Por Giulia SAFON @lia_rovati

Cuando pensamos en el arte, rara vez nos detenemos a apreciar aquello que históricamente no ha sido definido como tal, perdiendo la posibilidad de admirar y valorar como es debido otras producciones que nacen igualmente de la creatividad y que requieren mucho esfuerzo para ver la luz. La moda es una de esas producciones y hoy en Artenea presentaremos seis perspectivas distintas sobre ella que demostrarán su cualidad artística.

A pesar de sus vinculaciones con formas de vida un tanto frívolas y comerciales, la moda es un arte. En realidad, la moda proviene del más sincero deseo de expresión que se desarrolla a través del uso creativo de los diferentes materiales y el diseño.

Adicionalmente, no es solo una expresión vacía, la moda muchas veces está cargada de conceptos, reivindicaciones y mensajes provocativos. Es, en pocas palabras, vestigio de cada época y de sus retos, de la manera en la que cada sociedad aborda la vida y enfrenta su entorno.

Además, la moda debe tratar de superar sus propios desafíos, no solo debe saber comunicar y ser estética y atractiva a los ojos, debe también ser funcional porque, a diferencia de otros tipos de arte, la moda debe ser usada  —ya sea una creación estrafalaria llevada por una modelo en una pasarela, o una prenda destinada al consumo comercial.

En efecto, esta forma de expresión puede ser considerada sin duda una «tekné», palabra con la que los antiguos griegos denominaban a las artes, subrayando la labor de transformación de algo natural —en este caso podríamos considerar el algodón— en algo artificial a través del uso de la imaginación y la fabricación técnica.

Exploremos entonces seis diferentes ocasiones en las que se hizo evidente que la moda es un medio artístico que incluso logra generar catarsis.

1. Simbología política de la indumentaria en cuadros emblemáticos

La Libertad guiando al pueblo de Eugène Delacroix (1798-1863) es una de las pinturas más comentadas de todos los tiempos. Todos han oído hablar de ella alguna vez, pero no todos conocen las implicaciones simbólicas que se esconden detrás de los elementos de la indumentaria elegida para vestir a cada personaje.

La libertad guiando al pueblo, Eugène Delacroix, 1830

La figura principal de la obra, que representa a la libertad viste una tela que deja al descubierto su pecho emulando la esencia de las esculturas clásicas de la Venus de Milo o la Victoria alada de Samotracia. Esta libertad, sin embargo, se vuelve emblemática por 3 elementos fundamentales: la bayoneta que empuña con la mano derecha, la bandera francesa que sostiene con la izquierda y el gorro frigio  —traído de la tradición romana— que le adorna la cabeza y que se ha vuelto símbolo esencial de la heráldica republicana a partir de la Revolución Francesa.

Aunque pase desapercibido para muchos, el gorro de reducido tamaño contiene un mensaje directo y conciso a favor del movimiento revolucionario. Efectivamente, el gorro frigio no ha sido un elemento elegido al azar. Delacroix decidió conscientemente pintar este elemento de la indumentaria para marcar su posición política. 

De hecho, la vestimenta de cada uno de los personajes del cuadro ha sido escogida por la misma motivación. Desde el sombrero burgués de copa alta de la figura masculina a la izquierda  —que es un autorretrato del pintor—, hasta los «pantaloncillos» cortos de los jóvenes «sans-culottes» de las clases más bajas. La idea era representar por medio de la ropa los distintos estamentos «guiados» por un mismo sentir.

2. Uso de la vestimenta en la pintura como sinónimo de modernidad

Jacques-Louis David (1748-1825) fue un pintor francés de estilo neoclásico que tras haber participado en la Revolución Francesa, se alineó con la política de Napoleón Bonaparte (1769-1821).

Amante del arte clásico y de su austeridad, desarrolló su famoso Estilo Imperio, un estilo inspirado en la mitología griega que simbolizó el inicio de una nueva etapa histórica, la del Primer Imperio Francés de Napoleón.

Madame Récamier, Jacques-Louis David, 1800

De tonos cálidos como los del arte veneciano, sus pinturas representaron el cambio político en todos los niveles, que se hizo evidente incluso en la indumentaria, sobre todo femenina.

En el cuadro Madame Récamier (1800) por ejemplo, se ve a una joven recostada en un diván de inspiración romana  que lleva un vestido de tela ligera y talle alto, está ceñido bajo el busto y termina con un larga falda suelta, a modo de camisón.

En la obra la sobriedad se hace protagonista. Esta joven, retratada como una vestal moderna, simboliza la superación del estilo rococó por medio de sus prendas. Los tejidos livianos sustituyeron de esta manera el corsé, dado que marcar ajustadamente la cintura era considerado como un rasgo anticuado típico del antiguo régimen. 

