Por Solenne RIOM

 

Presentada desde el 20 de noviembre de 2018 hasta el 22 de abril 2019, la exposición “París pese a todo. Artistas extranjeros 1944-1968” del museo Reina Sofía esboza el paisaje artístico posterior a la  Segunda Guerra Mundial en París, periodo a menudo olvidado por la historiografía. Una producción cultural diversificada en sus estilos y formatos, y rica en peso histórico por su trascendencia no solo en el panorama artístico, sino en también en el plano social.

Durante el periodo de ulterior a la Segunda Guerra Mundial y antes de mayo de 1968, periodo que introdujo un cambio de paradigma sin precedente, florecían numerosas obras producidas por una gran variedad de artistas, no todas ellas conocidas por el público, pero muchas de ellas icónicas y significativas de determinados movimientos. Así, esta exposición tiene como objetivo dar a conocer la riqueza cultural de la época, en una atmósfera enrarecido por los conflictos bélicos sucedidos, donde las obras de estos artistas se erigen como garantes de una nueva etapa. Un reto logrado.

 

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Visitantes delante de la obra “El niño de las palomas”, Picasso – 1943

 

Dirigida por Serge Guilbaut (comisario) y coordinada por Soledad Liaño y Belén Díaz de Rábago, la exhibición retrospectiva del siglo XX en París, recibió el nombre de “París pese a todo. Artistas extranjeros 1944- 1968” en pos de destacar a París no solo como el germen de las vanguardias artísticas, sino como el núcleo en el que seguían fraguando estas. Compuesta por mas de cien artistas de varias nacionalidades y más de doscientas obras, la exposición rinde homenaje a los artistas de esta época de convulso movimiento.

 

Un periodo de movimiento en París

Afectada por la Segunda Guerra Mundial, Francia daba mucha importancia a reconstruir su identidad nacional, apoyándose sobre su antigua posición de capital cultural occidental.

guerra fria
“La Guerra Fría”, William Copley – 1962

Atraídos por el mito de la “ciudad de la luz”, y el ambiente de libertad y experimentación, opuesto a la opresión de otros entornos, los artistas afluyeron y revigorizaron culturalmente la ciudad. Incentivados por ayudas de instituciones tales como la concesión de becas o la configuración de derechos para estudiar arte, los artistas posicionaron París una vez más como unas de las referencias en el mundo del arte sin, no obstante, ocupar el primer puesto esta vez. Al otro lado del Atlántico, en Nueva York, se confeccionaba una unidad artística a través del expresionismo abstracto, aprobado por la crítica, el mercado y las instituciones. Al contrario de lo sucedido en la ciudad de los rascacielos, los artistas de París se opusieron a esta unidad, eco de la rigidez dictada a través de la Guerra Fría. Propusieron entonces una significativa diversidad, en reacción a las desigualdades, tensiones y afrontamientos de la época. La Escuela de París por tanto, mantuvo una empecinada oposición a la escuela de Nueva de York.

 

La capital francesa se agitaba en torno a la abstracción, la figuración y el realismo socialista. Las obras optimistas testimoniaban la esperanza del convulso periodo, aunque otras obras subrayaban lo absurdo y la violento de la época. Por otro lado, el joven surrealismo captaba el automatismo o el material de la calle y de la vida cotidiana.

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“Bretaña”, André Fougeron – 1946

En este panorama artístico se van acercando los años cincuenta, donde los artistas, solidarios, se movilizaron para denunciar la dominación francesa sobre sus protectorados y colonias como Argelia. Mediante sus obras, los autores subrayaban la política insostenible en las colonias de Francia. El pop art y el cinetismo surgieron durante este periodo como un azote contra la nueva sociedad que se estaba fraguando. Preparando el camino para la revuelta de mayo de 1968, los artistas rechazaban y denunciaban los excesos del capitalismo a través de la sociedad de consumo, decepcionados por la ausencia de reacción de los movimientos de moda. La ironía y la contestación invadieron las galerías antes de que estallaran las tensiones de 1968.

