El ganador de PHotoESPAÑA 2025 se ha consolidado como un referente en el uso de programas generativos para crear obras audiovisuales que invitan al público a cuestionar la realidad que le rodea.
Por Andrea Hermida Araújo
La irrupción de la Inteligencia Artificial, así como de los software generativos en la cultura visual contemporánea, ha creado un debate general sobre el papel que juegan en la creatividad y autenticidad de las obras. En este escenario de incertidumbre, el artista audiovisual Iván Puñal García ofrece un espacio en el que convergen el algoritmo y el ingenio humano.

Iván Puñal García (1975, Madrid) es licenciado en Arquitectura Técnica y acumula más de dos décadas de experiencia en el ámbito de la postproducción y el motion design. Esa trayectoria ha orientado su práctica artística hacia un territorio híbrido, situado entre los nuevos medios y los sistemas generativos. Desde su plataforma «Una Visión Agradable», desarrolla proyectos que investigan cómo los algoritmos pueden dar lugar a lenguajes visuales no lineales, marcados por la experimentación y la transformación constante.
Entre sus trabajos más reconocidos destacan “We love plastic” (2023), presentado en el festival Circulation(s) de París, y “Through the Glass” (2025), obra con la que fue galardonado en PHotoESPAÑA. Precisamente en la capital francesa, Puñal dejó perplejos a los asistentes al introducir su pieza con una afirmación que descolocó a la prensa: “Lo que estáis viendo no es una persona, es una mentira. Es una imagen que no existe; es un algoritmo interpretando unos datos”. Aquella frase no solo funcionó como carta de presentación, sino que obligó a replantear el enfoque de las preguntas en un momento en el que el arte generativo todavía no tenía la proyección pública que posee hoy.


Proceso creativo
Aunque sus piezas puedan compartir espacio con la fotografía tradicional en una galería, rompen las fronteras convencionales al ser fruto del “accidente feliz”. Para Iván Puñal, el error que puede producir una máquina resulta un elemento de interés que no busca limitar, pero sí gestionar bajo un control estricto: “Si no, termina siendo todo igual”, advierte.

Para el autor, el proceso creativo parte de la configuración de “un escenario, como si fuese un cuadro en el que la superficie es líquida; tú mueves el cuadro, pero no sabes exactamente qué va a suceder». Ese componente aleatorio y caótico es el rasgo que más le interesa de los algoritmos generados automáticamente. Sin embargo, la ejecución de este concepto supone un desafío técnico complejo; la implementación de sistemas que operen en tiempo real de forma ininterrumpida requiere una inversión considerable en hardware de alta computación. A pesar de estas barreras, Puñal se encuentra actualmente cada vez más cerca de alcanzar la autonomía técnica necesaria para consolidar este modelo de obra viva.
Inteligencia Artificial y autoría
Más allá de su producción artística, el creador responde a las dudas que suscita este fenómeno de la generación de arte mediante sistemas procedimentales. Para Puñal, la IA actúa como un “pseudo-compañero”, dado que el núcleo de cada obra mantiene una intención humana; es él quien diseña íntegramente el algoritmo y el flujo de nodos. En sus trabajos, «la IA no suele sobrepasar un 15% o 20% de lo que hago al final; el resto es postproducción y sistemas generativos en tiempo real», explica. Bajo esta premisa, el artista no se reconoce como autor de una imagen fugaz y aislada, sino del sistema de reglas que permite que dicha imagen exista.

Esta redefinición de la autoría conecta con la máxima de Pablo Picasso a la que él mismo se refiere: «Los buenos artistas copian, los grandes artistas roban». Sin embargo, Puñal actualiza este concepto al matizar que el conflicto no reside en la influencia visual, sino en la propiedad de los datos: “El problema no es la copia, es la instrumentalización corporativa que se hace de esa copia para un beneficio económico propio”.
Finalidad y relación con el público
Su práctica busca la trascendencia de lo efímero, desdibujando las fronteras entre lo real y lo sintético para conducir al público hacia un cuestionamiento sobre su propia libertad: “Buscaba generar un elemento disruptivo: poner a gente a mirar pantallas en las que están viendo una cosa que no es un ser humano, pero que lo parece”.

Este planteamiento se materializa en su propuesta para el festival, donde la tecnología actúa como un espejo de la condición humana. Como el propio Puñal afirma, “mi trabajo en PHotoESPAÑA es un ejercicio de cuestionamiento: ¿Qué capacidad tienes tú de decidir cómo va a ser tu vida frente a lo que dicta tu código genético o tu entorno?”. Esta reflexión nace de su propio vínculo con la tecnología: “A mí esa confrontación con la máquina me abre un mundo de posibilidades a la hora de decir: vale, ¿qué va a suceder cuando yo hable con esta máquina y no distinga si esto es una máquina o no?». Ante esta incertidumbre, la clave reside en la presencialidad. La obra no es un archivo digital reproducible, sino un acontecimiento físico: “Me interesa la obra efímera porque obliga al público a estar presente; es una experiencia que un algoritmo no puede replicar en casa”.
Una visión de futuro
La visión de Iván Puñal García sugiere un futuro mucho menos apocalíptico de lo que ocupa habitualmente el debate público. Para el artista, la esencia de la creación permanece inalterable ante el avance tecnológico: “El arte nunca va a perecer. El arte seguirá estando, da igual que vaya a haber una máquina o no».
En lugar de una sustitución, Puñal anticipa una expansión de los límites creativos y de las figuras profesionales: “Pueden darse mil casos, podemos estar en un escenario en que haya distintos tipos de artistas que antes no existían, gente que se dedica a trabajar con diversas artes a través del algoritmo”. Esta transición, aunque incierta, se presenta como una oportunidad para explorar lenguajes desconocidos, concluyendo que “a lo mejor este es un escenario de donde viene algo completamente diferente, porque es verdad que la IA es bastante disruptora”.

