Por Alicia Bustos Moreno // X: @aliciabm_18

El Museo Nacional del Prado, en Madrid, presenta la primera gran retrospectiva dedicada al pintor valenciano Antonio Muñoz Degrain. Esta decena de obras expuestas dan fe de la diversidad temática, el virtuosismo técnico y la estética personal de artista, que integra la luz de una manera innovadora y moderna.

El Museo Nacional del Prado continúa su labor de recuperación y puesta en valor de sus extensas colecciones del siglo XIX. Desde el 30 de junio de 2025, pocos meses después de que se cumpliese el centenario de su muerte, puede visitarse esta colección de arte. Comisariada por Javier Barón, esta selección de obras se encuentra en la sala 60 del Edificio Villanueva hasta el próximo 11 de enero de 2026. La exposición, compuesta por una decena de pinturas —cinco de ellas restauradas recientemente—, muestra a una de las figuras más originales del arte español del siglo XIX. Junto a ellas, en una vitrina, se expone su discurso de ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en 1899, que dedicó a la “sinceridad en el arte”. También se exhibe una fotografía en blanco y negro de una de sus obras más emblemáticas: Los amantes de Teruel

Una vida dedicada a la pintura

Nacido en Valencia el 18 de noviembre de 1840, Antonio Muñoz Degrain, de ascendencia francesa e hijo de un relojero, abandonó los estudios de Arquitectura para formarse en la Academia de Bellas Artes de San Carlos. Desde 1862 participó asiduamente en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes, consolidando así su carrera.

En 1870 se trasladó a Málaga para decorar el Teatro Cervantes, ciudad que adoptó como propia y donde llegó a ser nombrado profesor en San Telmo en 1879. Se convirtió en maestro de toda una generación de artistas, entre ellos el jovencísimo Pablo Picasso, quien le mostraría siempre su afecto y respeto.

Su obra Otelo y Desdémona en 1881 (Museo do Chiado, Lisboa), le propició una pensión del Gobierno para hacer por fin el deseado viaje a Italia, donde creó su gran cuadro Los amantes de Teruel,1884. Ya en su vejez hizo importantes donaciones de obras suyas a los museos de Valencia y Málaga, dos de sus ciudades más queridas, así como 19 cuadros sobre temas del Quijote a la Biblioteca Nacional de Madrid. Falleció en Málaga el 12 de octubre de 1924.

Un lenguaje pictórico tan propio como inconfundible

Moderno frente a sus contemporáneos, Muñoz Degrain destacó por su personalísima interpretación de la naturaleza, abordada en sus inicios desde planteamientos realistas. Con el tiempo, esa mirada se transformó por completo bajo el tamiz de una desbordante fantasía y una visión exaltada del color. Su pintura se caracteriza por la fluidez y riqueza plástica de su técnica, vehemente y arrebatada, y por la intensidad expresiva de los valores puramente pictóricos, situados por encima de cualquier intención verista.

Paisaje del Pardo al disiparse la niebla, 1866

Una de las obras más reconocidas de Muñoz Degrain y el centro de esta exposición en el Museo del Prado es Paisaje del Pardo al disiparse la niebla (1866). El artista demuestra su sentido del espectáculo visual, interpretando con una intensidad dramática de innegable atractivo la impresión de la luz en los elementos atmosféricos. Puede apreciarse en las densas masas de nubes que cubren el cielo, blancas y luminosas en las lejanías, plomizas y amenazantes las que bajan cubriendo la arboleda por el extremo derecho. También se observa su sentido escenográfico de la naturaleza, al estructurar todo el paisaje en torno al gran árbol que centra la panorámica, marcando el eje de su composición. Destaca la visión exaltada del color del pintor, propia de su escuela, pero que es extrema como en el azul intenso de las montañas o en las gamas de verdes de la frondosa vegetación.