3. Cuando el pintor diseña vestuario

Autorretrato,  Mariano Fortuny y Madrazo, 1947

La mayor parte de la gente recuerda a Mariano Fortuny Madrazo (1871-1949) por haber sido un gran pintor, pero pocos saben además que fue el creador del vestido Delphos, un diseño de de inspiración griega.

Auriga de Delfos
El vestido Delphos

Igual que su padre -con quien se le confunde continuamente por la similitud de sus nombres-, Fortuny Madrazo se desarrolló en el campo de la pintura exponiendo en diversas ocasiones. De hecho, su Autorretrato de 1947 junto con otras muchas pinturas se conservan hoy en el Museo del Prado.

Famoso por su vestido plisado de seda que replicó con detalle la túnica de la Auriga de Delfos, una escultura de bronce del año 474 a. C, el modista jamás abandonó la pintura, el principal medio de expresión de su vasta creatividad.

Fortuny Madrazo preparaba sus propias temperas con técnicas aprendidas en Italia: usaba colores al temple diluidos en agua con aglutinante para asegurar la fijación. Este español fue un artista en todo el sentido de la palabra.

4. Vestidos icónicos inspirados en obras de arte

En 1965, el joven diseñador francés Yves Saint Laurent (1936- 2008) revolucionó toda la industria de la moda con un vestido inspirado en la obra Composición II en rojo, azul y amarillo del pintor holandés Piet Mondrian (1872-1944).

Fascinado por el arte y en especial por la corriente vanguardista de la Abstracción geométrica, Yves Saint Laurent dio vida al vestido Mondrian: un vestido de cóctel recto con cuello redondo y sin mangas. La prenda recreó el patrón geométrico de la pintura, con sus colores rojo, azul y amarillo enmarcandos en cuadros de borde negro de gran grosor.

El vestido Mondrian y la Composición II en rojo, azul y amarillo

Este vestido brilló por la simpleza de su estampado y de su forma, misma simpleza conceptual del lenguaje plástico desarrollado por el pintor holandés. Efectivamente, con su Neoplasticismo Piet Mondrian aspiraba alcanzar lo esencial de la vida, mostrando como armonía estética abstracta la sublimación del espíritu humano.

A partir de su aparición en las revistas Vogue y Life, el vestido se volvió un auténtico icono, dando paso al posterior nacimiento del movimiento Mod.

5. Colaboraciones entre artistas y modistas

El vestido Langosta de Schiaparelli y Dalí

Cuando se habla del Surrealismo se tiende a pensar solo en las pinturas, pero en realidad esta fue una corriente artística vanguardista tan revolucionaria que abarcó todas las artes, desde la literatura, la escultura, el cine y la música, hasta la misma moda.

En efecto, uno de los trajes más icónicos del surrealismo fue el Vestido Langosta nacido de la colaboración entre Elsa Schiaparelli (1890 –1973) y el célebre Salvador Dalí (1904-1989).

Intrépidos y extravagantes, ambos compartían una profunda admiración por el arte del otro, una admiración que originó un exquisito vestido de noche de seda blanca confeccionado por Schiaparelli con una enorme langosta pintada en la entrepierna por Dalí, como representación de la sexualidad. La langosta fue un tema recurrente en Dalí, a quien le fascinaba el contraste entre la pulpa suave del crustáceo y su caparazón duro.

El vestido debutó con la duquesa de Windsor justo antes de su matrimonio en 1937.

6. Colecciones de moda inspiradas en estilos de arte

Colección otoño-invierno de 2014 de Dolce&Gabbana de inspiración bizantina

En su colección otoño-invierno de 2014, Dolce & Gabbana dejó toda su creatividad fluir en una colección de trajes inspirados en el arte bizantino. Siendo originarios de Sicilia, los modistas decidieron crear una serie entera en la que el dorado aparece como motivo estelar. 

Tomando referencias de la catedral de Monreale de Palermo, uno de las construcciones románicas más importantes de la arquitectura normanda de lo siglos XI-XII, se dispusieron a recrear las escenas bíblicas en los vestidos femeninos de la colección, haciendo especial énfasis en los mosaicos, técnica medieval que se usaba para decorar los muros de las iglesias.

Colección otoño-invierno de 2014 de Dolce&Gabbana de inspiración bizantina

Para crear los accesorios, se eligió como musa a Santa Agueda, una mártir quemada viva en el año 252 que, debido a su sacrificio, fue convertida en patrona de Catania. Según los diseñadores, se trató de capturar su esencia de mujer fuerte y valiente y de traspasarla a bustiers y bolsos. De igual manera, su corona y las piedras preciosas que la adornan a lo largo de la iconografía religiosa, fueron recreadas para las prendas de la pasarela.

La intención detrás de toda esta producción fue crear un paralelismo entre el arte del mosaico y el arte de la costura, demostrando que el recorrido creativo y de elaboración implican la misma dedicación y paciencia y que, por ello, deben ser valoradas de igual forma. Es una reivindicación del papel de la moda como arte.