena.

La exposición constituye un homenaje a la riqueza y diversidad cultural de México, al tiempo que pone en valor los notables avances alcanzados por sus civilizaciones en ámbitos como la medición del tiempo, el arte y la arquitectura. Bajo la dirección de Diego Prieto, ex director del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), la muestra propone una mirada integral al legado material e inmaterial de las culturas originarias, resaltando su sofisticación intelectual y espiritual.

El concepto curatorial, desarrollado por Karina Romero Blanco, se articula en torno a la noción de la dualidad, entendida no como una oposición de contrarios, sino como la integración de fuerzas complementarias que estructuran el pensamiento indígena mesoamericano. Esta idea actúa como eje transversal del recorrido expositivo, ofreciendo una lectura profunda de las tensiones y armonías que conforman la cultura prehispánica.

La propuesta se organiza en tres líneas temáticas: “Las dos partes del mundo”, “La ostentación del cuerpo” y “La sacralidad femenina”. A través de ellas se explora cómo lo femenino se asocia con la tierra, la fertilidad, la vida, la muerte y el poder, constituyendo un principio generador de equilibrio y renovación. En este sentido, el ámbito de lo divino se erige como punto de partida para comprender la totalidad de esta cosmovisión. Tal como explica la comisaria, “decidimos que lo divino fuese el punto de partida para entender todo lo demás, para ofrecer una base que permitiera adentrarse en la complejidad simbólica y espiritual de estas culturas”.

De esta manera, la exposición no solo invita a un recorrido estético, sino también a una reflexión sobre la permanencia de los saberes ancestrales y su vigencia en la identidad cultural de México contemporáneo.

En la primera sala, dedicada a «Las dos partes del mundo», se aborda el concepto de dualidad en la visión indígena del universo. Esta noción es un eje central del pensamiento mesoamericano y estructura tanto su cosmovisión como su comprensión de la existencia. Se refleja claramente en las figurillas femeninas bifaciales de distintas culturas como la maya, la de Tlatilco o la del Altiplano Central, presentes en este espacio. En estas culturas, todo ser —divino, humano o natural— surge de la interacción de fuerzas opuestas pero complementarias, como vida y muerte, masculino y femenino, sequía y lluvia. Esta lógica dual también se manifiesta en cerámicas decoradas con motivos marinos, así como en vasijas con forma de caracol o concha, provenientes de diversas tradiciones culturales. Lejos de implicar conflicto, esta dualidad representa equilibrio y renovación constante, como señala Karina Romero: “El pensamiento indígena es muy rico en la cuestión de no encasillar con respecto al género.”

Esta visión, aún vigente en muchas comunidades originarias, ofrece claves para entender las piezas de la exposición, donde lo divino y lo humano, lo ancestral y lo contemporáneo dialogan entre sí.

Esculturas masculina y femenina. Cultura del Occidente de México. 200 a.C. – 400 d.C.

La segunda parte de la exposición, «La ostentación del cuerpo femenino», se centra en las interpretaciones simbólicas de la anatomía femenina dentro de la cosmovisión indígena. En estas culturas, el cuerpo humano no es solo una entidad física, sino un un lugar donde las fuerzas sutiles y sagradas son albergadas y conectan al individuo con el universo. Estas energías representan aspectos vitales del ser y se vinculan con los elementos naturales, el cosmos y la dualidad entre lo femenino y lo masculino. El cuerpo, en este sentido, es tanto expresión de identidad como vehículo espiritual, y su representación en el arte prehispánico resalta cualidades simbólicas relacionadas con la fertilidad, la nutrición y la regeneración.

Los torsos y esculturas femeninas que se exhiben reflejan claramente esta concepción del cuerpo como metáfora viva de la tierra, la cueva y la montaña, espacios sagrados de origen y transformación. A través de modificaciones corporales, tatuajes, pintura o adornos rituales, el cuerpo femenino era concebido como un soporte de significados que iba más allá de lo estético, representando el lugar del ser humano en el orden cósmico y su vínculo profundo con lo divino.

«Venus de Tamtoc». Monumento 33. Cultura tének (huasteca), 150 d.C.

La última línea temática, dedicada a «La sacralidad femenina», presenta representaciones de deidades femeninas predominantes de diversas culturas, tanto prehispánicas como actuales. En las culturas indígenas de México, lo femenino encarna una sacralidad ambivalente y poderosa, asociada a la creación y la destrucción, al origen y al fin. Las diosas representan fuerzas activas de la naturaleza —fecundidad, sexualidad, parto, muerte, tierra, agua y oscuridad— y cumplen funciones simbólicas esenciales para mantener el equilibrio del Universo. No se trata de una visión esencialista de lo femenino, sino de una comprensión dinámica, cíclica y profundamente ritual.

Esta riqueza simbólica se refleja en las figurillas y representaciones de diosas expuestas, entre las que destaca una vasija ritual para pulque con forma de cabeza de Mayahuel, diosa del maguey, una pieza única que ilustra la conexión entre lo sagrado femenino y los ciclos agrícolas. Junto a ella, las tablas votivas dedicadas a distintas diosas mesoamericanas y los exvotos a la Virgen de San Juan de los Lagos muestran cómo estas fuerzas divinas continúan vivas, resignificadas tras la Conquista sin romper con su raíz originaria. En esta continuidad simbólica, la Virgen adquiere atributos de protección, fertilidad y poder que antes pertenecían a entidades como Tonantzin, Cihuacóatl o Itzpapálotl. Así, lo sagrado femenino sigue habitando los cerros, los cuerpos, los rituales y la vida cotidiana, reafirmando su centralidad en la cosmovisión indígena y su papel activo en la resistencia y la identidad cultural de los pueblos originarios.

Nuestra señora del Pueblito, 1852 y Lápida con la diosa Izpapálotl. Cultura tolteca, 900-1200 d.C.

Escultura de la diosa Tonantzin Cihuacóatl. Cultura mexica, 1200-1521 d.C. y Detalle del traje tradicional de «Guadalupita» usado para la fiesta de la Virgen de Guadalupe. Cultura mestiza.

Con la inauguración en Casa de México, esta muestra marca el inicio de un amplio circuito expositivo que continuará el 31 de octubre en el Museo Arqueológico Nacional, el Museo Thyssen-Bornemisza y el Instituto Cervantes, consolidando un proyecto cultural de gran envergadura que celebra los vínculos históricos y artísticos entre México y España.

Más allá de la contemplación estética, la exposición invita a una reflexión profunda sobre la herencia simbólica y espiritual de las civilizaciones mesoamericanas, revelando la vigencia de sus saberes y su capacidad para dialogar con el presente. En un momento en que las culturas del mundo buscan reencontrar el equilibrio entre naturaleza, humanidad y tecnología, esta propuesta ofrece una mirada renovada sobre un pensamiento ancestral que entendió, desde sus orígenes, que la dualidad no divide: une, complementa y da sentido al mundo.