Por Miguel Herrero Zúñiga
La exposición dedicada a Raimundo de Madrazo en Madrid rescata del olvido a uno de los grandes nombres del siglo XIX español, cuya pintura, refinada y virtuosa, refleja la sofisticación de una época que oscilaba entre la tradición y la modernidad.
La muestra, organizada por Fundación MAPFRE y Meadows Museum, SMU, Dallas, se ubica en la propia fundación en Madrid (Paseo de Recoletos, 23) desde el 19 de septiembre de 2025 hasta el 18 de enero de 2026, bajo el comisariado de Amaya Alzaga Ruiz.
La disposición de la exposición, distribuida en un recorrido que combina el orden cronológico con núcleos temáticos, permite apreciar la evolución de Madrazo con una claridad poco habitual. Las salas iniciales, dedicadas a su formación y a sus primeros ensayos históricos, contrastan con los espacios centrales, donde la luz, los tejidos y las figuras femeninas se convierten en protagonistas absolutos. Cada obra está acompañada por una iluminación delicada que realza la riqueza cromática de sus lienzos y por una museografía sobria que invita a una contemplación pausada.
El visitante percibe cómo el pintor, lejos de ser un mero retratista de la alta sociedad, fue también un cronista visual del gusto y la sensibilidad de su tiempo. La exposición lo sitúa en el contexto internacional que realmente le correspondió, mostrando su relación con París, con el mercado americano y con artistas de su entorno, sin caer en el tópico del pintor «afrancesado». Más bien, Madrazo emerge aquí como un artista europeo, cuya obra, aun ajena a las rupturas vanguardistas, mantiene una vigencia sorprendente por su refinamiento técnico y su profunda humanidad.
Raimundo de Madrazo y Garreta (Roma, 1841–Versalles, 1920) fue heredero de una de las sagas artísticas más ilustres de España: nieto de José e hijo del gran retratista Federico de Madrazo. Paradójicamente, pese a haberse formado desde niño entre lienzos, pigmentos y conversaciones sobre arte, es uno de los pintores más olvidados por la crítica moderna. Su destino parecía marcado por la tradición familiar, pero él supo torcerlo con una elegancia silenciosa, alejándose de los temas históricos que imponía la academia para abrazar la pintura de género y el retrato mundano. Esa decisión, que en su tiempo le garantizó éxito y fortuna, lo apartó del relato heroico de la modernidad, pero lo consolidó como el cronista visual de una sociedad que encontraba en su arte un espejo refinado de su propia vanidad.
La exposición madrileña propone un recorrido riguroso por su vida y su obra, desde los inicios académicos hasta la madurez serena de sus últimos años. A través de las salas se percibe cómo el artista fue encontrando su voz en el París del Segundo Imperio, ese hervidero cultural donde convivían las tradiciones académicas con las nuevas corrientes impresionistas. Madrazo se instaló allí en 1862 y, tras abandonar los grandes temas históricos, comenzó a pintar escenas cotidianas de una belleza minuciosa: mujeres en salones luminosos, interiores cargados de tapices, porcelanas y sedas, personajes elegantes que parecen vivir suspendidos en un instante de armonía. Era el gusto del nuevo público burgués, ávido de imágenes que destilaran refinamiento y éxito social.
La curaduría ha seleccionado entre las piezas que más destacan de la muestra el Baile de disfraces en París 1909. En 1909, Raimundo de Madrazo retomó el tema de los bailes de máscaras tras un intervalo de treinta años. Esta obra, encargada por el juez norteamericano Elbert H. Gary, representa un baile en el que diversos personajes, incluyendo pierrots y un torero, interactúan entre individuos vestidos a la moda de diversos períodos históricos. Madrazo se autorretrató en la escena, junto a su esposa, María Hahn, y el matrimonio Gary. Conocido con el título de Masquerade Ball at the Ritz Hotel, Paris, la ambientación corresponde, sin embargo, al palacete Yturbe en París. Se trata del lienzo que cierra la serie de bailes de máscaras del pintor, inspirándose, para su realización, en similares escenas elaboradas anteriormente.