El artista obtuvo un galardón gracias a esta pintura, la medalla de segunda clase en la Exposición Nacional de 1866. Muñoz Degrain muestra un lenguaje propio e inquietudes estéticas enteramente personales y bien distintas a la nueva concepción realista que tenían los paisajistas españoles en aquella época. Dejó su propio sello de identidad y un estilo característico, lo que le sirvió para inspirar a numerosos compañeros de profesión.  

Un paisajista sin fronteras

El recorrido de la exposición inicia con las primeras obras de paisajes del artista valenciano, donde la naturaleza es la protagonista absoluta. En Recuerdos de Granada (1881) muestra total libertad en el tratamiento del paisaje. Representa uno de los rincones más pintorescos de Granada, con el río Darro a los pies de la Alhambra. El lugar se ve transformado por la fantasía del artista, que lo recrea envuelto en un halo de melancolía y sugiere el efecto atmosférico de una desapacible tarde de tormenta, con el cielo cargado de nubes y calles desiertas. 

Recuerdos de Granada, 1881

El pintor se caracteriza por su captación sensible del entorno que conjuga con una pincelada moderna y gestual. Deja atrás la impresión realista del paisaje para emplear un enfoque subjetivo y evocador, donde la imaginación se funde con la realidad. Su audacia cromática revela la constante exploración de los límites del paisaje que le caracterizó, según su visión renovadora de la pintura.

La huella de sus viajes en la temática

Muñoz Degrain visitó numerosos lugares a lo largo de su vida, lo que le permitió ampliar sus fronteras artísticas y no limitarse a un único tema. La fascinación del artista por el exotismo norteafricano quedó reflejada en Los escuchas marroquíes (1879). Fue fruto de un viaje a Tanger y ejemplifica su interés por los temas bélicos en aquellos escenarios.

Asimismo le fascinaba la religión —la Antigüedad y el Nuevo Testamento—. Jesús en el Tiberíades (1909) muestra una personal visión de un paisaje evangélico, priorizando la atmósfera sobre la iconografía. El formato panorámico utilizado otorga protagonismo al lago crepuscular y al paisaje. La muchedumbre apenas esbozada y la singular figura de Jesús revelan un enfoque simbolista y la preeminencia de los valores pictóricos. 

Jesús en el Tiberíades, 1909

Igualmente se interesó en la historia y la literatura, como se puede observar en Antes de la boda (1882). En esta representación de Isabel de Segura revela la influencia veneciana en el vibrante colorido y la pincelada suelta; es evidente en los tapices, de factura rápida y empastada. La expresión de la joven, su vestimenta nupcial y los objetos anticipan el desenlace del drama. 

Antes de la boda, 1882

Con esta exposición, el Museo Nacional del Prado devuelve a Antonio Muñoz Degrain la voz que con el tiempo había perdido. Supone la recuperación de un artista que es clave para comprender la evolución de la pintura española del siglo XIX. Su dominio del color, su independencia estética y su imaginación desbordante lo convierten en una figura destacable, que a día de hoy sigue impresionando a quienes observan sus obras. Este homenaje al artista es necesario por su expresión artística tan libre como distintiva y es una oportunidad única para descubrir su arte.

Datos útiles: 

  • Lugar: Museo Nacional del Prado
  • Dirección: Paseo del Prado, s/n, 28014 Madrid
  • Web: www.museodelprado.es   
  • Fechas: 30 junio 2025 al 11 enero 2026
  • Transporte
  • Metro:  Banco de España (Línea 2) o Atocha (Línea 1)
  • Autobuses: 9, 10, 14, 19, 27, 34, 37 y 45
  • Cercanías Renfe: Estación Madrid-Puerta de Atocha
  • Bicicletas: Estaciones BiciMAD cercanas en el Paseo del Prado
  • Precio: Entrada general 15€ y gratis para estudiantes (consultar otras condiciones en la web)
  • Horarios: Lunes a sábado de 10:00 a 20:00 h; domingos y festivos de 10:00 a 19:00 h