Cézanne petit-point LXXXVII, Alfredo Alcaín, 1985. Foto propia

Por Yskelani Martinez Teran
Colores que dialogan con la memoria, formas que se convierten en relato y una vida entera dedicada al arte: la Sala Alcalá 31 abre sus puertas a un viaje imprescindible por el universo creativo de Alfredo Alcaín.
La Sala Alcalá 31 de la Comunidad de Madrid ofrece una retrospectiva en homenaje a la trayectoria artística del pintor español Alfredo Alcaín. Desde el 10 de septiembre de 2025 hasta el 11 de enero de 2026, el espacio cultural presenta la exposición «Alfredo Alcaín. Una retrospectiva» que cuenta con más de 160 obras representativas de todos sus ciclos y técnicas, desde esculturas y cuadros hasta collage y dibujos.
Esta exhibición fue organizada por la Comunidad de Madrid con el fin de reconocer las seis décadas de actividad ininterrumpida del artista y reflejar su evolución técnica y conceptual desde finales de los años sesenta hasta la actualidad. Para ello, se llevó a cabo un proceso curatorial exhaustivo liderado por el crítico y comisario Mariano Navarro. No obstante, el pintor también participó activamente en la selección de piezas, orientando sobre las etapas clave de su trayectoria y aportando obras de su colección personal.
La antológica se divide en dos plantas, cada una con una temática distinta. La primera planta subraya los estilos del pintor, mientras que la segunda aborda su biografía y su país en unos tiempos inhóspitos. El orden de las piezas no es secuencial, pues, como declara el comisario: “Lo que queríamos subrayar es su potencia como pintor, más allá de cronologías”.
Un mundo pintoresco
En este sentido, el piso principal se inaugura con «A la pintura» (1977), un cuadro que marca un punto de inflexión en la carrera del artista. Esta pieza simboliza su reencuentro con el arte tras haber pasado por un periodo de agotamiento creativo. En ella, el pintor ilustra un paisaje rural, donde se observa un bosque poblado de árboles, atravesado por un río que lo divide. En este caso, Alcaín emplea colores planos y combina tonos fríos y cálidos, provocando un contraste que aporta una luminosidad clara y diurna. Además, utiliza pinceladas cortas y muy visibles, lo que intensifica la textura pictórica. Cabe resaltar, que el paisaje se ve interrumpido por un collage posicionado en el centro, en el que se muestran distintos colores con una factura rica en pasta.

A lo largo de este primer pasaje, se encuentran cuadros muy pintorescos, de los cuales destaca su conocida serie “Cézanne petit-point”. Esta serie tuvo lugar a partir de un cañamazo de petit-point en el que Alcaín reinterpreta la obra de Paul Cézanne, un “Frutero, mantel, vaso y manzanas” (1880). Lo característico de esta serie de 35 piezas es que cada una tiene distinta luz, color, trazo y material. “Cézanne petit-point IV” es un óleo sobre madera, en el que predominan los colores cálidos (rojos, burdeos, rosas, carmines que se fusionan con naranjas y amarillos), aportando una iluminación característica de la hora dorada. En contraste, “Cézanne petit-point XCII” es de punta seca sobre papel, siendo los principales colores negros, grises y blancos.

Asimismo, con “Cézanne petit-point”, Alcaín experimenta diferentes estilos y movimientos artísticos. Concretamente, según informa el crítico e historiador Francisco Calvo Serraller, el pintor reinterpreta el bodegón de tres formas distintas. En primer lugar, en congelación mecanizada simple al estilo pop art, donde el cuadro es representado de forma fría, casi industrial, como si fuera una imagen reproducida mecánicamente. En segundo lugar, en congelación mecanizada perversa, aquí el artista toma el cuadro de Cézanne cargado de sensibilidad pictórica y lo convierte en algo plano. Tiene una intención crítica e irónica que busca dialogar y desafiar a los grandes maestros. Finalmente, encontramos la congelación mecanizada perversa y materialización escultórica, donde pinta al estilo cubista, es decir, el estilo desarrollado por artistas como Juan Gris o Picasso, que fragmentaban y reconstruían objetos naturales en formas geométricas (cubos, esferas, cilindros, etc.). Pero también, transforma ese cubismo en relieve, creando esculturas de tres dimensiones.
En la misma línea, nos vamos a encontrar obras que de alguna manera son la continuación y desarticulación del bodegón. Por tanto, empezamos a ver cuadros individualizados de frutas, que luego pasarán a convertirse en volumen, escapándose de la bidimensionalidad del soporte pictórico. Ejemplo de esto son las composiciones ovaladas, donde el artista juega con el dibujo, los colores, las formas y los volúmenes. La obra “Bodegón de la Teja” (1990) emplea una técnica mixta sobre madera, en el que mezcla colores planos con elementos que sobresalen, como la pera, la botella de vino, la copa, entre otros.