También destaca la obra Muchachas en la ventana 1875. Con esta pintura, Raimundo de Madrazo se insertaba en la tradición iconográfica de un tema que habían abordado con anterioridad Murillo, Goya o Manet. La dualidad técnica de Madrazo es evidente: la pincelada apretada y pulida de los rostros, brazos y manos de las mujeres contrasta con la libertad casi impresionista mostrada en los tejidos, especialmente el déshabillé de la más joven. Al mismo tiempo, la ventana por la que se asoman y la presencia de los prismáticos remiten inevitablemente a los palcos de la ópera creados por el arquitecto Charles Garnier en época de Napoleón III.

Otra de las piezas destacadas es Clarita Seminario 1911, donde vemos a Clara Hahn, hermana menor de María. La segunda esposa de Raimundo de Madrazo fue conocida como Clarita Seminario por su matrimonio con el político ecuatoriano Miguel Seminario. La pintura la muestra con un elegante traje de seda azul y apoyando su mano izquierda sobre un bastón del que penden unos guantes blancos. Posa ante un fondo de árboles deshojados y un estanque, posiblemente en el bosque de Saint-Germain-en-Laye, donde el matrimonio Seminario poseía una residencia. Este lienzo es ejemplo de la reducción de la gama cromática, la pincelada fluida y el mayor abocetamiento que adquieren los retratos del pintor en la etapa final de su vida.
La exposición consigue articular un relato coherente que no solo revisa la trayectoria del artista, sino que también reivindica su lugar en la historia. Frente a la vorágine vanguardista que lo eclipsó, Raimundo de Madrazo aparece aquí como un defensor del equilibrio, del gusto y de la tradición, entendida no como anclaje, sino como refugio. Sus cuadros son ventanas a una sociedad que se miraba en el espejo del arte para reconocerse en su esplendor. En cada uno de ellos hay una reivindicación del trabajo paciente, de la maestría técnica y del placer de mirar y ser mirado.
En definitiva, el visitante descubrirá no solo a un pintor excepcional, sino también a un observador agudo de su tiempo. Madrazo no pretendía revolucionar el arte, sino perpetuar la belleza. Y en esa fidelidad a su ideal radica precisamente su modernidad: la de quien, contra el vértigo del cambio, sigue creyendo en la perfección de una línea, en el brillo de un terciopelo, en la mirada serena de una modelo que sonríe desde otro siglo.
Datos de interés:
Lugar: Fundación MAPFRE. Sala Recoletos
Dirección: Paseo de Recoletos, 23, 28004, Madrid
Web: https://www.fundacionmapfre.org/arte-y-cultura/exposiciones/sala-recoletos/raimundo-de-madrazo/
Fechas: Desde el 19 de septiembre de 2025 hasta el 18 de enero de 2026
Transporte: Metro Colón (línea 4), autobuses 5, 14, 27, 37, 45
Precio:
- Entrada general: 5 €
- Entrada reducida: 3 € (docentes, estudiantes mayores de 26 años, familias numerosas o monoparentales, mayores de 65 años, pensionistas)
- Entrada reducida: 1 € (entidades colaboradoras)
- Entrada gratuita: clientes MAPFRE, guías oficiales, menores de 26 años, periodistas, personas con discapacidad y acompañante, desempleados, personal de museos, tarjeta ICOM
- Entrada general gratuita los lunes (excepto festivos)
- Visitas guiadas: 7 €
Horario:
- Lunes (excepto festivos): 14:00–20:00 h
- Martes a sábados: 11:00–20:00 h
- Domingos y festivos: 11:00–19:00 h
Último acceso 30 min antes del cierre. Las salas se desocupan 10 min antes de la hora de cierre.

