Entrada de la exposición Motor de Igualdad en el Espacio Cultural Ortega-Marañón.

Por Giulia SAFON ROVATI @lia_rovati

El Espacio Cultural Ortega-Marañón acoge la exposición ‘Motor de igualdad. La Residencia de Señoritas (1915-1936)’, una apuesta para dar a conocer la primera Residencia para estudiantes femeninas a principios del siglo XX. Del 30 de enero al 1 de julio de 2023, todos los visitantes podrán disfrutar de un recorrido histórico por la institución que, en manos de María de Maeztu, cimentó las bases para la emancipación femenina en España.

Bajo el patrocinio de la Fundación Ortega y Gasset-Gregorio Marañón, nace esta exposición  que reivindica el valor de la Residencia de Señoritas en la sociedad pre-franquista, testigo de una época en la que el deseo de progreso también incluía a las mujeres, quienes se incorporaban por primera vez en la educación superior.

Comisariada por Margarita Márquez Padorno y Federico Buyolo García, esta muestra proporciona las claves para comprender la enorme repercusión social que tuvo la Residencia de Señoritas fundada hace más de cien años en la calle Fortuny 53 de Madrid.

A lo largo de once secciones, esa Edad de Plata fascinante, que el fascismo se encargó de destruir, vuelve a la vida de la mano de Olympia Argüelles, un personaje ficticio que por medio de un podcast dramatizado narra sus aventuras en la Residencia, encarnando la vida de una muchacha que anhela convertirse en historiadora.

Travesía histórica 

Cuando el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes decidió poner en marcha en 1907 la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, surgió la idea de crear una institución libre de enseñanza para jóvenes de toda España. Con sede en la capital, en 1910 se fundó la Residencia de Estudiantes, una iniciativa solo para hombres. 

Cinco años más tarde y con el espacio abarrotado, la Junta decidió mudar dicha Residencia a un espacio más grande —desde los hoteles de la Calle Fortuny hasta un nuevo complejo en los Altos del Hipódromo—, dejando vacíos los antiguos edificios.

Fue en ese momento en el que, aprobado el decreto de acceso femenino a la instrucción universitaria sin trabas legales, la pedagoga María de Maeztu (1881-1948) comenzó a idear un proyecto revolucionario que contó con el apoyo de grandes mentes como la de Ramón y Cajal y Ortega y Gasset.Este proyecto consistía en rehabilitar el espacio desocupado por los estudiantes masculinos para fundar una nueva Residencia que fuera exclusivamente para mujeres. Bajo la inspiración de las Residencias femeninas estadounidenses, en 1915 nació la Residencia de Señoritas de Madrid, que con el pasar de los años, se expandió desde la calle Fortuny 53 hasta la calle Miguel Ángel 8, donde se construyó el pabellón Arniches, lugar en el que se realiza la actual muestra.

Mapa orientativo de la Residencia de Señoritas, antiguo palacete de la Residencia de Estudiantes masculinos.

El centro prometía ser un hogar para la cultura de jovencitas españolas de buena familia que desearan volverse grandes intelectuales.

Horario de una de las alumnas de la institución.

En la exposición, horarios repletos de clases y actividades extraescolares cubren los tableros informativos. Quien entra a la muestra comprende de inmediato que la Residencia de Señoritas no pretendía ser solo un alojamiento más, sino la cuna del progreso femenino en España.

Una de las habitaciones de la Residencia de Señoritas.

Un espacio específicamente acondicionado con una mesa de la época hace ver lo disciplinadas que tenían que ser las estudiantes admitidas, pues debían encargarse del mantenimiento de sus habitaciones y de intercalar entre sus clases actividades de ocio y de etiqueta que las formaran de manera integral.

Carta de una alumna a María Maeztu para solicitarle un cambio de clases de lengua. Llamativa la manera de dirigirse a su directora: le dice «María», con trato cercano.

Cada joven tenía una planificación diaria personalizada acordada con la directora María de Maeztu desde el inicio de su estancia. Maeztu, por su parte, consideraba esencial relacionarse directamente con sus casi doscientas primeras alumnas; prueba de ello es la correspondencia entre la directora y sus estudiantes que se exhibe en láminas que el público puede examinar también con el tacto.

Algunas de ellas eran estadounidenses que habían llegado gracias a las becas de intercambio pactadas con el Smith College; sin embargo, la mayoría de las estudiantes eran españolas que soñaban con ganar una de esas becas y, al contrario de sus compañeras extranjeras, poder conocer América por primera vez.

Los lazos con Estados Unidos no eran pocos. Algunos de los profesores, de hecho, eran originarios de aquella nación «más allá del Atlántico», como la doctora del MIT, Mary Louise Foster, quien se encargaba del laboratorio, uno de los espacios más vanguardistas de todo el país, como se hace notar en una de las fotografías principales de la exposición.

Junto al laboratorio, la biblioteca era protagonista. Cada uno de los libros que la componían había sido cuidadosamente seleccionado con el fin de incitar ideas progresistas en las más jóvenes. Ideas que también emergían de las discusiones que se tenían con invitados de élite a las 5 y media de la tarde, cuando la hora del té brindaba la ocasión perfecta para oír los discursos de intelectuales como Victoria Ocampo, Maria Montessori y hasta Marie Curie.