Sin embargo, llega un punto en que dejaremos de ver frutas, pues estas se han diluido y transformado en líneas y figuras. Como dice Alfredo Alcaín en la entrevista de El Confidencial: “Yo digo que las frutas al final se cayeron y se quedaron solo las líneas”. Por tanto, la figuración se ha ido perdiendo, mas no llega a la abstracción.

Del alma del artista al alma de España
En el piso superior se encuentran los autorretratos, la estancia en Italia, las pinturas de fachadas y el altar que Alcaín instaló en 1970 en el museo de Villafamés. No obstante, la planta está dedicada en su mayoría a las representaciones de escaparates de comercios. Estas obras constituyen el mejor ejemplo de cómo Alcaín ha encontrado siempre en lo cotidiano su fuente de inspiración, abordando cuestiones sociales más profundas a través de escenas aparentemente mundanas.

Así, su cuadro de una peluquería o el de una tienda de tabaco no solo reproducen la apariencia de una fachada concreta, sino que capturan una imagen del Madrid de entonces y que, por supuesto, ya no existe. Estas composiciones se caracterizan por sus tonalidades adustas y de una textura opaca. Del mismo modo, uno de los cuadros que más destaca es aquel collage tridimensional de técnica mixta, también conocido como caja ensamblada. Esta obra está organizada en múltiples secciones, cada una con un objeto, imagen o texto que marcaron la vida del pintor. Encontramos pinceles, autorretratos, pinturas, fotografías, carnés de identidad, entre otros.

Ante estas premisas, apreciamos que Alfredo Alcaín es un artista fluctuante que va moviéndose entre los distintos estilos y técnicas. Aunque suele ser encasillado dentro del pop art, la exposición ofrece una imagen mucho más compleja y matizada. Es decir, en sus pinturas se refleja una influencia del impresionismo (dada la diversidad de los trazos y pinceladas), del cubismo e incluso de la abstracción. El propio Alcaín, en una entrevista con El Confidencial, expresó su incomodidad con dicha etiqueta: “Siempre me he sentido un poco incómodo con la etiqueta de arte pop, porque el pop americano se centraba sobre todo en la sociedad de consumo y lo que yo hacía en los años 60 reflejaba un mundo que se estaba acabando. No había consumo aquí”.
Alfredo Alcaín, a lo largo de su vida, ha recibido premios como el Premio Nacional de Artes Plásticas y el Premio Tomás Francisco Prieto y ha expuesto en diversos museos, tanto nacionales como internacionales, lo que lo ha convertido en una gran influencia para muchos.
Datos útiles:
• Lugar: Sala Alcalá 31, Madrid
• Dirección: C. Alcalá, 31, Centro, 28014 Madrid
• Web: https://www.comunidad.madrid/actividades/2025/exposicion-alfredo-alcain-retrospectiva
• Fechas: 10 de septiembre de 2025 – 11:00 a domingo, 11 de enero de 2026 – 14:00
• Trasporte:
- Metro: la parada más cercana es Sevilla, de la línea 2 (color rojo).
- Autobús con las líneas 46, M2, 9, 5 y 150. La parada se llama Sol-Sevilla y tiene número 2056.
- Carro: el aparcamiento más cercano está en calle Alcalá y tiene acceso a la altura de los número 17 y 20. Cuenta con tres salidas peatonales con ascensor que dan a la Carrera de San Jerónimo 7, la calle Alcalá 10 y la calle Sevilla 3.
• Precio: Gratis
• Horarios: De martes a sábados de 11.00 a 20.30 h.
Domingos de 11.00 a 14.00 h.
Cerrado: todos los lunes, 24, 25, 31 de diciembre, 1 y 6 de enero.

