Por Lucía Sampedro Fuentes

La caligrafía árabe, una expresión artística de reconocida elegancia ancestral y carga simbólica, ha estado históricamente ligada tanto a lo sagrado como a lo textual. Pero en la exposición Del alif a la zain: Arte caligráfico en movimiento, que acoge la Casa Árabe en Madrid hasta el 31 de enero de 2026, las letras trascienden su función tradicional para convertirse en materia pictórica, transformándose en formas de resistencia, espiritualidad y belleza.

La exposición, comisariada por Toufik Douib, reúne a diez artistas de Medio Oriente y del Norte de África, cuyas obras exploran la caligrafía como lenguaje plástico. Para quienes nunca han visto esta disciplina como un arte visual autónomo, la muestra funciona como una perfecta puerta de entrada.

Desde el primer paso en la sala se presenta un universo de signos que no buscan ser leídos, sino sentidos e interpretados. Las letras árabes se transforman en trazos elaborados y técnicamente complejos, en composiciones de colores saturados que destacan de forma inmediata y conducen a paisajes emocionales. La caligrafía deja de ser escritura para convertirse en pintura.

Anissa Lalahoum, Mandala Caligráfico S|F

Una de las obras más impactantes es la de Anissa Lalahoum, artista franco-argelina que presenta un círculo monumental compuesto por letras de colores. Su estilo, al que ella denomina Calligratitude, nace de un proceso meditativo: pinta en estados de trance, canalizando lo que llama “frecuencias del amor”. El resultado es una composición visualmente densa e hipnótica. El círculo no se lee, se contempla y se disfruta. Es una oración sin palabras, un mandala caligráfico que envuelve por completo al espectador.

Anissa Lalahoum presenta también su serie Calligratitude, un conjunto de obras concebidas en estado de trance y concentración profunda. Inspirada en la simiya —la ciencia espiritual de las letras árabes—, esta serie transforma cada lienzo en un portal capaz de incidir tanto en el espacio como en el espectador. Cada obra nos recuerda que el arte puede ser también una forma de sanación.

Anissa Lalahoum, obras de la serie Caligratud S|F
Nasreddine Bennacer, Yo respiro bajo el agua , 2019

En contraste, la obra Yo respiro bajo el agua 2019, de Nasreddine Bennacer, apuesta por la sutileza basándose en formas más suaves y etéreas. Esta pieza se sitúa entre la abstracción y la figuración, donde las letras fluyen hacia abajo con delicadeza. Bennacer, que trabaja entre Francia y Argelia, utiliza la caligrafía como forma de introspección, como huella de lo intangible.

Una de las propuestas más conceptuales de la exposición la ofrece Idriss Azougaye, artista germano-marroquí que reinterpreta obras icónicas de la pintura occidental como La noche estrellada de Van Gogh o El beso de Klimt, utilizando exclusivamente caligrafía árabe. En sus versiones, los trazos sustituyen a las pinceladas, creando una textura caligráfica sobre composiciones de referencia occidental que fusionan tradición y modernidad.

Estas piezas no solo revisitan iconos pictóricos mediante la caligrafía, sino que plantean una reflexión sobre la apropiación, la reinterpretación y la universalidad del arte. Azougaye logra que la letra árabe se convierta en pigmento, en materia pictórica. Sus obras no buscan imitar, sino reimaginar. El espectador reconoce las composiciones, pero descubre que están hechas de signos, de palabras que no se leen, de trazos que cuentan otra historia. Es un juego visual que invita a pensar en la interculturalidad y en la posibilidad de que el arte sea un puente entre lenguajes.

Idriss Azougaye, El Vagabundo (2021), La noche estrellada (2020) y El beso (2020) 
(reinterpretación)

El mural de Mosa One ocupa una de las paredes principales de la exposición con una fuerza visual difícil de ignorar. Dos palomas de gran tamaño, una rosa y otra naranja, se enfrentan en una composición que combina color, caligrafía y mensaje. Cada una lleva inscrita una frase: “Hasta ahora todo bien” y “¿Pero dónde está la paz?”. La obra, inspirada en el monólogo de la película La Haine, plantea una reflexión sobre la pasividad frente al conflicto. Mientras una paloma permanece inmóvil, la otra parece intentar despertarla, recordándonos que la paz no es un estado automático, sino una decisión consciente que exige responsabilidad y acción.