 

 

Un florecimiento en las producciones artísticas

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“Sin título”, Ed Clark – 1926

Es difícil, sino imposible resumir la diversidad y el ardor cultural del periodo entre 1944-1968. Después de la devastación de la guerra, París seguía siendo un centro cultural animado y atraía tanto a mujeres como a hombres de América, Europa, África y Asia. Si Kandinsky y Picasso ya estaban en París en 1965, muchos artistas fueron atraídos por la «ciudad de la luz» como trampolín de su arte, mientras que otros llegarían más tarde para huir de las discriminaciones de toda índole (racial, sexual, política). Los artistas se beneficiaban de la legendaria historia bohemia de una capital sin prejuicios o exigencias impuestas por las instituciones tradicionales, en apariencia.

 

Así pues, estos artistas que migraban por doquier desde diversos lugares del mundo, contribuyeron a la reconstrucción de la cultura parisina que tenía como reto recuperar su estatus de referencia del arte occidental.

La luz cultural de París se apaga en 1964, cuando Rauschenberg (EEUU) ganó el León de Oro en la Bienal de Venecia. A consecuencia de ello, la capital francesa perdió su supremacía y la crítica del consumo de la sociedad conservadora francesa se reforzó.

 

 

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“El Sena”, Tella (José García Tella) 1951

 

Una exposición viva

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“Tres desnudos”, Bernard Buffet 1949

Repartida en doce espacios, la exhibición se desarrolla cronológicamente en pos de dosificar las obras en espacios temporales dentro del periodo marcado (1944-1968). Primero, descubrimos las obras de artistas cercanos al ambiente de la guerra: Kandinsky antes de su muerte, la realidad abstracta de Picasso y el realismo existencialista de Bernard Buffet en  Tres desnudos (1949). En esta obra, los personajes se destacan del fondo gris gracias a los contornos negros de una pintura lineal y fuertemente expresiva. Bernard Buffet, pintor francés expresionista, probablemente no recibió la atención que merecía. Mostrando las atrocidades de la guerra y la secuelas que esta deja, Buffet remarca la violencia de la época.

 

Después, descubrimos obras del realismo o de la Escuela de París, la cual permitía a los artistas expresar opiniones políticas opuestas. Estas reacciones al clima de enfrentamiento no obstaculizaba a otros artistas a realizar obras de estilo Art Brut, como Jan Krizek , o con abstracción geométrica, como es el caso de los artistas Carmen Herrera o Wifredo Arcay. El holandés Bram van Velde y el alemán Wols eligieron denunciar la violencia y lo absurdo del mundo, mientras la creativa Galería Huit se formaba alrededor de diferentes técnicas plásticas.

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“La boca del metro” –José Tella 1953

Por una parte, para entender el contexto artístico y el ambiente bohemio de la ciudad, el visitante puede aprovechar las diferentes películas que se proyectan en la exposición, así como variados programas de radio y archivos documentales. Por otra parte, el visitante puede observar los desventajas del París en la época, pues nos situamos en una etapa en plena transición hacia la modernidad donde el bullicio de las urbes y las penurias cada vez son más palpables. Un ejemplo esclarecedor es la obra La boca del metro (1953), donde el artista español José Tella subraya lo sofocante de la ciudad. Este pintor refleja en el lienzo a tres vagabundos sentados sobre une boca de aireación. Abajo las personas
amontonadas en el metro son aprisionadas en los vagones. Arriba , los edificios ondulan como si fueran escapados de una pesadilla. Todo ello enmarcado en una atmósfera recargada y agobiante, una metáfora de cómo los ciudadanos estaban alienados y agotados en una ciudad irrespirable.

 

El grupo CoBrA será otra de las agrupaciones que alce tanto la voz como el pincel para denunciar también la alienación de la sociedad capitalista y de consumo a través de una expresividad ingenua y un estilo primitivo. Formado por artistas provenientes de los Países Bajos y Escandinavia, siendo sus principales representantes Karel Appel, Asger Jorn y Pierre Corneille, suyas son obras como «Questioning children» (1949) o «Letter to my son» (1957).