El laboratorio vanguardista de la Residencia.
La cuidada biblioteca para Señoritas.
Mobiliario de inicios del siglo XX usado durante la hora del té.

Un sofá de la época, elegido especialmente para la muestra, hace volar la imaginación. «¿Cómo me hubiese sentido yo compartiendo galletitas con una física y química premio Nobel como Curie?», los visitantes pueden llegar a preguntarse. Y, al seguir el relato del podcast creado para la exhibición, existe la posibilidad de incluso palpar la emoción de un momento como ese.

Fomentar las dinámicas del Lyceum —traído por Carmen Baroja a suelo español copiando el modelo londinense— era una de las misiones principales de la Residencia, a pesar de que muchos se oponían a la existencia de espacios de intercambio cultural para mujeres. Ante las críticas y los sobrenombres despectivos, la institución se consolidaba. Aquellas «maridas, excéntricas y desequilibradas» eran conscientes de la fuerza que tenían en una sociedad que no se interesaba en atender las inquietudes de las mujeres.

A ninguna de sus principales propulsoras se le quebró la voz cuando el Nobel de Literatura de 1922, Jacinto Benavente, las llamó «tontas y locas». María de Maeztu, Isabel Oyarzábal, Victoria Kent y Zenobia Camprubí sabían muy bien que estaban en lo correcto al apoyar la causa feminista, aunque vivieran en tiempos convulsos.

Residentes recorriendo el Guadalquivir en barco para zarpar hacia Marruecos, marzo de 1932.

El epílogo de la muestra está dedicado a los últimos años de la Residencia. Fotografías de jóvenes sonrientes se suceden en el lateral derecho de la galería. Chicas jugando tenis, sobre un trineo en medio de un día nevado o sobre un barco con rumbo a Marruecos durante sus vacaciones contagian de alegría al público y hacen reflexionar sobre la relevancia educativa que tuvo un espacio como ese, y que tristemente se perdió cuando la Residencia fue clausurada en 1936 con el inicio de la Guerra Civil en 1936.

Nunca más volvió a existir una Residencia de Señoritas en los años posteriores, pues la dictadura de Franco anuló todos los avances conseguidos en materia de derechos de las mujeres. No obstante, la semilla había sido sembrada, y después de unas décadas, nuevas generaciones trataron de recuperar la memoria de lo que había llegado a ser un refugio en medio de la tormenta.

Parte de esa recuperación es la misma exposición. Visitarla es mantener viva la esperanza de aquellas muchachas que deseaban poder vivir libremente.

Vanguardista y visionaria, la Residencia de Señoritas es un símbolo de la historia de la educación española. Como apuesta formativa ofrecida exclusivamente para mujeres, la Residencia de Señoritas impulsó el progreso de toda lasociedad teniendo la audacia de creer en un cambio real para todos.

María de Maeztu (1881-1948): la gran pedagoga

María de Maeztu graduada en Filosofía y Letras.

De espíritu valiente y activo, María de Maeztu se comprometió desde joven con la causa feminista.

Graduada en Filosofía y Letras, dedicó su vida a desarrollar una labor pedagógica dirigida a otras mujeres, pues creía que, por medio de la educación, lograría no solo conseguir la independencia femenina, sino también el progreso de toda la sociedad española. 

«Soy feminista; me avergonzaría no serlo, porque creo que toda mujer que piensa debe sentir el deseo de colaborar como persona, en la obra total de la cultura humana», afirmaba en un artículo titulado Lo único que pedimos de la revista La Mujer Moderna, señalando el derecho de cada mujer, pero también deber, de colaborar en la evolución de su comunidad.

María de Maeztu defendió sus convicciones hasta el final, incluso cuando le negaron la obtención del título de Derecho tan solo por su género; se esforzó hasta merecerlo, y lo obtuvo. En efecto, en la primavera de 1919, recibió su tan anhelado título honorario de Derecho en el Smith College de Massachusetts, demostrando la perseverancia de su férreo carácter.

La coherencia entre sus palabras y sus acciones siempre fue admirable. Defensora del derecho de voto femenino y del divorcio, Maeztu demostró ser un auténtico Motor de Igualdad.

Datos útiles

Lugar: Fundación Ortega-Marañón

Dirección: Calle de Fortuny, 53, 28010 Madrid

Web: https://ortegaygasset.edu/exposiciones/

Fechas: Del 30 de enero de 2023 al 1 de julio de 2023 

Transporte:

  • Metro: Gregorio Marañon (L7, L10), Rubén Darío (L5)
  • Autobús: 5, 7, 14, 16, 27, 40, 45, 61, 147, 150, N1, N22, N24

Precio: Entrada gratuita

Horarios:

  • Lunes a viernes: De 11:00h a 14:00h y de 17:00h a 20:00h.
  • Sábado: 11:00 a 14:00h  
  • Domingo: Cerrado

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