Mosa One, “Hasta ahora todo bien — el problema no es la caída sino el aterrizaje” S|F
Hamed Abdalla – “Desposeído” (1970) y “Revolución” (1978)

Por su parte, las obras de Hamed Abdalla aportan una dimensión histórica y conceptual al recorrido. Considerado uno de los pioneros del modernismo árabe, desarrolló lo que denominó palabra creativa: una fusión entre caligrafía, forma corporal y abstracción. Sus piezas, cargadas de energía gestual, no solo reinterpretan la escritura como imagen, sino que la erigen en símbolo de lucha e identidad. Más que representar el lenguaje, lo encarna y lo transforma en cuerpo político y espiritual. La presencia de su obra establece un puente necesario entre la vanguardia histórica y las búsquedas contemporáneas de los artistas más jóvenes.

Caligrafía como resistencia

Más allá de lo estético, muchas de las obras presentes tienen una dimensión política. La caligrafía se convierte en herramienta de resistencia, en afirmación identitaria y gesto de memoria; un recurso poderoso de afirmación cultural. En contextos donde la lengua árabe ha sido marginada, censurada o estigmatizada, escribir en ella es un acto de reivindicación. Artistas como Bahia Shehab, Akram Idris, Sarah Smahane o Mosa One utilizan la letra como forma de protesta visual. Sus obras cruzan disciplinas como el diseño, el grafiti, la fotografía o la instalación, abordando temas de identidad y dinámicas políticas. En sus manos, no es solo arte: es política.

En este sentido, la exposición logra un equilibrio entre lo íntimo y lo colectivo, entre lo espiritual y lo social. Cada obra es una exploración singular, pero todas comparten una búsqueda común: transformar la letra en imagen y el lenguaje en experiencia.

Una muestra breve pero intensa

La exposición Del alif a la zain reúne a diez artistas en dos salas, configurando un espacio de dimensiones limitadas dada la cantidad de piezas y la naturaleza detallada de muchas de ellas. El visitante sale con la sensación de haber descubierto un universo, pero también con el deseo de explorarlo más. Es una muestra que no necesita ser extensa para ser significativa: cada pieza tiene el poder de abrir preguntas, despertar emociones y transformar la mirada.

El trabajo curatorial de Toufik Douib merece una mención especial. Lejos de organizar las obras por técnicas o por países, propone un recorrido poético donde las afinidades estéticas y conceptuales guían el tránsito. El diseño simple y la iluminación homogénea permiten que cada obra mantenga su autonomía, al tiempo que establece relaciones temáticas y formales con las demás.

La exposición no busca ofrecer respuestas cerradas, sino abrir caminos de lectura. Lejos de imponer un discurso único, plantea un recorrido abierto a múltiples interpretaciones a partir de la observación directa. Además, las obras pueden apreciarse sin conocimiento previo de la lengua árabe; en este contexto, la caligrafía se convierte en un lenguaje universal.

Del alif a la zain: Arte caligráfico en movimiento es una exposición que merece ser visitada y reflexionada. Para quienes nunca han explorado esta disciplina, ofrece una visión amplia de su potencial expresivo. En definitiva, la muestra nos recuerda que el arte, como la lengua, está siempre en movimiento.

Datos de interés: 

Lugar: Sala de exposiciones de Casa Árabe 

Dirección: Calle Alcalá, 62 

Web: https://casaarabe.es/eventos-arabes/show/del-alif-a-la-zain-arte-caligrafico-en movimiento

Fechas: Del 25 de septiembre de 2025 al 31 de enero de 2026 

Transporte: Autobús – 146, 152, 20, 27, 52. Tren – C2, C7 Metro – M-2, M-9 y M-4

Precio: Entrada libre 

Horarios: De lunes a domingo de 10:00 a 20:00 horas.