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“Pájaro azul” – Kumber Smith 1960

Sin temor de la críticas voces tradicionales de París, la Galería Arnaud y la Galería Denise René pusieron a disposición de los artistas un espacio para la abstracción geométrica y obras abstractas de manera general, como la «Araña» de Ida Karskaya (1960), que se puede admirar en esta exposición. Karskaya, artista francesa de origen rusa, se apoya sobre la técnica de collage para realizar esta obra en tres dimensiones. Acercándose y cambiando de sitio, el visitante podrá dejarse sorprender por la originalidad del formato. Con portavoces para denunciar las violencias estatales, como Eduardo Arroyo con su obra Los cuatro dictadores (1963), el arte se convirtió en una voz crítica contra los regímenes dictatoriales y los conflictos bélicos, a diferencia del pop art de los Estados Unidos durante los años sesenta y cincuenta, donde la crítica se dirigía hacia la sociedad de consumo. Gradualmente, París perdió su función central en el arte antes de explotar en los años 1968, apoyándose sobre las obras criticas que habían traído los artistas extranjeros.

 

En conclusión, el periodo de movimiento que aborda la exposición se distingue por la variedad de sus estilos, soportes y artistas para crear una verdadera experiencia para el visitante.  Acogidos desde su llegada con música típica de la época, como “les Champs Elysées” de Joe Dassin, los sentidos están estimulados para sumergir al visitante en la capital artística de la época. Ya que refleja la gran vitalidad, la gran diversidad y la gran creatividad artística de París durante el siglo XX, esta exposición merece la atención total del espectador, que no saldrá decepcionado de esta visita.

« Le génie français : il faut de l’étranger pour que celui-ci fonctionne »
“ El genio francés: necesita del extranjero para funcionar ”
Michel Florisoone (crítico), Nouvelles Littéraires, 25 de octubre de 1945

 

DATOS ÚTILES

Lugar: Museo Reina Sofía, en Madrid. Edificio Sabatini primera planta

Dirección: Calle de Santa Isabel, 52, 28012 Madrid

Web: https://www.museoreinasofia.es

Fechas:
 20 de noviembre de 2018 – 22 de abril de 2019

Trasporte:
o Autobuses urbanos Líneas EMT: 6, 10, 14, 19, 26, 27, 32, 34, 36, 37, 41, 45, 59, 85, 86, 102, 119, C1, C2 y E1
o Tren: Estación de tren Atocha-RENFE
o Metro: Línea 1 estación Atocha, Línea 3 estación Lavapiés
o Aparcamiento público de bicicletas: En la entrada de la Plaza Nouvel, o a ambos lados de la entrada al Edificio Sabatini
o Alquiler de bicis con BiciMAD : nº 50 Museo Reina Sofía, nº 51 Ronda de Atocha
o Aparcamientos públicos de vehículos: Estación de Atocha, o Plaza Juan Goytisolo

Precio:
o Venta anticipada (online): entrada individual general a 8 € +gastos
o Entrada individual general: 10 € (Visita conjunta a la Colección y a las exposiciones temporales)
o Entrada combinada: 15,50 € (Incluye la entrada individual general (Colección y exposiciones temporales) y el alquiler de una audio-guía (Colección y exposición temporal París pese a todo)
o Entrada individual general válida para dos visitas: 15 €
o Posibilidad de entrada reducida / gratis bajo condiciones (gratis por los menores de 18 años o estudiantes entre 18 y 25 años por ejemplo). Más informaciones aquí: https://www.museoreinasofia.es/visita/horarios-tarifas

Horarios (excepto algunos días festivos) :
o Lunes y miércoles a sábado: 10:00 – 21:00 h (cerrado martes)
o Domingo: De 10:00 a 19:00 h.